Igartiburu ha recordado que desde niña tenía claro cuál era su aspiración de futuro, algo que entonces le resultaba difícil expresar en voz alta. «Cuando éramos pequeños me preguntaban en casa: ¿Qué quieres ser de mayor?, y a mí me da mucha vergüenza porque yo decía que quería ser madre», ha confesado en el citado pódcast, en una reflexión que sitúa el origen de su proyecto familiar mucho antes de que este llegara a materializarse.
Aquel deseo se convirtió en decisión en 2003, cuando la presentadora, ya consolidada como rostro habitual de La 1, inició los trámites de adopción internacional que la llevarían a convertirse en madre de Noa, una niña de aproximadamente dos años procedente de India. Diez años más tarde, en 2013, la familia creció con la llegada de Carmen, también de dos años, en este caso nacida en Vietnam.
Los procesos de adopción internacional están regulados en España por la Ley 54/2007, de Adopción Internacional, que exige la intervención de organismos acreditados en el país de origen del menor, la obtención del certificado de idoneidad por parte de la administración autonómica competente y, en numerosos casos, varios años de espera entre la solicitud inicial y la resolución final. Igartiburu ha señalado que fue consciente de esa complejidad antes de emprender el camino.
«Cada país es distinto con la adopción, cada situación vital de cada persona adoptante es muy personal y ahí no puedo más que compartir que lo mío fue satisfactorio, feliz y amoroso», ha declarado la presentadora, matizando que su experiencia no pretende erigirse en modelo aplicable a cualquier otra circunstancia personal.
La decisión de adoptar llegó, según su propio relato, en un momento en el que estaba soltera, gozaba de estabilidad profesional y había alcanzado una edad en la que consideró que podía afrontar en solitario la crianza. Igartiburu ha vinculado esa determinación a la educación recibida de su madre, a quien atribuye haberle transmitido desde pequeña la importancia de la independencia femenina. «Siempre he pensado que si no se puede ser madre biológica en pareja o no surge que tú estés como convencida de ser biológicamente madre y puedes elegir, que no todas las mujeres pueden, pues era una buena opción», ha explicado.
La llegada de Nicolás, en 2016, abrió una tercera etapa en la vida familiar de la presentadora. El niño nació de su relación con el director de orquesta Pablo Heras-Casado, con quien Igartiburu mantuvo una relación de pareja que llegó a su fin en 2021. Pese a la separación, la presentadora ha insistido públicamente en el respeto y el cariño que conserva hacia el padre de su hijo.
«Cuando ya tuve una pareja a la que amo con todo mi cariño, aunque ya no estemos juntos como pareja, y al que respeto muchísimo, pues nos animamos y fui mamá con 47 años», ha recordado Igartiburu, en referencia a una etapa vital marcada por una situación sentimental estable, a diferencia de los procesos de adopción de sus dos hijas mayores.
Con la incorporación de Nicolás, la familia quedó compuesta por tres hijos llegados por vías distintas: dos mediante adopción internacional y uno por vía biológica. Igartiburu ha defendido reiteradamente que esa diversidad de orígenes no introduce ninguna jerarquía afectiva dentro del hogar que ha construido. «Luego fui mamá biológica y he creado un vínculo relacional y familiar curioso en el que esa familia está creada por niñas, niño, amistades, familia, hermanos, pero es una tribu, como digo yo», ha explicado, empleando ese término para describir un modelo familiar que trasciende los lazos exclusivamente biológicos.
El caso de Igartiburu se enmarca en una tendencia de la adopción internacional en España que ha experimentado una caída sostenida desde comienzos de siglo. España llegó a ser uno de los principales países receptores de menores adoptados en el extranjero durante la primera década de los 2000, cifra que se ha reducido de forma acusada en los años posteriores debido al endurecimiento de los requisitos en los países de origen y a la revisión de los protocolos internacionales tras irregularidades detectadas en distintos programas de adopción.
La propia presentadora ha evitado en sus intervenciones presentar su experiencia como un relato exento de dificultades, reconociendo que cada proceso depende de circunstancias particulares del país de origen y de la situación personal de quien adopta. En la práctica, el procedimiento combina trámites administrativos, evaluaciones psicosociales y plazos de espera que pueden prolongarse durante años, incluso para quienes lo afrontan en pareja y en circunstancias aparentemente más favorables.
Igartiburu, que ha compaginado su faceta de presentadora televisiva con las apariciones en las Campanadas de Fin de Año de La 1 durante más de dos décadas, ha convertido la maternidad en uno de los ejes recurrentes de sus intervenciones públicas. Según ha explicado, ello no ha implicado una exposición sistemática de la vida privada de sus hijos, cuyos procesos de adopción prefiere no plantear como una fórmula extrapolable a otros casos.

