La presión de Washington llega cuando Kiev ha intensificado los ataques con drones y proyectiles de alcance creciente contra refinerías, oleoductos y terminales rusas, una estrategia que busca golpear la maquinaria bélica del Kremlin desde su retaguardia energética.
"Zelenski tiene que hacer una sola cosa. Tiene que parar de atacar el combustible diésel de Rusia. Que ataque otros objetivos, pero no el combustible diésel porque está provocando escasez de diésel", declaró Donald Trump, presidente de EE. UU.
El mandatario estadounidense insistió en que los problemas de suministro global no se explican por la guerra entre EE. UU. e Irán ni por el bloqueo del estrecho de Ormuz, sino por la campaña ucraniana contra la infraestructura energética rusa. "No queremos que ataque al diésel", reiteró Trump, un mensaje que contrasta con el respaldo militar que su gobierno ha mantenido hacia Kiev desde el inicio de la invasión rusa en 2022.
La postura choca con el balance que ofrecen los propios funcionarios ucranianos sobre el impacto de esos ataques. El portavoz presidencial ucraniano, Kirilo Budanov, señaló el sábado que Gazprom, la principal empresa de hidrocarburos rusa, ha pasado de valer 270.000 millones de dólares hace veinte años a unos 30.000 millones de dólares en la actualidad.
"El impacto es bastante serio", destacó Kirilo Budanov, portavoz presidencial ucraniano.
Peskov abre octubre para las trilaterales
En paralelo a la disputa sobre los ataques energéticos, el Kremlin abrió este domingo la puerta a retomar negociaciones trilaterales con participación de Washington, que podrían reanudarse en octubre tras meses de parálisis diplomática.
"No descartamos esa posibilidad. Hablamos precisamente de una perspectiva previsible. Es decir, no podemos excluir el mes de octubre", afirmó Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, citado por agencias rusas de prensa.
Las conversaciones trilaterales entre EE. UU., Rusia y Ucrania llevan meses estancadas. Negociadores estadounidenses han viajado tanto a Kiev como a Moscú, y Trump y el presidente ruso, Vladimir Putin, han sostenido comunicaciones telefónicas directas, pero varias rondas previas fracasaron sin acuerdo. La atención de la Casa Blanca se desvió después hacia el conflicto entre EE. UU. e Israel contra Irán, lo que retrasó cualquier avance sobre Ucrania.
El propio Zelenski había abierto una vía alternativa el sábado, al afirmar en una entrevista que estaría dispuesto a reunirse con Putin durante la cumbre del G20 prevista en Miami para diciembre. Peskov rechazó de inmediato esa posibilidad y la calificó de "imposible", insistiendo en que Moscú solo aceptaría un encuentro cara a cara si se celebra en la capital rusa.
Putin ha rehusado en múltiples ocasiones reunirse directamente con Zelenski para negociar el fin de una guerra que ya supera los cuatro años y que ha dejado miles de muertos y economías devastadas en ambos países. El asesor del Kremlin Yuri Ushakov reconoció este domingo que todavía no existe un marco de negociación definido.
"Por el momento existe la idea de que es necesario llegar a un acuerdo sobre la cuestión territorial. Pero también hay muchas otras cuestiones", señaló Yuri Ushakov, asesor del Kremlin.
La cuestión territorial —el control de los territorios ucranianos ocupados por Rusia desde 2014 y ampliados tras la invasión de 2022— sigue siendo el principal obstáculo para cualquier acuerdo de paz, junto con las garantías de seguridad que Kiev exige de sus aliados occidentales. La guerra ha reconfigurado el mapa energético europeo, forzando a la Unión Europea a diversificar proveedores tras años de dependencia del gas ruso, y ha convertido al diésel en un insumo estratégico para el transporte y la industria en varios continentes.
El pulso entre Washington y Kiev sobre los objetivos militares no es nuevo: EE. UU. ha condicionado en el pasado el uso de armamento y tecnología de largo alcance suministrado a Ucrania, buscando evitar una escalada que involucre directamente a la OTAN. La insistencia de Trump en frenar los ataques al diésel ruso se suma a esa tensión entre el respaldo militar occidental y el temor a una respuesta rusa de mayor alcance. La postura recuerda a la que Washington ya mantuvo con los misiles ATACMS entregados a Kiev, cuyo uso contra territorio ruso restringió durante meses la administración anterior.
La reanudación de las trilaterales en octubre queda condicionada a que Moscú y Washington acerquen posiciones sobre el estatus territorial, un punto que Ushakov reconoció este domingo como pendiente de resolución.
