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Rusia lanza 74 misiles y 496 drones contra Kiev: al menos 17 muertos

El ataque combinado destruye o daña un centenar de edificios en la capital ucraniana; las alertas aéreas continuaban activas al mediodía.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Las Fuerzas Aéreas de Ucrania confirmaron este jueves que Rusia lanzó en la madrugada un ataque combinado de 74 misiles —aproximadamente una veintena de ellos balísticos— y 496 drones sobre el territorio ucraniano, con el grueso del impacto concentrado en Kiev, donde residen cerca de tres millones de personas.

Saturación deliberada: misiles balísticos y drones en cifras sin precedente

La combinación de misiles balísticos y drones en la proporción registrada este jueves responde a una táctica de saturación que el Ejército ruso ha ido perfeccionando desde que en octubre de 2022 inaugurara la campaña sistemática contra infraestructuras críticas ucranianas. Los misiles balísticos alcanzan velocidades hipersónicas en fase terminal que dificultan su intercepción incluso para los sistemas Patriot de fabricación estadounidense e IRIS-T alemán desplegados en Ucrania, diseñados originalmente para amenazas aéreas convencionales y misiles de crucero.

Los 496 drones registrados esta madrugada constituyen, según los datos facilitados por las Fuerzas Aéreas ucranianas, uno de los envíos más voluminosos de este tipo desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022. El material de origen no precisa el modelo concreto de los aparatos empleados ni aporta cifras comparativas oficiales de ataques anteriores, por lo que El Hemiciclo no establece porcentajes de incremento respecto a operaciones previas. Lo que sí confirman las fuentes militares ucranianas es la escala inusual del lanzamiento en número absoluto de proyectiles.

El presupuesto de defensa ruso y la capacidad industrial de producción de drones son variables cuya cuantificación exacta y actualizada no consta en el material disponible para esta edición. Lo que sí está documentado en el debate estratégico occidental es que Rusia ha diversificado sus cadenas de suministro de munición desde 2022, con transferencias tecnológicas señaladas reiteradamente por gobiernos europeos y estadounidenses ante el Consejo de Seguridad de la ONU, y que esas rutas han permitido mantener un ritmo de ataques elevado pese a las sanciones.

Impacto sobre la población civil y el tejido urbano de Kiev

Los servicios de emergencia de Kiev detallaron que los impactos alcanzaron zonas residenciales e infraestructuras de suministro, sin que las autoridades ucranianas hubieran proporcionado un balance definitivo por distritos en el momento del cierre de esta edición. El número de heridos se contabilizaba en decenas; la gravedad de los casos no había sido precisada oficialmente.

La destrucción de infraestructura energética —subestaciones eléctricas, redes de calefacción, estaciones de bombeo— ha sido un rasgo definitorio de la estrategia rusa desde el invierno de 2022-2023, cuando los cortes de electricidad afectaron a millones de hogares ucranianos, según informes de la Agencia Internacional de la Energía publicados en aquella temporada. El patrón se ha repetido con distinta intensidad en inviernos sucesivos, pero los ataques documentados en el verano de 2026 indican que Moscú ha prescindido de la estacionalidad como criterio exclusivo de planificación.

La Oficina de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos lleva documentando desde 2022 los efectos de los ataques a infraestructura civil bajo el prisma del derecho internacional humanitario, en particular del artículo 54 del Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra, que prohíbe atacar objetos indispensables para la supervivencia de la población civil. Moscú niega sistemáticamente que sus operaciones tengan como objetivo a civiles y sostiene que se dirigen a instalaciones de uso militar o de doble uso.

Memorándum de Budapest, expansión de la OTAN y la geometría del conflicto

La relevancia estratégica de Kiev trasciende su condición de capital administrativa: es el centro neurálgico del mando militar ucraniano, sede del gobierno y nodo logístico principal de las rutas de suministro occidental. Las fuerzas rusas intentaron tomarla o aislarla en las primeras semanas de la invasión a gran escala del 24 de febrero de 2022 y se retiraron del área metropolitana a finales de marzo de ese año sin haberlo logrado, en lo que los analistas militares consideraron el primer fracaso estratégico mayor de la campaña.

El conflicto tiene un antecedente jurídico de primer orden en el Memorándum de Budapest de 1994, por el que Ucrania renunció al arsenal nuclear soviético heredado —entonces el tercero más grande del mundo— a cambio de garantías de seguridad suscritas por Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido. La anexión de Crimea por Rusia en 2014 y el apoyo al separatismo armado en el Donbás ese mismo año pusieron en entredicho la vigencia práctica de ese acuerdo y abrieron el ciclo de escalada que culminó con la invasión de 2022. El precedente del Memorándum es invocado recurrentemente por Kiev para argumentar que la comunidad internacional tiene una deuda de seguridad contraída formalmente con Ucrania.

La ampliación de la OTAN hacia el este —de 16 miembros en 1991 a 32 tras la adhesión de Finlandia en abril de 2023 y Suecia en marzo de 2024— es señalada por Moscú como causa estructural de la crisis. La Alianza y los gobiernos occidentales rechazan ese argumento y defienden que la soberanía de los Estados para elegir sus alianzas es un principio consagrado en el Acta Final de Helsinki de 1975. Este desacuerdo de fondo sobre la arquitectura de seguridad europea sigue bloqueando cualquier proceso negociador sustantivo.

Posiciones de las partes: Zelenski pide más defensa antiaérea; el Kremlin no se pronuncia

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, calificó el ataque como un acto terrorista y reclamó a los socios occidentales una respuesta a la altura de lo ocurrido, según confirmaron fuentes oficiales ucranianas citadas en los despachos de agencia disponibles al cierre de esta edición. El ministro de Exteriores ucraniano exigió la entrega inmediata de sistemas adicionales de defensa antiaérea y la autorización para emplear armamento de largo alcance contra objetivos en territorio ruso, una demanda que hasta ahora ha encontrado resistencias variables entre los aliados de la OTAN.

En situaciones comparables anteriores, el portavoz Dmitri Peskov ha sostenido públicamente que las Fuerzas Armadas rusas actúan contra infraestructuras de uso militar y ha rechazado las cifras de víctimas civiles aportadas por Kiev. La Unión Europea emitió una condena y reiteró su apoyo a Ucrania sin anunciar medidas concretas adicionales. Estados Unidos, principal proveedor de armamento a Ucrania desde 2022, no había realizado declaraciones oficiales de respuesta en el momento del cierre de esta edición.

Marco jurídico internacional: CPI, Estatuto de Roma y el veto ruso en el Consejo de Seguridad

Los ataques contra poblaciones civiles y la destrucción deliberada de infraestructura civil pueden constituir crímenes de guerra bajo el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI), cuya jurisdicción sobre Ucrania fue aceptada por Kiev mediante declaración ad hoc pese a no haber ratificado formalmente el tratado. En marzo de 2023 la CPI emitió una orden de arresto contra el presidente Vladimir Putin por la deportación ilegal de niños ucranianos, convirtiendo a Rusia en el primer Estado con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU con un jefe de Estado formalmente reclamado por el tribunal de La Haya. Rusia no reconoce la jurisdicción del tribunal y ha anunciado que no cooperará con él.

El Consejo de Seguridad de la ONU, donde Rusia ejerce su derecho de veto, ha bloqueado todas las resoluciones de condena sustantivas desde 2022. Ese bloqueo institucional ha derivado el debate hacia la Asamblea General, que ha aprobado resoluciones no vinculantes de condena con mayorías amplias, y hacia mecanismos alternativos como el registro internacional de daños para Ucrania creado en 2023 bajo los auspicios del Consejo de Europa, cuyo mandato es documentar perjuicios con vistas a futuras reclamaciones de reparación. Ninguno de estos instrumentos tiene capacidad coercitiva inmediata.

Próximos hitos: sesiones de emergencia, suministros de defensa y negociaciones estancadas

En las próximas horas y días, la atención se centrará en tres frentes. Primero, la posible convocatoria de una reunión de urgencia del Consejo del Atlántico Norte: fuentes diplomáticas de la Alianza señalaban al cierre de esta edición que se estaba evaluando la situación, sin que se hubiera anunciado fecha concreta. Segundo, la respuesta de los principales suministradores de armamento —Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia— a la renovada presión ucraniana por sistemas de defensa antiaérea adicionales y autorización de uso de misiles de largo alcance; cualquier decisión en este sentido requeriría consultas entre capitales que habitualmente se prolongan días o semanas. Tercero, el impacto del ataque sobre las conversaciones de paz, formalmente inexistentes en este momento: la escala del bombardeo dificulta cualquier reapertura de canal diplomático en el corto plazo y refuerza la posición de quienes en Kiev sostienen que Moscú no tiene voluntad negociadora real. El balance definitivo de víctimas y daños materiales, pendiente de publicación por las autoridades ucranianas, condicionará también la intensidad de la reacción política occidental en los próximos días.

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