El desalojo afecta a tres zonas concretas de la ciudad: el barrio de Südstadt, el centro del casco portuario y el área de Heppens. Todas ellas deben quedar completamente vacías antes de las 11.00 horas, según el calendario trasladado por las autoridades locales, que coordinan el operativo junto a los servicios de emergencia. Para acoger a los vecinos desplazados se habilitan tres pabellones deportivos municipales, convertidos en refugios provisionales mientras dure la intervención de los artificieros.
El servicio de autobuses urbanos queda suspendido desde el mismo instante en que arranca el desalojo, lo que obliga a buena parte de la población afectada a desplazarse a pie o en vehículo particular hacia las zonas seguras. El equipo municipal de gestión de crisis mantiene además contacto directo con residencias de mayores y centros asistenciales situados dentro o cerca del perímetro, en coordinación con los servicios de emergencia y la empresa de transporte público, para valorar si también deben ser evacuados, según ha detallado la Policía.
La Policía ha precisado que la bomba, de fabricación estadounidense, fue descubierta durante unos trabajos en el arsenal naval de la ciudad. Las dos espoletas que incorpora el artefacto —el elemento de seguridad y detonación que se coloca en las bombas para activar y hacer estallar su carga explosiva— complican y alargan el trabajo de los técnicos especializados en desactivación, motivo por el que se ha fijado un perímetro de exclusión tan amplio.
Wilhelmshaven, sede histórica de instalaciones navales militares desde el Imperio alemán, fue objetivo prioritario de los bombardeos aliados de la contienda por su valor estratégico como puerto militar. La ciudad conserva ese papel como histórico puerto de la Kriegsmarine y, después, base de la Marina alemana moderna, lo que explica la persistencia de restos bélicos en su subsuelo. Las obras en curso en el arsenal naval fueron, según la Policía, las que sacaron a la luz el artefacto.
El hallazgo de munición sin explotar sigue siendo, más de ocho décadas después del final de la Segunda Guerra Mundial, un fenómeno recurrente en Alemania. La aparición de estas bombas es frecuente durante obras y excavaciones, lo que obliga a organizar amplios dispositivos de evacuación como el actual. Buena parte de los artefactos lanzados sobre suelo alemán quedó enterrada bajo escombros, tierra o construcciones posteriores y aflora décadas más tarde durante trabajos de construcción, ampliación de infraestructuras o dragados portuarios.
El precedente más reciente se registró a mediados de julio en Potsdam, al suroeste de Berlín, donde el descubrimiento de un artefacto de características parecidas obligó a evacuar a unas 6.500 personas, menos de la mitad de las afectadas ahora en Wilhelmshaven. Episodios de este tipo se han repetido en las últimas décadas en ciudades especialmente castigadas por los bombardeos, entre ellas Colonia, Fráncfort, Hannover o Dresde.
El marco de actuación alemán atribuye a los servicios de desactivación de explosivos (Kampfmittelräumdienst), dependientes de cada Land, la competencia para valorar el riesgo, fijar el perímetro de exclusión y ejecutar la neutralización. Esta puede resolverse mediante desactivación in situ o, cuando el estado del artefacto lo hace demasiado inestable para manipularlo, mediante detonación controlada. La legislación obliga a las autoridades municipales a dar prioridad absoluta a la seguridad ciudadana desde el momento en que se confirma la presencia de munición de guerra.
No se han registrado hasta el momento incidentes ni heridos vinculados al hallazgo. La experiencia acumulada en operativos similares permite, en la mayoría de los casos, completar la neutralización y el regreso de los vecinos a sus domicilios en cuestión de horas. Una vez concluida la desactivación, las autoridades tienen previsto levantar el perímetro de seguridad y reanudar de forma gradual el servicio de transporte público, permitiendo el retorno escalonado de los residentes a Südstadt, el centro urbano y Heppens.
El Ayuntamiento de Wilhelmshaven no ha precisado si prevé nuevas revisiones del subsuelo en otras zonas del arsenal naval ante la posibilidad de que aparezcan más restos de munición. La modernización de las instalaciones portuarias y militares del país seguirá multiplicando este tipo de hallazgos, según reconocen habitualmente los servicios de desactivación alemanes, que continúan localizando decenas de artefactos cada año más de ochenta años después del final de la guerra.


