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Laura Moreno abandona la Secretaría de Organización de Sumar sin esperar a la asamblea

La dirigente formalizó su renuncia el 2 de junio tras comunicarla a la ejecutiva el 25 de mayo. Fabio Cortese la sustituye de forma provisional.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Laura Moreno, secretaria de Organización de Sumar desde abril de 2024, presentó su dimisión ante el Grupo Coordinador —máximo órgano de dirección del partido— el pasado 25 de mayo y la hizo efectiva este lunes, 2 de junio, según confirmaron fuentes del partido a otro medio. Moreno regresa a su plaza de profesora de Lengua y Literatura en septiembre.

Una baja más en una ejecutiva mermada

La renuncia de Moreno no es un caso aislado en el historial reciente de Sumar. Desde su fundación formal, el partido ha encajado la salida de varios de sus cuadros de primer nivel: la eurodiputada María Eugenia Rodríguez Palop, el portavoz parlamentario Íñigo Errejón —cuya marcha estuvo acompañada de circunstancias especialmente turbias y desembocó en su procesamiento judicial por agresión sexual—, la escritora Elizabeth Duval y, de forma más simbólica, la propia Yolanda Díaz, que renunció a la coordinación orgánica del partido tras los comicios europeos de junio de 2024, aunque conserva un asiento en la dirección como 'invitada permanente'.

A ese listado se suma el diputado Carlos Martín, quien dejó la co-coordinación hace cerca de diez meses. El puesto sigue vacante, lo que ha dejado a Lara Hernández como única coordinadora general en funciones de forma ininterrumpida. El hecho de que dos vacancias de alta dirección —la co-coordinación y ahora la Secretaría de Organización— coexistan al mismo tiempo sin fecha de resolución dibuja un esquema de gobierno interno que la propia dirección reconoce como provisional, pendiente de que la asamblea lo regularice.

La Secretaría de Organización es, en la arquitectura interna de cualquier partido político español, el engranaje que gestiona la afiliación, la logística territorial y la relación con los órganos locales y autonómicos. Su ausencia no es inocua: en plena deliberación sobre el modelo de asamblea —consenso o pugna abierta entre corrientes—, perder a quien custodia el censo de militantes y los procedimientos internos añade incertidumbre a un proceso ya de por sí complejo.

Cortese como paracaídas orgánico

Para cubrir el vacío de forma inmediata, la dirección ha designado a Fabio Cortese, miembro de la ejecutiva y coordinador territorial de Sumar en Madrid. La fórmula es estrictamente interina: Cortese asumirá las tareas operativas de la Secretaría sin que se le atribuya el cargo de forma oficial hasta que la asamblea elija a quien deba ocuparlo de manera estable. Este tipo de cobertura provisional está contemplado de forma genérica en los estatutos de las formaciones políticas registradas ante el Ministerio del Interior, que exigen que los órganos directivos no queden acéfalos pero permiten delegaciones temporales mientras no se vulneren los plazos máximos fijados por los propios reglamentos internos.

Cortese es un cuadro con perfil más técnico que mediático dentro del espacio de Sumar, lo que, según fuentes del partido, lo sitúa en una posición menos comprometida de cara a los posibles equilibrios de poder que se dirimirán en la tercera asamblea. Su designación, en ese sentido, tiene también una lectura política: no refuerza de manera explícita a ninguna de las dos corrientes que, según el propio partido, podrían medir fuerzas en ese cónclave.

La versión oficial y el derecho de réplica

La portavoz parlamentaria de Sumar, Verónica Martínez Barbero, salió al paso de la información —— en los micrófonos de Radio Nacional de España. Su mensaje fue de normalización: Moreno se marcha para incorporarse a la enseñanza, sigue siendo afiliada y la decisión merece «total y absoluto» respeto. La portavoz no añadió ningún elemento de autocrítica institucional ni aludió a la acumulación de vacantes en la dirección.

La ausencia de una carta de dimisión o de un comunicado propio —práctica habitual cuando la salida es estrictamente personal y no entraña discrepancia política— impide precisar si existen matices de fondo más allá de la razón laboral esgrimida por la dirección. El Hemiciclo intentó contactar con su entorno sin obtener respuesta.

La tercera asamblea: consenso o fractura

El telón de fondo de todo este proceso es la preparación de la tercera asamblea general de Sumar, cuya fecha aún no ha sido fijada. Las dos anteriores —la fundacional y la celebrada en abril de 2024, de la que surgió el mandato de Moreno— se desarrollaron bajo una lógica de unidad negociada, donde las distintas familias del espacio confluente (IU, Más Madrid, Comuns y el propio núcleo de Sumar) acordaron listas y documentos sin someterse a una votación abierta entre candidaturas enfrentadas.

Fuentes del partido reconocieron hace meses a este medio que ese modelo de consenso no está garantizado para la tercera edición. La hipótesis de trabajo que manejan es la de dos bloques: uno afín a la coordinadora Lara Hernández y otro vinculado al entorno de Martínez Barbero, quien no descartó en RNE presentar su candidatura, aunque condicionó la decisión a un proceso de deliberación colectiva. Si esa pugna se materializa, Sumar estaría ante su primera asamblea realmente competitiva, con todo lo que eso implica en términos de movilización de afiliados, acceso al censo y control de la logística organizativa.

Es precisamente en ese escenario donde la vacante en la Secretaría de Organización adquiere mayor relevancia política. Quien controla ese cargo tiene acceso directo al padrón de afiliados, gestiona las convocatorias y supervisa los procedimientos de votación. Que la secretaría quede en manos de un gestor provisional sin adscripción de corriente explícita puede leerse como una garantía de neutralidad, pero también como un vacío de autoridad en un momento en que ese recurso organizativo es estratégico.

Sumar en busca de hoja de ruta

Más allá de la dinámica interna, Sumar afronta el reto de redefinir su posición en el tablero parlamentario. La marcha de Yolanda Díaz como líder electoral —aunque conserve presencia en el Gabinete como ministra de Trabajo y vicepresidenta segunda— privó al partido de su principal activo de reconocimiento ciudadano. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el barómetro de abril de 2025 situaba a Sumar con un apoyo estimado en el entorno del 2-3% de intención de voto directa, cifra que contrasta con el 12,3% cosechado en las elecciones generales de julio de 2023, cuando concurrió en coalición amplia.

La hoja de ruta aprobada provisionalmente pasa por revalidar la alianza electoral con IU, Más Madrid y Comuns —los mismos socios de la coalición de 2023— y por mantener el respaldo parlamentario al Gobierno de Pedro Sánchez. Voces internas, según informó este medio, han planteado incluso la posibilidad de presentar unos Presupuestos Generales del Estado y convocar elecciones si son rechazados, lo que situaría a Sumar ante la disyuntiva de apoyar una maniobra de alto riesgo para el ejecutivo de coalición del que forma parte.

Qué ocurre a partir de ahora

El calendario inmediato tiene dos hitos concretos. El primero es la convocatoria formal de la tercera asamblea, que la dirección no ha datado públicamente pero que fuentes internas sitúan en el tramo final de 2025 o, como muy tarde, en el primer trimestre de 2026. El segundo es la decisión sobre la co-coordinación vacante: el partido ha señalado que ese cargo se cubrirá en la asamblea, lo que mantiene a Hernández como única responsable ejecutiva durante un periodo que acumula ya casi un año de interinidad.

La acumulación de vacantes —co-coordinación, secretaría de organización y la incógnita sobre la portavocía parlamentaria si Martínez Barbero da el salto orgánico— convierte los próximos meses en una prueba de resistencia institucional para una formación que surgió en 2022 como una plataforma de nuevo cuño destinada a superar las tensiones que habían fragmentado el espacio a la izquierda del PSOE. Si la asamblea no se convoca antes de que finalice el año, Sumar entrará en 2026 con sus principales órganos en situación provisional, un escenario que ningún partido en el arco democrático español ha gestionado durante tanto tiempo sin consecuencias electorales apreciables.

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