El sistema electrónico de votación, operativo en Brasil desde 1996 y gestionado por el Tribunal Superior Electoral, permite un escrutinio rápido pese al volumen del censo, el mayor de América Latina. Un estricto despliegue de seguridad acompañó la apertura de los colegios a las ocho de la mañana, sin que se registraran incidentes de gravedad en las principales ciudades del país. La incógnita de la noche es si alguno de los dos candidatos define la victoria en primera vuelta o si el desenlace se prolonga hasta el 25 de octubre.
Lula votó pasadas las nueve en una escuela pública de São Bernardo do Campo, en el cinturón industrial de São Paulo, la ciudad donde arrancó su carrera como líder sindical metalúrgico antes de fundar el Partido de los Trabajadores. El recinto, con detectores de metales en los accesos de prensa y votantes, fue escenario de una declaración en la que el presidente ligó la contienda a dos asuntos que salpican a su rival: las milicias armadas y el caso del Banco Master.
«Brasil no saldrá adelante facilitando la venta de armas; Brasil saldrá adelante facilitando la distribución de libros de texto en las escuelas. Brasil no saldrá adelante con milicianos; Brasil no saldrá adelante con esa orgía que se hace en torno a la banda del Banco Master. Brasil saldrá adelante con seriedad, con un comportamiento de carácter y de dignidad de sus gobernantes», afirmó Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil y candidato a la reelección.
Casi una hora antes, Flávio Bolsonaro votó en Vila Isabel, zona norte de Río de Janeiro, el bastión histórico de la dinastía familiar. El senador del Partido Liberal pidió el voto de castigo contra el Gobierno y denunció el uso de recursos públicos en su contra, en un mensaje que resumió el eje central de su campaña contra la gestión lulista.
«Es un día muy importante para que el brasileño ponga fin a esta era del atraso. que apostó todo, que perdió los límites al usar dinero público y la maquinaria estatal para intentar interferir en las elecciones. Los amigos de Lula interfirieron en las elecciones, y eso tiene que cambiar. Brasil no aguanta más cuatro años de esto, y la única alternativa es Flávio Bolsonaro», declaró Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal.
El escándalo del Banco Master
La votación llegó tras semanas de turbulencia institucional por el caso de Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master, considerado el mayor escándalo financiero de la historia del país. La trama derivó en una crisis sin precedentes en el Tribunal Supremo tras revelarse contratos millonarios que involucraron al entorno del juez Alexandre de Moraes, asociado a la imagen de Lula, y al propio Flávio Bolsonaro, grabado presuntamente pidiendo dinero al banquero. Ambos bandos emplearon el caso como munición electoral, cada uno señalando al otro.
Los comicios no se limitaron a la Presidencia. Brasil eligió también gobernadores de los 26 estados y el Distrito Federal, los 513 escaños de la Cámara de Diputados, 1.035 parlamentarios regionales y dos tercios del Senado Federal, con 54 asientos en disputa directa en la Cámara Alta, institución clave en el control judicial y el equilibrio de poderes frente al Ejecutivo. Los sondeos previos apuntaban a un Senado de mayoría bolsonarista, lo que condicionaría la gobernabilidad del próximo mandato con independencia de quién ocupe el Planalto.
São Paulo, el mayor distrito electoral del país con 34 millones de votantes —el 21% del censo nacional—, se perfilaba para reelegir en primera vuelta al gobernador Tarcísio de Freitas, aliado de Bolsonaro. Minas Gerais ha actuado históricamente como termómetro que anticipa al ganador federal, mientras el nordeste permanece como bastión del lulismo y el centro-oeste, el sur y parte de la Amazonia muestran un bolsonarismo fortalecido, según el reparto territorial de la jornada.
Casi un millón de brasileños estaban habilitados para votar en 186 ciudades de 134 países. Los primeros datos llegaron desde plazas donde los colegios ya habían cerrado por diferencia horaria, como Australia, Nueva Zelanda, Japón, China y Corea del Sur. Las actas iniciales divulgadas por los consulados mostraban una ventaja de Lula en doce países frente a siete de Flávio Bolsonaro, un indicio parcial y minoritario frente al grueso del electorado interno.
La dinastía Bolsonaro en las urnas
Jair Bolsonaro, preso e inhabilitado tras su condena por el Tribunal Supremo, mantuvo pese a ello una influencia política visible al repartir a su familia por las urnas. Su hijo primogénito, Flávio, encabeza la candidatura presidencial, secundado por la exprimera dama Michelle Bolsonaro y por Carlos Bolsonaro, ambos favoritos al Senado por el Distrito Federal y Santa Catarina respectivamente. La ofensiva de la dinastía abarca a otros miembros del clan repartidos por distintas papeletas.
Si ningún candidato logra mayoría absoluta este domingo, la decisión se trasladará a una segunda vuelta prevista para el 25 de octubre, un escenario que la Constitución de 1988 contempla y que ya se produjo en comicios anteriores, incluida la elección de 2022, cuando Lula se impuso en segunda vuelta a Jair Bolsonaro con menos de dos puntos de diferencia. El resultado definirá no solo la Presidencia, sino la composición de un Congreso que deberá convivir con el próximo Ejecutivo entre las secuelas judiciales del caso Banco Master.
El desenlace de Brasil se inscribe en un año de intensa actividad geopolítica que el próximo gobierno deberá sortear, en paralelo a movimientos como que el Pentágono estacionaría dos enlaces en el Ministerio de Defensa de Taiwán. Con los colegios ya cerrados, el cómputo electrónico avanzaba esta noche para confirmar si el Palacio del Planalto se decide sin esperar al 25 de octubre.


