El acto de homenaje presidido por Grande-Marlaska a las 18:00 reunió en el patio de armas a más de cuatrocientos agentes de la Guardia Civil llegados de comandancias de toda Andalucía, así como a representantes de la Policía Nacional, la Armada y el Servicio de Vigilancia Aduanera. El ministro, visiblemente emocionado, leyó un discurso de ocho minutos en el que calificó a Germán y Jerónimo de «héroes del mar» y prometió que las conclusiones del expediente informativo abierto por Interior derivarán en una reforma profunda de los protocolos de persecución del Servicio Marítimo. Grande-Marlaska reveló que había hablado esa misma mañana con las viudas de ambos agentes y que les había trasladado el compromiso del Gobierno de que la investigación sería rigurosa, transparente y dotada de todas las garantías que merecen quienes arriesgaron la vida por defender la ley. La guardia de honor, compuesta por doce agentes del SERMAR que sirvieron junto a los fallecidos, permaneció inmóvil durante todo el acto mientras una trompeta interpretaba el toque de silencio que resonó en cada rincón del patio empedrado.
La misa funeral de la mañana, celebrada a las doce en punto en la iglesia de la Concepción, había congregado a más de seiscientas personas en un templo cuya capacidad se vio ampliamente desbordada. Las puertas laterales tuvieron que abrirse para que cientos de ciudadanos pudieran seguir la ceremonia desde la calle, donde el ayuntamiento había instalado una pantalla gigante. El arzobispo de Huelva ofició una homilía en la que pidió que el dolor no se transformara en rabia sino en el combustible de una reforma que garantice que ningún agente vuelva a ser enviado a alta mar sin los medios y el respaldo logístico que la misión requiere. Moreno, sentado en la primera fila junto a Montero, escuchó con la mandíbula apretada y los ojos vidriosos. Al terminar la misa, ambos dirigentes se acercaron a las familias y permanecieron varios minutos en conversación privada, un gesto que varios cronistas presentes calificaron como uno de los pocos momentos de auténtica humanidad bipartidista que la política española ha ofrecido en los últimos años.
El expediente abierto por Interior se centra en la cadena de decisiones que precedió a la persecución. La investigación también examina por qué las dos patrulleras operaron sin el sistema AIS de identificación automática activado, un dispositivo que habría permitido a cada embarcación conocer la posición exacta de la otra durante la maniobra de aproximación nocturna. La desactivación del AIS es una práctica habitual en operaciones antidroga para evitar que los narcotraficantes detecten la presencia policial, pero varias fuentes dentro del propio SERMAR reconocen que esta práctica incrementa exponencialmente el riesgo de colisión cuando operan varias unidades en la misma zona sin coordinación aérea.
La Asociación Unificada de Guardias Civiles ha aprovechado la jornada para reiterar su exigencia de una reforma integral del Servicio Marítimo. En un comunicado de once páginas distribuido a los medios esta mañana, la AUGC detalla un catálogo de carencias que incluye la obsolescencia de la flota, con patrulleras cuya edad media supera los veinticinco años, la falta de chalecos antibalas marinos homologados para operaciones de alta velocidad, la ausencia de un protocolo vinculante de coordinación interagencia con Salvamento Marítimo y la Armada, y la inexistencia de un sistema de comunicaciones seguras que funcione a más de cuarenta millas de la costa. La asociación recuerda que en los últimos cinco años se han producido catorce incidentes graves durante persecuciones a narcolanchas, tres de ellos con resultado de muerte, y que ninguno de los informes internos posteriores a esos incidentes ha derivado en cambios estructurales.
El Partido Popular ha respondido al clima de indignación registrando en el Congreso una proposición no de ley que reclama una inversión de doscientos millones de euros para modernizar el Servicio Marítimo de la Guardia Civil. La proposición, firmada por el portavoz del grupo popular y avalada por la dirección nacional del partido, contempla la adquisición de diez nuevas patrulleras de última generación con capacidad oceánica, la incorporación de seis drones de vigilancia costera de largo alcance, la renovación del sistema de comunicaciones y la creación de un centro de coordinación operativa conjunta que integre en tiempo real la información de Guardia Civil, Armada, Vigilancia Aduanera y Salvamento Marítimo. Fuentes del PP han indicado a El Hemiciclo que la proposición será debatida en el pleno del próximo martes y que esperan contar con el apoyo transversal de todos los grupos parlamentarios.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha confirmado a través de su gabinete que visitará mañana domingo la base naval de Algeciras, donde se reunirá con los mandos del SERMAR y con el almirante jefe de la Fuerza de Acción Marítima de la Armada para coordinar la respuesta interinstitucional. Robles, que mantiene desde hace meses una línea directa con el director general de la Guardia Civil sobre la cuestión del narcotráfico marítimo, ha sido una de las voces más críticas dentro del Gobierno con la falta de inversión en medios navales para la lucha contra el tráfico de drogas en el Estrecho. Su visita a Algeciras se interpreta como un gesto de respaldo a la reforma del SERMAR y como un aviso interno a Interior de que Defensa no está dispuesta a quedarse al margen de una cuestión que afecta directamente a la seguridad del litoral sur.
Mientras el protocolo militar y político seguía su curso en el patio de armas, la Huelva real, la de los barrios de Marismas del Odiel y La Orden, la de los pescadores del Muelle de Levante y las familias de los polígonos industriales, vivía el duelo de otra manera. En el bar La Comandancia, un establecimiento regentado por un guardia civil jubilado a doscientos metros del acuartelamiento, decenas de vecinos se congregaron para seguir el homenaje en televisión. El silencio se rompió con los aplausos cuando Grande-Marlaska pronunció los nombres de los dos agentes, y después volvió a instalarse, denso y pesado como el aire de mayo en la ría. Una vecina dejó un ramo de jazmines en la puerta del bar con una nota manuscrita que decía simplemente «Gracias por cuidarnos». El dueño del local la clavó en el tablón de corcho donde normalmente se ponen los horarios de los partidos de fútbol y nadie la tocó en todo el día.
La dimensión política del luto se extiende más allá de Huelva. La campaña del 17-M andaluz, que debía vivir este fin de semana una de sus jornadas más intensas a siete días de las urnas, permanece congelada desde el viernes por la tarde, cuando PP, PSOE y Vox anunciaron simultáneamente la suspensión de todos los actos programados. La encuesta CENTRA publicada esta mañana sitúa al PP de Moreno en el 42,4% de estimación de voto y al PSOE de Montero en el 20,1%, una distancia de veintidós puntos que los socialistas confían en recortar en la última semana de campaña pero que los populares consideran ya consolidada. Sin embargo, el luto ha alterado todos los cálculos de ambos partidos: la imagen de Moreno y Montero sentados juntos en la primera fila de la iglesia de la Concepción ha desplazado por completo el debate partidista y ha situado la seguridad del litoral andaluz en el centro de una agenda electoral que hasta el jueves estaba dominada por la sanidad y el empleo.
La jornada de mañana traerá la visita de Robles a Algeciras y la continuación de la capilla ardiente, que permanecerá abierta hasta el lunes a las diez de la mañana, cuando los féretros serán trasladados a la Catedral de la Merced para el funeral de Estado. La Delegación del Gobierno en Andalucía ha solicitado refuerzos de seguridad para el acto, al que se espera que asistan el presidente Sánchez, Feijóo, Grande-Marlaska y más de quince mil personas. Germán y Jerónimo serán enterrados el martes en sus localidades de origen, Teruel y Cádiz respectivamente, en ceremonias íntimas que las familias han pedido que se celebren lejos de las cámaras. España les debe una reforma que honre su sacrificio, y el reloj del SERMAR, ese reloj militar de cuartel que forma parte de los siete que marcan la hora de este sábado imposible, no puede seguir parado en el siglo pasado.


