El perfil predominante entre quienes llaman a la entidad, según ha detallado Salas, es el de mujeres adultas de entre 45 y 60 años, casadas, separadas, divorciadas o viudas. Es un patrón que la organización viene observando y que coincide con franjas de edad expuestas a rupturas familiares, soledad no deseada o cargas de cuidados no reconocidas.
Uno de los fenómenos que preocupa a la entidad es el de las llamadas motivadas por lo que Salas describe como crisis existenciales: personas que, pese a contar con trabajo, vivienda y recursos materiales suficientes, experimentan un vacío que, de no atenderse a tiempo, puede derivar en pensamientos autolíticos. «Hay gente que tiene trabajo, vivienda, puede comer», pero sufre un malestar que, según el portavoz, debe intervenirse para «no caer en incitaciones suicidas».
Los trastornos de la alimentación constituyen otro de los motivos frecuentes de contacto. Según la entidad, muchos de estos casos tienen su origen en situaciones de acoso escolar o ciberacoso sufridas por las víctimas, un vínculo que los servicios sanitarios señalan como factor de riesgo en la población adolescente y juvenil.
La violencia machista figura también entre los motivos de llamada: 32 mujeres se pusieron en contacto con el servicio por esta causa durante el primer semestre. La entidad ha destacado además un perfil menos habitual: hombres que llaman al sentirse culpables del clima de rechazo generado en su ámbito familiar, un caso que, aunque minoritario, la organización considera relevante para entender las dinámicas de conflicto que llegan al teléfono.
Salas ha matizado que el incremento de llamadas no debe leerse necesariamente como un aumento proporcional del riesgo suicida en la población, sino también como reflejo de una mayor cobertura del servicio. «Esto se debe a que el servicio cada vez llega a más personas», ha explicado, apuntando a una posible reducción del estigma asociado a pedir ayuda.
Qué dicen las cifras oficiales
Los datos de la entidad se suman a los del Instituto Nacional de Estadística (INE), cuyo avance provisional para 2025 recoge 94 suicidios en Baleares —70 de hombres y 24 de mujeres—, cuatro menos que en 2024, cuando se contabilizaron 98. La comparación sitúa el dato en una tendencia relativamente estable en el archipiélago en los dos últimos ejercicios, según la propia estadística del organismo.
Un panorama distinto ofrecen los registros del servicio de emergencias sanitarias SAMU 061, que ha atendido 2.138 llamadas por ideaciones o intentos autolíticos entre enero y agosto de 2026, con 35 fallecimientos. La Conselleria de Salud del Govern balear ha señalado en un comunicado que estas cifras se aproximan ya a las de todo 2025, cuando se registraron 2.488 llamadas —una media de 6,8 diarias— y 49 fallecimientos en el conjunto del año.
La comparación entre ambos periodos apunta a una aceleración: si el ritmo de llamadas de los primeros ocho meses de 2026 se mantuviera hasta diciembre, el balance anual podría superar el de 2025. La Conselleria no ha ofrecido, no obstante, una proyección oficial sobre el cierre del ejercicio y ha remitido a los datos parciales disponibles hasta la fecha.
El suicidio es, según los informes del INE sobre defunciones por causa de muerte, la principal causa de muerte externa en España, por delante de los accidentes de tráfico, una realidad que ha impulsado planes de prevención estatales y autonómicos. Baleares integra su respuesta en la estrategia de salud mental del Servicio de Salud de las Illes Balears (Ib-Salut), que contempla la coordinación entre atención primaria, salud mental y servicios de emergencia como el SAMU 061.
A escala estatal, el Ministerio de Sanidad puso en marcha en mayo de 2022 la línea 024, un servicio gratuito y confidencial de atención a la conducta suicida que opera en paralelo a los recursos autonómicos y a entidades del tercer sector. El Teléfono de la Esperanza, presente en España desde 1968, mantiene delegaciones en distintas comunidades, entre ellas Baleares.
La coexistencia de varios canales de atención —el Teléfono de la Esperanza, la línea 024 y el propio SAMU 061— plantea el reto de coordinar los registros para evitar duplicidades en el recuento y ofrecer una imagen más precisa de la magnitud del fenómeno, un aspecto sobre el que la Organización Mundial de la Salud insiste habitualmente en sus recomendaciones sobre vigilancia epidemiológica del suicidio.
Los problemas sociales que rodean parte de las llamadas —vivienda, pobreza severa e inmigración— remiten a un contexto balear marcado por la presión sobre el mercado del alquiler y el coste de la vida, factores que las autoridades sanitarias vinculan con el deterioro de la salud mental de una parte de la población residente en el archipiélago.
De cara a los próximos meses, la Conselleria de Salud ha indicado que continuará el seguimiento mensual de los datos del SAMU 061 para valorar si la tendencia detectada entre enero y agosto se confirma o se modera en el tramo final del año. El Teléfono de la Esperanza, por su parte, prevé mantener su campaña de difusión para dar a conocer el servicio y que ninguna persona en crisis quede sin una vía de contacto inmediata.

