Sánchez había afirmado horas antes que existen "argumentos y razones suficientes" para que Felipe VI viaje a Ceuta y Melilla, ciudades autónomas que el monarca no ha visitado desde su proclamación en junio de 2014. El presidente añadió que "esa visita se hará" cuando concurran las condiciones adecuadas, sin precisar plazos ni calendario.
Puente, preguntado por el alcance de esas palabras, evitó calificarlas de reproche directo a la Casa Real. "Yo no soy sospechoso de no hacer reproches a Casa Real si considero que hay que hacerlo, pero creo que en las palabras del presidente del Gobierno lo que se encierra es un reproche a los que han querido hacer una utilización de la figura del Rey para un debate político", declaró, en referencia a quienes sostienen que, de gobernar ellos, el monarca ya habría visitado la ciudad.
El ministro utilizó el balance histórico de visitas institucionales a Ceuta para reforzar su argumento. Según su relato, solo tres presidentes del Gobierno han pisado la ciudad autónoma en casi cinco décadas de democracia: Adolfo Suárez, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, este último en cinco ocasiones. Puente contrapuso esa cifra a las visitas de José María Aznar y Mariano Rajoy, que según él se limitaron a mítines de campaña electoral sin carácter institucional.
Sobre la Corona, Puente recordó que el Rey ha viajado una sola vez a Ceuta como jefe del Estado, en 2007, durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Aquel desplazamiento de Juan Carlos I, que también incluyó Melilla, generó una notable tensión diplomática con Marruecos, que llamó a consultas a su embajadora en Madrid en señal de protesta, un precedente que ilustra la sensibilidad histórica de cualquier viaje real a las ciudades autónomas, reivindicadas por Rabat.
Cuestionado sobre por qué el Ejecutivo no consideró oportuna una visita de Felipe VI en los primeros días de agosto, cuando se produjo la entrada masiva de migrantes a Ceuta, Puente respondió que, a su juicio, no concurrían entonces las condiciones necesarias para un viaje real a la ciudad. Interrogado sobre si percibe intentos de politizar o marcar ideológicamente al jefe del Estado, reconoció que "ese riesgo siempre existe", aunque matizó que, en su valoración, la Casa Real sabe delimitar "correctamente" el papel institucional que corresponde al monarca.
La Constitución de 1978 reserva a la Corona, en su artículo 56, una función de arbitraje y moderación del funcionamiento regular de las instituciones y la más alta representación del Estado, al margen de la confrontación partidista. Todos los actos del Rey requieren el refrendo del Gobierno, según el artículo 64, de modo que la responsabilidad política de una eventual visita a Ceuta recaería sobre el Ejecutivo y no sobre la propia Casa Real.
Rabat, «socio fiable» según el ministro
Puente defendió la relación bilateral con Rabat, a la que calificó de "socio muy fiable y necesario", y rechazó de forma tajante la tesis de que la entrada masiva de personas a Ceuta respondiera a una operación orquestada por las autoridades marroquíes. "Sé que vende mucho para algunos culpabilizar y responsabilizar a Marruecos, pero esa no es la posición del Gobierno", sostuvo, subrayando que la ausencia de confrontación pública con Rabat obedece a una decisión política y no a falta de autonomía.
El ministro enmarcó la gestión de la frontera en una perspectiva de desarrollo compartido, al afirmar que "Europa debe contribuir al desarrollo del norte de África" como vía para reforzar el control fronterizo. Ceuta, dijo, es "una de las fronteras más sensibles del mundo" por la diferencia de nivel de vida entre ambas orillas del Estrecho, un desequilibrio que, según argumentó, explica la presión migratoria y que solo podría reducirse con inversión y cooperación al desarrollo, no únicamente con medidas de contención física.
Ceuta, junto con Melilla, constituye una de las dos únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con el continente africano. La ciudad autónoma vivió en mayo de 2021 su episodio más grave, cuando alrededor de 10.000 personas cruzaron a nado o a pie en apenas dos días, en un momento de máxima tensión diplomática con Rabat tras la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Aquella crisis se saldó con la reconducción de las relaciones bilaterales y el giro español de marzo de 2022 sobre el Sáhara Occidental.
El asunto se produce en un momento en que la política migratoria concentra buena parte del debate público. El Partido Popular y Vox reclaman al Gobierno mayor firmeza frente a Rabat y una respuesta más contundente ante las llegadas irregulares, mientras el Ejecutivo defiende la vía de la cooperación bilateral como el instrumento más eficaz a medio plazo. Las formaciones de la oposición no han fijado una posición conjunta sobre la conveniencia de una visita real a Ceuta.
Ni Moncloa ni la Casa Real han precisado, hasta el momento, fecha o condiciones concretas para una eventual visita de Felipe VI a Ceuta y Melilla. El calendario de ese viaje, mencionado por Sánchez como una posibilidad futura sin plazo definido, queda supeditado a la evolución de la situación migratoria en la frontera sur, un asunto que previsiblemente seguirá marcando la agenda política del Gobierno en las próximas semanas.


