La última encuesta de SocioMétrica, publicada esta mañana, certifica lo que los sondeos llevan semanas anticipando: el Partido Popular de Juanma Moreno se sitúa en el 42,8 por ciento de la estimación de voto y en una horquilla de entre 54 y 55 escaños, cifras que colocan a la formación exactamente en la frontera de la mayoría absoluta fijada en 55 diputados. La diferencia entre gobernar con las manos libres y depender de un pacto con Vox se reduce a un escaño, un margen que convierte al 15,5 por ciento de electores que se declaran indecisos en el árbitro definitivo de los comicios del sábado.
El PSOE, por su parte, no consigue detener la caída. SocioMétrica le asigna un 22,6 por ciento de la estimación de voto y en torno a 27 escaños, una cifra que supone el suelo histórico del socialismo andaluz. Para contextualizar la magnitud del retroceso: en las elecciones de 2022, el PSOE obtuvo el 24,2 por ciento; en las de 2018, cuando ya se hablaba de crisis del PSOE en Andalucía, el partido de Susana Díaz cosechó un 27,9 por ciento. Caer por debajo del 23 representaría un hito negativo que Montero, candidata de perfil ministerial y con una valoración media de 3,74 sobre 10 según el CIS preelectoral, tendría difícil maquillar.
El acto de Pulianas, programado para las 18:00, responde a una decisión estratégica de la dirección federal del PSOE: Granada es la provincia donde el PP muestra más debilidad relativa, y el cinturón metropolitano concentra un electorado urbano, joven y con renta media-baja donde el partido socialista conserva cierto músculo organizativo. Sánchez y Montero intervendrán ante un millar de simpatizantes en un pabellón polideportivo en el que la escenografía reproducirá el eslogan de campaña: «Andalucía merece más». Los estrategas del PSOE confían en que la presencia del presidente del Gobierno, que no había pisado Andalucía desde el acto de Huelva interrumpido por el luto por los guardias civiles, inyecte energía a una campaña que los propios socialistas describen en privado como la más difícil de su historia reciente.
Simultáneamente, Santiago Abascal ha acudido a Mijas, en la Costa del Sol malagueña, para un acto en el que ha centrado su discurso en la inmigración y en la seguridad, los dos ejes que han permitido a Vox crecer hasta el 13,7 por ciento en las encuestas, dos puntos y medio más que en 2022. La apuesta de Abascal por la costa sur de Andalucía no es casual: Mijas concentra una de las mayores comunidades de residentes extranjeros de la comunidad y ha sido escenario de varios episodios de conflicto vecinal que Vox ha capitalizado con eficacia en redes sociales.
La batalla más abierta de estos comicios no se libra, sin embargo, en la pelea por la mayoría absoluta ni en el suelo del PSOE, sino en la pugna por el cuarto puesto entre Adelante Andalucía, la formación heredera del proyecto de Teresa Rodríguez liderada por José Ignacio García, y Por Andalucía, la confluencia de izquierdas encabezada por Antonio Maíllo. La primera sube una décima hasta el 6,5 por ciento y la segunda gana ocho décimas hasta el 7,9 por ciento. Sumadas, alcanzan exactamente el 14,4 por ciento, una cifra idéntica a la estimación de Vox, lo que convierte a la izquierda alternativa en un espacio electoralmente relevante pero profundamente dividido.
La división tiene consecuencias prácticas. Según un análisis de El Independiente, la fragmentación de la izquierda alternativa penalizaría sin escaño a aproximadamente un tercio de sus votantes, un efecto del sistema electoral proporcional andaluz que castiga a los partidos pequeños en las circunscripciones medianas y pequeñas. Si las dos formaciones concurrieran juntas, podrían aspirar a entre 12 y 14 escaños; separadas, la suma de sus proyecciones no supera los 10. La aritmética parlamentaria resultante refuerza la posición dominante de la derecha: PP y Vox concentran el 56,8 por ciento del voto estimado, frente al 34,9 por ciento del bloque progresista, una brecha de 22 puntos que solo un vuelco en la participación podría estrechar.
Moreno, que ha delegado la intensidad de los actos de cierre de campaña a sus barones provinciales, ha optado por una estrategia de perfil presidencial durante estos últimos días: comparecencias institucionales, visitas a centros de salud y reuniones con colectivos empresariales. Su campaña apuesta por no cometer errores en la recta final y por dejar que los números hagan el trabajo. El cierre oficial se celebrará el viernes en Málaga, la ciudad que lo catapultó a la presidencia de la Junta en 2018 y donde el PP concentra su mayor bolsa de voto. Feijóo cerrará en Almería, completando un despliegue que busca cubrir las ocho provincias en la última semana.
A cuatro días de las urnas, la pregunta no es ya quién ganará, sino con cuánta ventaja. La absoluta del PP pende de un hilo de indecisos. El hundimiento del PSOE parece certificado. Y la izquierda alternativa se enfrenta al espejo roto de su propia división. Andalucía votará el sábado y, con ella, se medirá la temperatura real de un país que no celebra elecciones generales desde noviembre de 2023.


