Los tres principales candidatos a la presidencia de la Junta de Andalucía abrieron este lunes la campaña electoral que decidirá la composición del gobierno autonómico en los próximos quince días, desplegándose en escenarios de carga simbólica diferenciada. El presidente en funciones y candidato del PP, Juanma Moreno, eligió Málaga para defender su balance de gestión; el candidato del PSOE, Juan Espadas, arrancó en Cádiz con la sanidad como eje central de su ofensiva; y el líder de Vox, Santiago Abascal, aterrizó en Granada con un discurso articulado en torno a soberanía y defensa militar. Las encuestas publicadas antes del inicio de la campaña sitúan al PP en el 43,7% de intención de voto, al PSOE en el 24,5% y a Vox en el 14,3%, una fotografía que condiciona la estrategia de cada formación desde el minuto uno.
Moreno escoge Málaga y esquiva el caso Koldo
La elección de Málaga por parte de Moreno no fue casual. La ciudad representa uno de los polos de crecimiento económico y turístico más visibles de la comunidad y funciona como argumento visual de una campaña que pivota sobre los resultados de gobierno antes que sobre la confrontación ideológica. El candidato popular eludió pronunciarse sobre el caso Koldo —la trama de corrupción vinculada a contratos de material sanitario durante la pandemia que afecta a dirigentes del PSOE a nivel nacional— optando por no convertir el escándalo ajeno en el centro de su relato. Algunos analistas leen esa decisión como muestra de confianza en sus cifras; otros, como prudencia ante el riesgo de desviar el foco de su principal activo: el ejercicio del poder autonómico.
El PSOE, por su parte, no ha eludido el asunto. El partido de Espadas defiende que las responsabilidades del caso Koldo son individuales y no institucionales, y rechaza que un proceso judicial en curso en el ámbito nacional deba condicionar el debate sobre la gestión de la Junta. La posición de ambas formaciones sobre este punto anticipa una de las líneas de tensión que atravesarán los debates televisados previstos durante la campaña.
Espadas abre frente en Cádiz con la sanidad pública
Espadas escogió Cádiz, provincia con altos índices históricos de desempleo y con una dependencia estructural del sector público en su tejido económico, para situar la sanidad en el centro del discurso socialista. La estrategia responde a una lógica clásica de campaña en oposición: cuando las encuestas arrojan una ventaja de casi veinte puntos al rival, el candidato necesita construir un relato de urgencia que movilice a su electorado y que traslade la contienda del terreno del balance —donde el partido en el gobierno lleva la iniciativa— al de los déficits percibidos. Los servicios públicos, y la sanidad en particular, han sido históricamente el campo de batalla preferido de la izquierda andaluza frente a los gobiernos del PP.
El equipo de Moreno rechaza el diagnóstico socialista sobre la sanidad andaluza y sostiene que la gestión del Servicio Andaluz de Salud ha mejorado durante la legislatura. Ninguna de las dos partes ha aportado en el arranque de campaña datos desglosados con fuente oficial —como los de la Consejería de Salud o el Ministerio de Sanidad— que permitan contrastar las posiciones enfrentadas, lo que previsiblemente centrará parte del debate en los actos programados en las ocho provincias.
Abascal lleva la agenda de defensa a unas elecciones autonómicas
La irrupción de Abascal en Granada con un discurso articulado en torno a la soberanía militar y la defensa nacional introdujo una disonancia en el arranque de campaña que no pasó inadvertida para el entorno popular. En el marco de unas elecciones autonómicas, cuyas competencias se circunscriben a sanidad, educación, servicios sociales, agricultura y ordenación del territorio —entre otras materias recogidas en el Estatuto de Autonomía de Andalucía, aprobado mediante Ley Orgánica 2/2007—, el recurso a la agenda de defensa resulta jurídicamente extemporáneo: el artículo 149.1.4 de la Constitución Española reserva esa materia como competencia exclusiva del Estado. El mensaje, por tanto, está dirigido al electorado nacional-conservador antes que al elector que demanda soluciones de gobierno regional.
Esa operación inquieta al PP porque puede dificultar su objetivo declarado de alcanzar la mayoría absoluta sin necesidad de pactos. El partido de Moreno no ha respondido públicamente al tono del discurso de Abascal en Granada, aunque fuentes del entorno popular, según recoge el texto de partida, expresaron incomodidad ante una estrategia que, en su lectura, desplaza el debate hacia un terreno que no beneficia al candidato con más opciones de ganar.
La aritmética del D'Hondt y el umbral de la mayoría absoluta
Con el 43,7% atribuido al PP en las encuestas previas a la campaña, la formación de Moreno se sitúa en el umbral en el que, dependiendo de la distribución territorial del voto y de la aplicación del sistema D'Hondt a las ocho circunscripciones provinciales —sistema establecido por la Ley Electoral andaluza conforme a la disposición adicional primera de la LOREG—, la mayoría absoluta es posible pero no está garantizada. El PSOE, con el 24,5%, afronta su posición más débil en décadas en una comunidad que gobernó de manera ininterrumpida durante casi cuatro décadas antes de 2018. Vox, con el 14,3%, mantiene una representación suficiente para ser decisivo en la aritmética parlamentaria si el PP no alcanza por sí solo los escaños necesarios para investir a Moreno, lo que reproduciría la geometría de apoyo externo de la legislatura que ahora concluye.
El precedente de 2018 y la reconfiguración del espacio autonómico
Las elecciones de diciembre de 2018 marcaron un punto de inflexión en la política andaluza al romper la hegemonía socialista que se extendía desde la restauración democrática, cuando el PSOE obtuvo su primera mayoría autonómica en 1982. Aquellos comicios produjeron un gobierno PP-Ciudadanos con apoyo parlamentario externo de Vox, una fórmula que se reprodujo posteriormente en otras comunidades autónomas y que configuró lo que los analistas denominan el eje PP-Vox autonómico. La desaparición práctica de Ciudadanos del mapa político desde entonces ha alterado la geometría: el socio de gobierno de 2018 ya no existe como actor relevante, lo que convierte a Vox en la única variable de coalición disponible si el PP no suma por sí solo.
La pregunta que estas elecciones plantean es, en consecuencia, si Moreno puede consolidar y ampliar su posición hasta prescindir de ese apoyo, o si la distribución provincial del voto le obligará de nuevo a negociar con Abascal. A nivel nacional, el PP mantiene una posición de distancia formal respecto a Vox, lo que añade una capa de complejidad política a cualquier acuerdo posposelectoral en caso de que los números no den para el gobierno monocolor.
Quince días de campaña con tres debates y ocho provincias en juego
La campaña que arrancó este lunes tiene, por tanto, una doble lectura. En la superficie, es una contienda por la presidencia de la Junta de Andalucía. En el fondo, es también un termómetro sobre la viabilidad de los gobiernos monocolores del PP en grandes comunidades autónomas. Los próximos quince días incluyen actos en las ocho provincias y debates televisados en los que las posiciones del día uno —gestión frente a déficit en servicios públicos, con Vox en una agenda paralela de Estado— serán sometidas a contraste directo. La jornada electoral cerrará el ciclo abierto con el fin de la hegemonía socialista en 2018 y determinará si la nueva mayoría que se configure necesita o no del partido de Abascal para gobernar.


