El proyecto, cuyo acrónimo SEEDS significa «Space Exposed Experiment Developed for Students» (Experimento expuesto al espacio desarrollado para estudiantes), partió de una colaboración entre la sede central de la NASA, el Centro de Investigación Langley y la empresa George W. Park Seed, especializada en la comercialización de semillas. La variedad elegida fue la Rutgers California Supreme, de la que se prepararon dos lotes idénticos: uno viajaría al espacio y el otro permanecería en la Tierra en condiciones controladas, como grupo de comparación.
El envío se realizó mediante la Instalación de Exposición de Larga Duración (LDEF), una estructura cilíndrica de doce lados y unas 9,7 toneladas de peso que carecía de propulsión y generación de energía propias. No estaba dedicada en exclusiva al proyecto de las semillas, sino que transportaba decenas de experimentos de distintos países. El transbordador Challenger la puso en órbita el 7 de abril de 1984, durante la misión STS-41-C, con la previsión de recuperarla aproximadamente un año después.
Ese calendario se truncó el 28 de enero de 1986, cuando el Challenger sufrió un accidente 73 segundos después del despegue en el que murieron sus siete tripulantes. Sin un sistema propio para corregir su trayectoria, la LDEF fue perdiendo altura progresivamente por el rozamiento con las capas superiores de la atmósfera, hasta descender a unos 280 kilómetros. Cuando finalmente pudo recuperarse, la plataforma se encontraba a pocas semanas de reingresar en la atmósfera y desintegrarse, lo que habría supuesto la pérdida definitiva de las semillas.
El Columbia rescató la LDEF el 12 de enero de 1990, durante la misión STS-32, tras 69 meses en órbita y más de 32.000 vueltas a la Tierra. Durante todo ese periodo, las semillas permanecieron dentro de contenedores sellados: no germinaron ni fueron cultivadas en el espacio, sino que se limitaron a exponerse a la radiación solar, los rayos cósmicos y la microgravedad para estudiar después sus efectos.
Casi 3,3 millones de estudiantes participaron
Una vez en tierra, comenzó la fase educativa del proyecto. Según un informe de la NASA, se repartieron cerca de 132.000 kits de plantación entre docentes de unas 40.000 escuelas, que llegaron a aproximadamente 3,3 millones de estudiantes de preescolar a la universidad. Cada kit incluía ambos lotes de semillas —las espaciales y las terrestres— junto con formularios para registrar la germinación, el crecimiento y la aparición de flores y frutos.
La agencia recibió cerca de 8.000 informes elaborados por los alumnos. Los resultados preliminares mostraron que germinó el 73,8% de las semillas que habían estado en órbita, frente al 70,3% de las conservadas en la Tierra. En los primeros seis meses tras la recuperación de la LDEF, las semillas espaciales tardaron una media de ocho días en germinar, por los 8,3 días de las terrestres, y durante las primeras tres o cuatro semanas las plantas procedentes del espacio crecieron algo más rápido.
Pasado ese periodo inicial, las plantas terrestres alcanzaron a las que procedían de semillas expuestas al espacio, y el resumen del proyecto no encontró diferencias relevantes entre ambos grupos ni en los frutos obtenidos. La NASA advirtió de que factores como el riego, la luz recibida o los cuidados aplicados en cada escuela podían influir en las observaciones, por lo que no todas las diferencias detectadas podían atribuirse necesariamente al tiempo pasado en órbita.
La propia agencia ha recurrido en otras ocasiones a experimentos con interés divulgativo para acercar la ciencia espacial al público, como la observación meteorológica desde satélites que permitió a la NASA captar cuatro ciclones simultáneos en el Pacífico, entre ellos los huracanes Polo y Nolo documentados desde el espacio. SEEDS, sin embargo, siguió un camino distinto: convertirse en uno de los proyectos científicos educativos de mayor alcance realizados con material expuesto al entorno espacial, con casi seis años de vuelo y una red de participación de escolares en 40 países.

