El incendio afectó a alrededor de 34.000 hectáreas en la Comunidad de Madrid y obligó a evacuar o confinar a más de 55.000 personas en varios municipios de la Sierra Oeste, entre ellos Pelayos de la Presa, que estuvo confinado durante los días de mayor virulencia del fuego. Las llamas alcanzaron el terreno que circunda el enclave monástico, pero no llegaron al propio edificio, según las citadas fuentes autonómicas.
Tras el paso del fuego, el personal del monumento se dedicó a labores de limpieza centradas principalmente en retirar la ceniza depositada sobre la piedra y las distintas dependencias del conjunto. La fundación ha compartido imágenes tanto de esas tareas como del paisaje calcinado que rodea el monasterio, al que se ha referido como el recuerdo de un incendio que califica de «espantoso» y que ha dejado daños a numerosos vecinos de la comarca.
Frente a las imágenes de vegetación quemada, los responsables del monasterio han querido poner el foco en un detalle simbólico: dos pequeñas marcas de cantería que aún pueden verse en el exterior del ábside. Se trata de las firmas de dos canteros que trabajaron en la construcción del templo hace aproximadamente siete siglos, y que la fundación presenta ahora como testimonio de la resistencia del edificio frente al paso del tiempo y, esta vez, frente al fuego. «Nuestro Monasterio sigue en pie, y lo mejor que podéis hacer es venir a visitarnos para mantenerlo vivo», señaló la fundación.
Ocho siglos de historia y otro gran incendio en 1743
El Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias constituye la principal fundación monástica de la Orden del Císter que se conserva en la Comunidad de Madrid. Su origen se remonta al siglo XII y la construcción del templo se inició hacia 1180, si bien el edificio que ha llegado hasta hoy es el resultado de sucesivas etapas constructivas que se prolongaron hasta el siglo XVIII.
La relación del monasterio con el fuego no es nueva. En 1743 un incendio de gran magnitud afectó a numerosas dependencias del complejo, en lo que constituye el precedente histórico más directo del episodio vivido este mes de agosto. A ese siniestro se sumaron después el saqueo durante la ocupación de las tropas napoleónicas, a comienzos del siglo XIX, y las consecuencias de la desamortización eclesiástica de mediados de esa misma centuria, que alteró de forma decisiva el uso y la propiedad de buena parte del patrimonio monástico español.
La declaración como Bien de Interés Cultural, la máxima figura de protección que contempla la legislación española de patrimonio histórico, obliga a las administraciones a garantizar la conservación del inmueble y a autorizar cualquier intervención sobre él. El conjunto, de propiedad y gestión vinculadas a la fundación que lo administra, es uno de los principales referentes patrimoniales de Pelayos de la Presa y de toda la comarca.
Reapertura en fines de semana y recuperación pendiente
El monasterio ha retomado su actividad para visitantes los sábados y domingos, en horario de 10 a 15 horas, con visitas guiadas a las 11 horas para las que es necesario reservar plaza previamente a través del correo electrónico habilitado por la fundación (visitas@monasteriodepelayos.com).
La reapertura llega en un momento en el que la Sierra Oeste madrileña comienza a afrontar la fase de recuperación tras el que ha sido el peor incendio registrado en la Comunidad de Madrid. La Consejería de Cultura, Turismo y Deporte no ha anunciado por el momento actuaciones específicas de restauración vinculadas al incendio, más allá de la limpieza ya realizada, dado que la estructura no ha resultado dañada.
La reapertura del monumento tiene también un valor simbólico para una comarca que ha vivido días de fuerte tensión por el confinamiento de miles de vecinos y la incertidumbre sobre el alcance de los daños. Para la comunidad local, la vuelta de las visitas supone un primer paso en la normalización de la vida cotidiana y en el sostenimiento económico del propio conjunto histórico, que la fundación vincula de forma explícita a la afluencia de público.
En las próximas semanas corresponderá a la Comunidad de Madrid detallar el balance del incendio, tanto en superficie afectada como en daños a infraestructuras y viviendas. La evolución de la vegetación calcinada en el entorno del monasterio y el seguimiento de riesgos asociados, como la erosión del terreno, quedan pendientes del trabajo de los servicios forestales autonómicos en los próximos meses.


