La apertura de diligencias por parte de la Fiscalía de Lieja se enmarca en el procedimiento habitual ante grandes incendios forestales de causa no determinada: no implica, por el momento, la existencia de ningún investigado concreto ni la atribución de intencionalidad. El objetivo de la instrucción es reconstruir la secuencia de hechos que llevó al inicio del fuego, en un espacio protegido de turberas y humedales situado en la provincia de Lieja, cerca de la frontera con Alemania.
La causa se encuentra en una fase inicial, orientada a la recopilación de indicios sobre el foco original antes de que las condiciones meteorológicas y la orografía del terreno dificulten cualquier reconstrucción fiable. En el modelo procesal belga, de estructura continental similar al español, la fase de instrucción precede al juicio y permite al ministerio público reunir pruebas y, en su caso, dirigir la causa contra una persona concreta si se acreditaran indicios de negligencia o intencionalidad. Hasta el momento no se ha identificado a ningún sospechoso.
El incendio, el segundo más extenso registrado en Bélgica, ha puesto a prueba la capacidad de respuesta del país. El ministro del Interior, Bernard Quintin, advirtió el domingo por la noche en declaraciones a la emisora RTL de que los equipos de emergencia se enfrentan a vientos «completamente impredecibles, cambiando de dirección 360 grados en un solo día», lo que ha impedido estabilizar el conjunto del perímetro afectado.
Los bomberos han logrado, no obstante, controlar el frente que amenazaba con avanzar hacia la localidad alemana fronteriza de Monschau, lo que ha permitido descartar por ahora una evacuación en territorio alemán. El fuego continúa, en cambio, progresando hacia el sur-sureste, en un terreno especialmente hostil para los medios terrestres por la ausencia de pistas de acceso y la abundancia de zonas de turberas y humedales.
Un dispositivo reforzado por media Europa
El dispositivo de extinción cuenta con el respaldo del Ejército belga, que ha desplegado seis camiones de extinción y un vehículo cisterna, según confirmó el ministro de Defensa, Theo Francken. A ellos se suman más de un centenar de policías federales y locales, además de bomberos, personal de Protección Civil, voluntarios y refuerzos internacionales, según detalló Quintin, que subrayó la aportación de material y personal de países vecinos.
La cooperación europea ha sido determinante en los primeros días. Países Bajos envió dos helicópteros con grandes depósitos de agua, mientras que Suecia desplegó el domingo por la tarde dos aviones cisterna Air Tractor que, tras repostar cerca de la localidad belga de Visé, realizaron sus primeros lanzamientos sobre el foco activo. «Gracias a Suecia y al pueblo sueco por su solidaridad y su valioso apoyo», escribió Quintin en la red social X. Alemania y Luxemburgo también han enviado dotaciones de bomberos a la zona.
El impacto del incendio trasciende ya las fronteras belgas. El departamento francés de Mosela activó una alerta por contaminación atmosférica ante la dispersión del humo generado por el fuego, un episodio que ilustra la capacidad de este tipo de siniestros para afectar a la calidad del aire en un radio amplio del centro de Europa.
El precedente que sirve de referencia en Bélgica es el citado «infierno de Dante» de 1911, que devastó cerca de 4.000 hectáreas de la misma reserva de Hautes Fagnes y que durante más de un siglo ha servido para dimensionar la gravedad de los incendios forestales en el país. El fuego actual, con más de 3.000 hectáreas calcinadas en apenas tres días, se sitúa ya como el segundo mayor registrado.
El municipio de Bütgenbach, parcialmente evacuado, ha sido escenario de una amplia respuesta ciudadana, con agricultores y empresas locales aportando maquinaria y apoyo logístico a los equipos de emergencia. Sin embargo, las autoridades municipales han pedido expresamente a vecinos y agricultores que se abstengan de desplazarse por iniciativa propia a la zona afectada, al constatar que la llegada desordenada de ayuda ha provocado embotellamientos y ha complicado la labor de los servicios de emergencia.
La instrucción abierta en Lieja deberá determinar en las próximas semanas si existen indicios suficientes para dirigir la causa contra alguna persona concreta. Un origen negligente o provocado podría además abrir la vía a responsabilidades civiles vinculadas a los daños medioambientales causados en un espacio protegido de singular valor ecológico. Las autoridades belgas no han ofrecido, por el momento, un calendario para la conclusión de las diligencias, que dependerá en buena medida de la evolución del propio incendio y del acceso de los peritos a la zona calcinada.


