Martínez Rico ha insistido en que el cerebro no miente de forma deliberada, sino que tiende a automatizar interpretaciones repetidas hasta darlas por válidas. «Llevo años viendo lo mismo en consulta: personas inteligentes, capaces, funcionales… atrapadas por pensamientos que ni siquiera son verdad», señaló el especialista.
La explicación que ofrece se apoya en el funcionamiento habitual del pensamiento: el cerebro recurre a patrones conocidos y automatismos para procesar los estímulos e ideas que genera cada día. Cuando un pensamiento se repite con insistencia, ese patrón se refuerza y resulta cada vez más difícil de cuestionar, incluso si carece de base real. «Le damos a la preocupación una autoridad que no se ha ganado», resumió, al advertir de que se trata a la preocupación «como si fuera información fiable cuando, la mayoría de las veces, es solo ruido».
Uno de los aspectos centrales de su discurso tiene que ver con la paradoja de la supresión del pensamiento: cuanto más se intenta evitar pensar en algo, con mayor intensidad regresa la idea. «Cuanto más intentas no pensar en algo, más fuerte vuelve», sostuvo Martínez, porque «el cerebro no entiende el deja de preocuparte». El fenómeno fue popularizado en la psicología por los experimentos del llamado «oso blanco» del psicólogo social Daniel Wegner en los años ochenta, que mostraron la ineficacia de la fuerza de voluntad para desactivar un pensamiento intrusivo.
Frente a esa dinámica, el psiquiatra defiende un cambio de enfoque: en lugar de eliminar la preocupación por decreto, propone dirigir la energía hacia aquello que sí está bajo control del individuo. En sus palabras, se trata de dejar de gastar energía «en lo que está fuera de tu control» para dedicarla a lo que sí pertenece a cada uno: «cómo te hablas, cómo respondes y a quién le dedicas tu tiempo».
De la rumiación a la reestructuración
Este tipo de estrategias se enmarca en corrientes terapéuticas consolidadas de la psicología clínica, como la terapia cognitivo-conductual, que trabaja sobre la identificación y reestructuración de los pensamientos automáticos, y la terapia de aceptación y compromiso, centrada en distinguir entre lo que puede controlarse y lo que no. En el terreno práctico, Martínez Rico defiende el uso de preguntas concretas para interrumpir el bucle de rumiación, ese mecanismo que consiste en dar vueltas de forma repetitiva a una misma idea sin llegar a una resolución. Cuestionar directamente la veracidad o la utilidad de un pensamiento, según su planteamiento, obliga al cerebro a salir del automatismo.
El psiquiatra ha vinculado también estos patrones con fenómenos como el síndrome del impostor, la sensación persistente de no merecer los logros propios pese a la evidencia de la capacidad demostrada. El concepto fue descrito originalmente en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, y desde entonces ha sido objeto de numerosos estudios sobre su prevalencia en distintos ámbitos profesionales.
La popularidad de este tipo de divulgación en redes sociales ha crecido en España en paralelo al aumento de la preocupación social por la salud mental. Los trastornos relacionados con la ansiedad figuran entre los problemas de salud mental más extendidos según los datos que recoge periódicamente la Encuesta Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, un fenómeno que ha impulsado la demanda de contenidos sobre bienestar emocional en plataformas digitales.
Especialistas en salud mental advierten, no obstante, de que estos contenidos divulgativos, pese a su utilidad para normalizar el debate sobre el bienestar emocional, no sustituyen un diagnóstico ni un tratamiento profesional individualizado. En la misma línea de divulgación, la psiquiatra Marian Rojas Estapé ha señalado que la calidad de las relaciones sociales incide directamente en la salud y el envejecimiento saludable, y que «la soledad se asocia con enfermedad».
El propio Martínez Rico ha subrayado que su intención no es minimizar el sufrimiento asociado a la ansiedad, sino ofrecer un marco de comprensión que ayude a relativizar pensamientos que, pese a sentirse como certezas, no siempre responden a una base objetiva. Su reflexión se inscribe en un contexto más amplio de interés público por la divulgación psicológica en las plataformas digitales, que ha situado a perfiles como el suyo entre los más seguidos en la materia en el ámbito hispanohablante.

