Según el relato oficial difundido por la coalición árabe, los proyectiles impactaron en una zona desértica próxima a la línea fronteriza que separa la provincia saudí de Najrán del territorio yemení. Al Maliki calificó lo ocurrido de "ataques terroristas" y sostuvo que la milicia "ha llevado a cabo estos ataques terroristas bombardeando indiscriminadamente objetivos civiles", en lo que describió como "una flagrante violación del Derecho Internacional Humanitario Consuetudinario al atacar deliberadamente a civiles y bienes civiles".
El portavoz añadió que el Comando de las Fuerzas Conjuntas de la coalición "continuará implementando todas las medidas disuasorias contra estas agresiones terroristas en defensa de los civiles", un mensaje que anticipa la continuidad de las operaciones de represalia. Riad lidera desde marzo de 2015 una alianza militar de varios países árabes, con apoyo logístico e inteligencia de Estados Unidos y Reino Unido, para combatir el avance de los hutíes tras el derrocamiento del entonces presidente yemení Abdrabuh Mansur Hadi.
El movimiento hutí —de confesión zaidí, próximo a Irán y con control efectivo sobre la capital yemení, Saná, desde 2014— no ha efectuado hasta el momento una reivindicación específica del ataque contra Najrán, que tampoco figura en el comunicado saudí. Sí reivindicó, en cambio, una serie de ataques con cohetes y drones contra posiciones militares gubernamentales en las gobernaciones de Marib y Hadramut, en el este y norte de Yemen.
Como consecuencia de esos ataques paralelos, el Ministerio de Defensa del Gobierno yemení reconocido internacionalmente —con sede administrativa en Adén tras la pérdida de Saná— informó de "la muerte de 17 soldados y oficiales" de las Fuerzas Armadas y de un número no precisado de heridos, atribuyendo la ofensiva al uso combinado de misiles balísticos y aeronaves no tripuladas de carácter suicida por parte de las milicias hutíes.
Once años de guerra sin desenlace militar
El conflicto yemení, uno de los más prolongados y menos visibles del panorama internacional, se remonta a 2014, cuando los hutíes tomaron Saná aprovechando la debilidad institucional surgida de la Primavera Árabe. La intervención saudí de 2015, respaldada por Emiratos Árabes Unidos y otros socios del Golfo, buscaba restaurar al Gobierno de Hadi y frenar lo que Riad interpreta como la expansión de la influencia iraní en la península arábiga, a través del estrecho de Bab al Mandeb, paso estratégico para el tráfico marítimo entre el mar Rojo y el golfo de Adén.
Naciones Unidas ha calificado repetidamente la situación humanitaria en Yemen como una de las peores crisis del mundo. La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha estimado en más de 150.000 los muertos directos e indirectos desde 2015 y ha cifrado en cerca de dos tercios de la población el volumen de personas que requieren algún tipo de asistencia humanitaria, en informes actualizados por la propia agencia en años recientes.
Una tregua auspiciada por Naciones Unidas en abril de 2022 redujo sustancialmente la intensidad de los combates durante varios meses, aunque expiró formalmente en octubre de ese año sin renovación oficial, dando paso a un periodo de violencia intermitente que se ha prolongado hasta la actualidad. Desde entonces, episodios como el denunciado este jueves en Najrán se han repetido de forma recurrente, sin que las negociaciones del enviado especial de la ONU para Yemen hayan logrado un acuerdo de paz definitivo.
Los hutíes han ampliado en los últimos años su capacidad de proyección militar más allá de las fronteras yemeníes, con ataques contra el tráfico marítimo en el mar Rojo desde finales de 2023, en el contexto de la guerra en Gaza, lo que llevó a Estados Unidos y varios aliados europeos a desplegar operaciones navales de protección de rutas comerciales en la zona. El conflicto yemení quedó así entrelazado con otras crisis regionales de Oriente Próximo.
El precedente más citado por analistas de la región es la llamada "guerra de las ciudades" de finales de los años ochenta entre Irán e Irak, cuando ambos bandos bombardearon poblaciones civiles como forma de presión estratégica. La lógica de desgaste, sin victoria militar decisiva de ninguna parte tras más de una década de combates, caracteriza igualmente al enfrentamiento saudí-hutí.
No hay constancia por el momento de una reacción oficial de Naciones Unidas ni de la Unión Europea a los incidentes de esta semana. Tampoco de que el Gobierno de España, que no mantiene tropas desplegadas en el conflicto yemení, haya emitido comunicado alguno, más allá de las posiciones que Exteriores ha fijado en el pasado en favor de una solución negociada bajo mediación de Naciones Unidas.
A corto plazo, la coalición liderada por Riad ha anticipado que mantendrá su respuesta militar frente a lo que considera agresiones hutíes, lo que apunta a la continuidad de intercambios de fuego en la frontera yemení-saudí en las próximas semanas. El enviado especial de la ONU para Yemen prosigue sus contactos para reactivar un marco de negociación que permita consolidar un alto el fuego duradero, sin que conste fecha para una eventual reunión de alto nivel entre las partes.


