El trabajo reunió además a investigadores de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y del Museo Nacional de Sudáfrica, en Bloemfontein, y arrancó de forma casual. Un colaborador local envió a Tiutenko una hembra joven capturada en Harenna que, en un primer momento, se asumió perteneciente a una especie ya catalogada. El investigador buscó entonces un macho para reproducirla en cautividad, un procedimiento habitual para confirmar identificaciones dudosas.
A medida que el ejemplar alcanzaba su tamaño adulto empezaron a aflorar diferencias respecto a Dasypeltis atra, la especie con la que guarda mayor parecido y que los zoólogos conocen como comehuevos de montaña, propia de los bosques de África Oriental. Para despejar la duda, el equipo cruzó a la hembra con un macho de esa especie emparentada: la descendencia híbrida combinó rasgos de ambos progenitores, una primera señal de que el ejemplar original constituía una entidad biológica distinta.
La confirmación llegó con la secuenciación del ADN mitocondrial y nuclear, que despejó la ambigüedad sobre el estatus taxonómico del reptil. La descripción formal, que combinó comparación anatómica, genética molecular y los resultados de la cría en cautividad, se prolongó durante siete años antes de publicarse.
Siete años hasta confirmar la especie
Entre los rasgos distintivos de la nueva especie destaca la piel clara, en ocasiones con tonos azulados, visible entre las escamas, además de la garganta y el vientre blancos que le dan nombre: albigularis significa «de garganta blanca» en latín. A diferencia de otras serpientes del género, que frotan sus escamas entre sí para producir un silbido áspero con el que ahuyentan a los depredadores, esta especie no parece recurrir a ese mecanismo defensivo. Las hembras alcanzan hasta 92 centímetros de longitud, una medida algo inferior a la de Dasypeltis atra y el resto de sus parientes cercanos.
El género Dasypeltis agrupa serpientes africanas sin veneno funcional, inofensivas para el ser humano, que basan toda su alimentación en huevos de aves. Al carecer de dientes útiles para masticar, rompen la cáscara con las proyecciones óseas de sus vértebras cervicales antes de ingerir el contenido entero. Con esta descripción, el número de especies conocidas del género asciende a 21.
El nuevo reptil habita bosques densos de montaña, entre 1.500 y 1.700 metros de altitud, en una zona con cafetos silvestres donde se alimenta de huevos de aves que anidan en los árboles. Harenna es una de las últimas extensiones relevantes de bosque natural que quedan en el Cuerno de África, reconocida por su biodiversidad y por albergar especies que no existen en ningún otro punto del planeta.
Cada nueva descripción taxonómica en la región aporta información para diseñar estrategias de conservación en un hábitat que, en buena parte, se encuentra amenazado. El hallazgo se inscribe en una línea de trabajo que explora ecosistemas poco estudiados en busca de biodiversidad, como la que documentan los laboratorios que rastrean fármacos contra el cáncer en el mar.

