La escena se produjo cuando la portavoz de Interior del PP quiso ilustrar con el objeto la situación que, según denuncia su grupo, viven las familias ceutíes ante la llegada masiva de inmigrantes a la ciudad autónoma. Armengol consideró que exhibir el espray incumplía las normas de la Cámara y ordenó su salida del Pleno.
En los pasillos del Congreso, ya fuera del hemiciclo, Vázquez defendió su gesto ante los periodistas. «Es un esperpento lo que acaba de hacer la señora Armengol», declaró la diputada, que insistió en que el bote «no es ningún arma» y que calificarlo así equivale a «acusar» a las mujeres y niños ceutíes de ir armados, cuando, según recordó, el reglamento de armas ampara este tipo de protección personal.
La diputada popular fue más allá y advirtió de que no renunciará a emplear el mismo recurso en futuras comparecencias: volverá a llevar el bote a la Cámara «las veces que haga falta», respondió cuando se le preguntó por ello, en un mensaje directo a la Mesa que preside Armengol.
El artículo 72 de la Constitución atribuye al presidente de cada Cámara el mantenimiento del orden en su interior, y el Reglamento del Congreso faculta a la Presidencia para llamar al orden e imponer la retirada del uso de la palabra o la expulsión del salón de sesiones a un diputado. La medida aplicada contra Vázquez, extraordinaria en la práctica parlamentaria, se enmarca en esa potestad disciplinaria.
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, respaldó de inmediato a su diputada y cargó contra la presidenta del Congreso. En declaraciones informales a la prensa en los pasillos de la Cámara, calificó la expulsión de «inaudita» y «vergonzosa», y sostuvo que «no es de recibo» tratar como arma un objeto que, dijo, llevan muchas mujeres y niños en la ciudad autónoma.
«No es de recibo [decir que la diputada ha traído un arma] cuando es un objeto que llevan muchas mujeres y niños en Ceuta. Es una vergüenza», declaró Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, en los pasillos del Congreso.
Feijóo vinculó además la decisión de Armengol con el desarrollo de la sesión de control, que definió como «bochornosa» y «devastadora» para el Gobierno. A su juicio, la expulsión perseguía «inflamar» el Pleno para desviar la atención de las respuestas del Ejecutivo.
El incidente político coincidió con otro episodio en el propio edificio: varias personas resultaron afectadas por un spray tóxico arrojado en los baños del hall del Congreso, lo que obligó a cerrar tres baños, una cocina y un comedor y a desalojar el despacho de Vox. Una mujer tuvo que ser atendida por los efectos del producto.
El trasfondo de la tensión remite a la crisis migratoria en Ceuta, donde la Policía calcula que permanecen escondidos unos 10.000 inmigrantes en pisos patera y casas abandonadas tras la entrada masiva del pasado 30 de julio. Ese mismo miércoles, la Guardia Civil interceptó en el Estrecho de Gibraltar una embarcación con 15 inmigrantes a bordo y detuvo al patrón, dentro del dispositivo de vigilancia reforzado desde entonces.
Sobre esa crisis se pronunció también Sumar, que reprochó a Pedro Sánchez haber admitido en una entrevista en la CNN que el control fronterizo marroquí «falló» durante la entrada masiva, una versión que, según el portavoz adjunto de la coalición y diputado de Compromís, Alberto Ibáñez, no trasladó al Congreso cuando compareció por el mismo asunto. «No nos contó esta parte, así que supongo que no tardarán en venir y dar explicaciones», advirtió Ibáñez. El episodio se suma a otros roces recientes en la Cámara, como la retirada definitiva de la acreditación de redactor a Vito Quiles.

