El general sitúa el origen de la crisis en una estrategia deliberada de Marruecos para forzar concesiones políticas aprovechando momentos de debilidad institucional. Según su relato, la entrada de personas a la ciudad autónoma no respondió a un flujo migratorio espontáneo, sino a una decisión de las autoridades marroquíes de relajar los controles fronterizos como forma de presión diplomática.
Coll es categórico al describir los hechos. "Estamos ante una invasión en toda regla. Ceuta fue invadida violentamente. Marruecos rompió el respeto mínimo y los acuerdos de buena vecindad que tenía con España", sostiene. Para el general, reducir lo sucedido a una crisis migratoria rutinaria equivale a ignorar su dimensión estratégica.
El concepto de guerra híbrida, que Coll invoca de forma reiterada, describe el uso combinado de instrumentos no estrictamente militares —ciberataques, desinformación, presión económica o flujos migratorios— para desgastar a un adversario sin llegar a un enfrentamiento armado convencional. Es un marco doctrinal empleado habitualmente por la OTAN y los ministerios de Defensa europeos para analizar amenazas que no encajan en los esquemas bélicos tradicionales.
"Hay muchas formas de hacer una guerra híbrida y no todas tienen que ser militares. En este caso se ha utilizado la inmigración ilegal como instrumento de presión. Lo que ocurrió en Ceuta fue una operación que tuvo una dimensión claramente estratégica", afirma Fulgencio Coll, exjefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra.
El exmilitar insiste en que Marruecos actúa de forma oportunista cada vez que detecta fragilidad en la posición española. "Marruecos aprovecha siempre los momentos de fragilidad para avanzar. Y eso es algo que debemos tener muy presente. Cuando las instituciones españolas no muestran firmeza, Marruecos encuentra un espacio para avanzar en sus intereses", señala.
El precedente de la crisis de Perejil
Para ilustrar lo que considera una respuesta adecuada frente a Marruecos, Coll recupera la crisis del islote de Perejil de 2002, cuando un contingente marroquí ocupó el peñón deshabitado frente a la costa ceutí y el Gobierno de José María Aznar ordenó una operación militar para desalojarlo. "Hay que recordar la crisis de Perejil. Solo en aquella ocasión hubo una respuesta seria. El Gobierno de José María Aznar dejó una posición política seria de Exteriores", sostiene.
La comparación le sirve para marcar la diferencia con la situación actual. Según Coll, mientras en 2002 España reaccionó con una demostración de firmeza que derivó en una mediación internacional y la retirada marroquí, la gestión de la crisis migratoria en Ceuta habría carecido de esa contundencia. "La diferencia está precisamente en la firmeza de la posición política. En Perejil hubo una respuesta seria. En cambio, ahora considero que Marruecos ha aprovechado la debilidad y España ha mirado a otro lado", afirma.
Ceuta y Melilla, las dos ciudades autónomas españolas en el norte de África, han sido históricamente puntos de fricción en la relación bilateral con Rabat, que reclama su soberanía sobre ambos territorios. Las vallas fronterizas y los dispositivos de control migratorio en torno a estos enclaves han sido objeto de sucesivas crisis diplomáticas, en las que Marruecos ha sido señalado en ocasiones anteriores por utilizar la gestión de sus fronteras como palanca de negociación con Madrid y Bruselas, especialmente en materia de fondos europeos y cooperación migratoria.
El reproche al Gobierno español
Coll no limita su crítica a Rabat. El general reprocha al Ejecutivo español una falta de reacción que, a su juicio, resulta tan determinante como la propia acción marroquí. "Estoy diciendo que ha faltado una respuesta seria. Cuando existe una operación planificada y dirigida y la respuesta de España no está a la altura, el problema no es solamente lo que hace Marruecos, sino también cómo responde España", sostiene.
El exjefe del Estado Mayor concluye que la pasividad institucional envía una señal que, según su lectura, invita a Marruecos a repetir este tipo de episodios de presión. La gestión de la frontera sur y la relación con Rabat han sido materia de debate recurrente en España, con episodios como el de Ceuta en mayo de 2021, cuando miles de personas cruzaron la frontera en pocas horas tras la relajación temporal de los controles marroquíes, en un contexto de tensión diplomática por la acogida en suelo español del entonces líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.
El uso de los flujos migratorios como instrumento de presión estatal se ha convertido en un fenómeno recurrente en distintos escenarios, de forma análoga a cómo los movimientos militares en la península coreana —reflejados en las alertas de Corea del Sur y Japón por un posible misil balístico norcoreano— son leídos por analistas y exmandos como señales de intención estratégica.
"Que Marruecos utilizó la inmigración ilegal como una herramienta de guerra híbrida y que España no respondió con la firmeza que debía. Hay una operación planificada y dirigida y España ha mirado a otro lado", resume Coll al ser preguntado por su principal acusación.


