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Muere el hijo de Mohamed Abdelaziz al atacar el muro marroquí del Sáhara Occidental

El Frente Polisario pierde a Lahbib Abdelaziz, figura generacional clave, en un incidente que el movimiento califica de prueba de guerra activa.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Muere el hijo de Mohamed Abdelaziz al atacar el muro marroquí del Sáhara Occidental

Lahbib Abdelaziz, hijo del fundador y líder histórico del Frente Polisario Mohamed Abdelaziz —fallecido en 2016—, murió durante un ataque contra el muro de separación que Marruecos mantiene a lo largo del Sáhara Occidental. El movimiento saharaui confirmó el deceso en los últimos días y lo enmarcó como demostración de que el conflicto armado sigue activo sobre el terreno, pese al proceso de mediación en curso auspiciado por Naciones Unidas y respaldado por Washington.

Lahbib Abdelaziz: herencia simbólica y renovación fallida del Polisario

Lahbib Abdelaziz no era un combatiente anónimo. Era el hijo de Mohamed Abdelaziz, quien lideró el Frente Polisario durante cuatro décadas —desde la fundación del movimiento en 1973 en el entonces Sáhara Español hasta su muerte en mayo de 2016— y quien firmó el alto el fuego de 1991 con Marruecos tras dieciséis años de guerra abierta. Fuentes internas del Polisario, recogidas por medios especializados en el conflicto del Sáhara Occidental, lo describían como encarnación de 'la regeneración del Polisario': una figura capaz de tender un puente entre el legado fundacional de su padre y una militancia más joven, nacida ya en los campamentos de refugiados de Tinduf, en el suroeste argelino.

Su muerte sobre el terreno abre una doble fractura en el movimiento. La simbólica afecta a la narrativa de continuidad que el Polisario ha cultivado durante décadas como argumento de legitimidad ante la comunidad internacional. La política debilita el ala interna que apostaba por renovar la organización desde dentro, en un momento en que el movimiento afronta simultáneamente la presión militar sobre el muro marroquí, la reconfiguración de su relación con Washington y la ausencia de avances en el proceso negociador de Naciones Unidas, estancado desde 2019.

El muro de 2.700 kilómetros: construcción, función y contexto del ataque

El incidente se produjo en las inmediaciones del denominado muro marroquí o 'berm', una estructura de arena, roca, alambrada y minas antipersona que se extiende aproximadamente 2.700 kilómetros desde el norte del Sáhara Occidental hasta la frontera mauritana. Marruecos lo construyó entre 1980 y 1987, durante la guerra con el Polisario, para consolidar el control sobre la franja occidental del territorio —donde reside la mayor parte de la población civil bajo administración de Rabat— frente a la franja oriental, conocida como 'territorios liberados', de control nominal saharaui.

Desde noviembre de 2020, cuando el Polisario declaró el fin del alto el fuego tras un incidente en el paso fronterizo de Guerguerat —punto estratégico para el comercio marroquí con África subsahariana—, la violencia de baja intensidad se ha reanudado a lo largo del berm. El movimiento saharaui ha reivindicado decenas de ataques con artillería y drones contra posiciones marroquíes. Rabat, que no reconoce el estatuto de beligerante al Polisario, califica esas acciones de actos terroristas. En ese contexto de escalada sostenida, la muerte de Lahbib Abdelaziz constituye un episodio militarmente menor pero de carga simbólica muy superior a la media.

El Polisario señala una guerra en curso y mantiene la vía diplomática abierta

El Frente Polisario ha sido deliberadamente cuidadoso en su comunicación pública tras el incidente. Por un lado, ha señalado que la muerte de Lahbib Abdelaziz 'es la prueba de que hay una guerra en curso' en el Sáhara Occidental, rechazando cualquier narrativa que presente el conflicto como congelado o reducido a su dimensión política. Por otro, ha puntualizado de forma explícita que el fallecimiento no pone en riesgo el proceso de negociación auspiciado por Naciones Unidas con participación activa de Estados Unidos. Esa doble señal —presión militar sobre el terreno combinada con apertura diplomática— es coherente con el giro estratégico que el movimiento ha ejecutado en los últimos meses.

Ese giro supone un alejamiento notable de la línea histórica del Polisario, que durante décadas exigió un referéndum de autodeterminación con la independencia como única salida aceptable. El acercamiento a Washington se explica, en parte, por el reconocimiento que la administración Trump realizó en diciembre de 2020 de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel, en el marco de los Acuerdos de Abraham. La administración Biden no revirtió formalmente ese reconocimiento, y la administración actual mantiene, según el Departamento de Estado, una postura de apoyo a la 'autonomía amplia' bajo soberanía marroquí como solución 'seria y creíble'.

Marruecos defiende su plan de autonomía; la ONU renueva el mandato de la MINURSO

Rabat no ha emitido hasta el momento una respuesta oficial específica sobre la muerte de Lahbib Abdelaziz. La postura marroquí consolidada, sostenida ante Naciones Unidas desde 2007, defiende que cualquier solución al conflicto debe articularse a través de su plan de autonomía, que otorgaría al Sáhara Occidental un régimen de autogobierno dentro de la soberanía del reino. Marruecos considera cerrado el debate sobre la independencia y califica los ataques del Polisario de provocaciones que no alteran el proceso político. Desde la perspectiva de Rabat, el berm es una línea defensiva legítima dentro de su propio territorio.

El marco normativo aplicable es la Resolución 2703 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobada en octubre de 2023, que renovó por un año más el mandato de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) —desplegada desde 1991 con el mandato de supervisar el alto el fuego, aunque con capacidad operativa sistemáticamente limitada por las partes— y reafirmó el proceso de negociación bajo la égida del enviado especial Staffan de Mistura. El diplomático sueco-italiano, con experiencia en los procesos de paz de Siria y Afganistán, lleva desde 2021 intentando retomar las conversaciones directas entre Marruecos, el Polisario, Argelia y Mauritania, interrumpidas desde 2019. La muerte de Lahbib Abdelaziz complica, aunque no bloquea necesariamente, los equilibrios internos del Polisario de cara a cualquier eventual ronda negociadora.

Precedente: el alto el fuego de 1991 y las dos décadas de parálisis que lo siguieron

El deterioro actual del cese de hostilidades tiene un precedente estructural en el propio acuerdo que lo instituyó. El alto el fuego de septiembre de 1991, negociado bajo los auspicios de la ONU y la Organización para la Unidad Africana, puso fin a dieciséis años de guerra a cambio de la promesa de un referéndum de autodeterminación que nunca se celebró. Durante casi tres décadas, la situación se mantuvo formalmente congelada mientras las negociaciones se estancaban en desacuerdos sobre el censo electoral y el estatuto definitivo del territorio. La ruptura de noviembre de 2020 en Guerguerat reactivó una dinámica bélica que el incidente en el que murió Lahbib Abdelaziz ilustra con nitidez: la violencia de baja intensidad ha sustituido al conflicto abierto, pero no ha desaparecido.

Argelia como potencia de retaguardia en un Magreb sin diplomacia bilateral

Cualquier análisis del conflicto es incompleto sin abordar el papel de Argelia, que acoge en su territorio —en la región de Tinduf, extremo suroeste del país— los campamentos donde reside la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), entidad política proclamada por el Polisario y reconocida por más de ochenta países, aunque por ningún miembro permanente del Consejo de Seguridad. Argelia financia y arma al Polisario, y su rivalidad histórica con Marruecos —ambas potencias mantienen la frontera bilateral cerrada desde 1994— convierte el conflicto saharaui en un eje de la pugna regional por la hegemonía norteafricana. La muerte de Lahbib Abdelaziz se produce en un momento de tensión adicional: Argelia rompió relaciones diplomáticas con Marruecos en agosto de 2021, alegando 'actos hostiles', lo que reduce aún más los canales informales que históricamente han servido para gestionar las crisis en el terreno.

La confluencia de factores —la ruptura diplomática argelo-marroquí, el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí, el estancamiento del proceso de De Mistura y ahora la muerte del hijo del fundador del Polisario— configura el escenario más complejo que ha afrontado el conflicto desde la reactivación de las hostilidades en 2020. El mandato de la MINURSO expira de nuevo en octubre de 2024, fecha en que el Consejo de Seguridad deberá pronunciarse sobre su renovación y, potencialmente, sobre cualquier modificación de sus atribuciones que permita avanzar en la verificación del alto el fuego. Hasta entonces, la gestión interna del Polisario tras la pérdida simbólica de Lahbib Abdelaziz, y la respuesta que Marruecos decida dar o no dar públicamente al incidente, marcarán el tono de una negociación que De Mistura trata de mantener viva sin fechas confirmadas para una nueva ronda.

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