El terremoto que golpeó a Chocó a mediados de agosto dejó pérdidas materiales y humanas cuya magnitud las autoridades departamentales y nacionales continúan cuantificando. En ese contexto de escombros, desplazamiento y necesidades básicas insatisfechas, la administración de Medellín decidió poner el foco en un aspecto que rara vez figura entre las prioridades de la respuesta humanitaria: la salud menstrual, reproductiva y sexual de las mujeres afectadas.
La secretaria de las Mujeres de Medellín, Valeria Molina Gómez, planteó que las emergencias no golpean por igual a toda la población. «Nuestra salud sexual y reproductiva es diferente, porque las mujeres seguimos lactando, menstruando, gestando y, adicionalmente, seguimos cuidando a los niños y las niñas, a las personas mayores, a las personas con discapacidad, en el marco de estas emergencias. Eso también necesita unos apoyos, unos acompañamientos, unas ayudas diferenciales», señaló la funcionaria al explicar el enfoque de género de la campaña.
La primera dama de Medellín, Margarita María Gómez Marín, hizo un llamado a la ciudadanía y al sector empresarial para vincularse a la donación. «Ante las emergencias provocadas por el terremoto, queremos seguir promoviendo acciones de solidaridad y llegar también a las mujeres con ayudas que respondan a sus necesidades», afirmó al presentar la iniciativa.
La ayuda contempla la conformación de kits que incluirían toallas higiénicas y otros elementos de higiene menstrual, insumos para la lactancia materna y productos de salud sexual. Están pensados para mujeres que, en medio de la crisis, deben seguir gestionando su ciclo menstrual, la crianza de menores y el cuidado de familiares en condición de discapacidad o adultos mayores, sin las condiciones mínimas de privacidad, agua potable o saneamiento que exige la emergencia. La secretaría distrital habilitó mecanismos para que tanto personas naturales como empresas puedan sumarse, ya sea aportando directamente kits armados o mediante contribuciones económicas que la Cruz Roja de Antioquia canalizaría hacia la compra y distribución de los elementos en Chocó.
La iniciativa se enmarca en una preocupación documentada por organismos internacionales en distintos escenarios de crisis humanitaria. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ha advertido, en el contexto del bloqueo de ayuda humanitaria en la Franja de Gaza, que cientos de miles de mujeres y niñas han debido gestionar su menstruación sin acceso a toallas sanitarias ni agua limpia, recurriendo en muchos casos a telas improvisadas ante el colapso de la infraestructura de saneamiento.
Un enfoque de género que gana terreno institucional
En Colombia, la salud menstrual ha ganado visibilidad institucional en los últimos años, particularmente desde la eliminación del IVA a las toallas higiénicas y tampones, una medida que buscó reducir la llamada «pobreza menstrual» que afecta de manera desproporcionada a mujeres en zonas rurales y de menores ingresos. Chocó es, precisamente, uno de los territorios con mayores índices de pobreza multidimensional del país según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), condición que la Cruz Roja de Antioquia señala como factor que agrava el impacto de la emergencia sobre la población femenina.
El precedente más cercano de articulación entre entes territoriales y organismos humanitarios en desastres naturales se remonta al terremoto del Eje Cafetero de enero de 1999, cuyo epicentro estuvo en Armenia. En aquella emergencia, la ayuda nacional e internacional se concentró en infraestructura, vivienda y atención médica de urgencia, mientras las necesidades diferenciales de género quedaron, según reconocieron después organizaciones de mujeres, en un segundo plano dentro de la respuesta.
Voceras de organizaciones de mujeres en Antioquia han sostenido en distintos espacios públicos que la respuesta a desastres naturales en el país tiende a priorizar la atención en vivienda, alimentación y salud general, mientras que las necesidades específicas de mujeres, niñas y personas gestantes quedan sujetas a la iniciativa de organizaciones sociales o entidades territoriales puntuales, sin que exista todavía un protocolo nacional unificado que las incorpore de manera obligatoria en los planes de contingencia.
La Cruz Roja de Antioquia, que opera como socio logístico de la campaña, cuenta con experiencia previa en la operación de ayuda humanitaria en Chocó, lo que —según la organización— facilita la distribución de las donaciones en las zonas más golpeadas por el sismo. La articulación entre una alcaldía y un organismo de socorro se enmarca en la arquitectura de gestión del riesgo del país, en la que los entes territoriales pueden sumar aportes a la respuesta coordinada por las autoridades nacionales.
La Alcaldía de Medellín no precisó un monto total esperado de recolección ni una fecha de cierre para la campaña, aunque indicó que la primera fase de entregas se concentrará en las mujeres damnificadas en Chocó, sin descartar que la iniciativa se extienda posteriormente a otras poblaciones vulnerables dentro del propio distrito.
La emergencia en Chocó continúa bajo la coordinación de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, entidad encargada de centralizar la respuesta institucional tras terremotos y otros eventos naturales en el país. Gobernaciones y alcaldías de otras regiones evalúan sumar apoyos adicionales en las próximas semanas, mientras la administración de Medellín mantiene abierta la convocatoria de donaciones a ciudadanos y empresas.
