El dintel lleva grabados los títulos de Ramsés II —faraón que gobernó Egipto durante la Dinastía XIX del Imperio Nuevo, entre los siglos XIII y XII antes de Cristo— y un texto que menciona obras de restauración sobre una estatua del dios Horus, considerado señor de la ciudad de Mesn. Hisham Hussein, jefe de la misión arqueológica, ha calificado el descubrimiento como uno de los resultados más relevantes de la temporada, según el comunicado ministerial.
La inscripción resulta clave porque podría ayudar a resolver una incógnita que arrastra la egiptología: la ubicación exacta de Mesn, una ciudad citada en textos del Imperio Nuevo como estación estratégica del Camino de Horus, pero cuyo emplazamiento físico nunca se ha confirmado. Hisham El-Leithy, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, ha explicado que la nueva evidencia plantea una hipótesis sólida que vincula Tell Abu Seify con Mesn, aunque ha matizado que hará falta más investigación para darla por probada.
Esa cautela metodológica no es infrecuente en la arqueología egipcia: la identificación de un yacimiento con un topónimo citado en papiros o inscripciones suele requerir la convergencia de varias líneas de evidencia —arquitectónica, epigráfica y estratigráfica— antes de que la comunidad científica cierre el debate. Un precedente comparable es el de Tell el-Dabaa, identificado como la antigua Avaris, capital de los hicsos, tras décadas de excavaciones que combinaron hallazgos cerámicos, sellos y textos administrativos.
El Camino de Horus, cuyo trazado original queda reforzado por este hallazgo, era la principal vía militar y comercial que unía el delta oriental del Nilo con el Sinaí y el Levante. A lo largo de la ruta, los faraones del Imperio Nuevo levantaron fortalezas y depósitos de suministro para controlar el paso de tropas hacia Canaán y proteger las fronteras del reino, un dispositivo defensivo representado en relieves del templo de Karnak que narran campañas militares de Seti I, padre de Ramsés II.
La misión ha continuado además los trabajos sobre un muro perimetral de adobe con puertas, salas internas y capas de construcción sucesivas. Los estudios han determinado que esa estructura correspondía al recinto exterior que rodeaba el área del templo, y no al templo propiamente dicho, lo que corrige interpretaciones previas y obliga a revisar los planos de campañas anteriores. El Servicio de Información del Estado egipcio ha precisado que las nuevas evidencias han llevado a reevaluar los restos arquitectónicos descubiertos en temporadas precedentes.
Dos caminos empedrados, hornos de cal y estatuas partidas
Los arqueólogos han descubierto dos caminos empedrados sucesivos que conducían desde el exterior del área fortificada hasta el templo, señal de al menos dos fases constructivas distintas. Los restos del templo incluyen una serie de almacenes en el lado norte y salas de servicio de mayor tamaño hacia el sur, que daban acceso al santuario. Este último fue destruido en una fase posterior, aparentemente por actividad de cantería durante el Bajo Imperio romano.
Mohamed Abdel Badie, jefe del sector de Antigüedades Egipcias en el Consejo Supremo de Antigüedades, ha señalado que los hallazgos aportan evidencia nueva sobre los sucesivos cambios de función del enclave y su importancia estratégica a lo largo de los siglos. Entre las piezas recuperadas figura parte de una estatua de esquisto de la Dinastía XXVI —el llamado periodo Saíta, entre los siglos VII y VI antes de Cristo— que representa a un escriba militar sosteniendo un naos roto entre los brazos.
La misión ha hallado también una estatua sin cabeza ni pies del periodo Tardío del Antiguo Egipto, el torso de una estatua real de basalto y fragmentos de estatuas de halcón elaboradas en basalto y piedra caliza, materiales coherentes con un culto asociado a Horus en el enclave. Según Abdel Badie, el yacimiento atravesó varias fases de desarrollo: el templo habría alcanzado su máximo esplendor durante el periodo ptolemaico, entre los siglos IV y I antes de Cristo, cuando Egipto estuvo gobernado por la dinastía griega fundada tras la conquista de Alejandro Magno.
Posteriormente, parte del complejo se reutilizó como fortificación militar durante el siglo III después de Cristo, ya bajo dominio romano. Hacia el Bajo Imperio, el sitio se transformó en una cantera dedicada a la producción de cal, un proceso que implicó la destrucción parcial de estructuras religiosas para obtener materia prima. En esa fase se construyeron dos grandes hornos circulares sobre las esquinas del antiguo santuario, donde se han hallado restos de piedra caliza sometidos a calor intenso, una práctica documentada en otros yacimientos del Mediterráneo oriental durante la Antigüedad tardía.
Los objetos de carácter administrativo y militar recuperados refuerzan la hipótesis del carácter estratégico del enclave a lo largo de distintas épocas. Sumados a los descubrimientos de temporadas anteriores, estos hallazgos consolidan la posibilidad de que Tell Abu Seify corresponda a Mesn, aunque el Ministerio de Turismo y Antigüedades no ha fijado un calendario para una confirmación definitiva.
El siguiente paso, según ha trasladado el Consejo Supremo de Antigüedades, pasa por continuar la excavación en próximas temporadas y someter las inscripciones del dintel a un análisis epigráfico detallado que permita cotejar los títulos de Ramsés II con otras fuentes documentales del Imperio Nuevo. Egipto mantiene decenas de misiones arqueológicas activas, nacionales y en colaboración con universidades extranjeras, en un país donde el turismo cultural sigue siendo una de las principales fuentes de ingresos, según el propio ministerio.

