La excongresista no presentó su pérdida de la curul como una derrota electoral, sino como el precio de una convicción. "Para mí, no todo vale. Asumí con orgullo y responsabilidad con mi país ser oposición a Petro; me costó la curul y no me arrepiento", afirmó. El verbo que elige —"me costó"— es indemostrable por definición: nadie puede certificar cuánto de esa salida del Congreso se debe a los principios y cuánto a la aritmética electoral que gobierna el Capitolio Nacional.
La fractura entre Miranda y el oficialismo retrata algo más amplio que una biografía personal. Refleja la brecha entre un sector de Alianza Verde y el Pacto Histórico, dos fuerzas que compartieron cupos en el Congreso de la República al inicio del mandato y que hoy exhiben públicamente su divorcio. La coalición de gobierno de Petro, integrada por varios partidos, fue perdiendo apoyos parlamentarios a lo largo del cuatrienio, un desgaste que reformas como la laboral, la pensional y la de la salud pusieron a prueba en las comisiones constitucionales.
La memoria como control político
La frase más contundente de Miranda no es la de la curul perdida, sino la que cierra su pronunciamiento: fija su distanciamiento como un compromiso a futuro y no como un balance de coyuntura. Con ella anuncia que no habrá acuerdos ni alianzas legislativas con el sector oficialista en lo que resta del período constitucional.
"Petro ha sido lo peor que le ha pasado a Colombia y a mí no se me va a olvidar", declaró Katherine Miranda, excongresista de Alianza Verde.
Miranda insiste en que su labor de control político continuará desde fuera del recinto, enfocada en señalar las "inconsistencias" de la actual gestión. Calificó el desempeño del Gobierno como uno de los periodos de mayor complejidad para la estabilidad económica e institucional del país, un juicio que la propia exparlamentaria formula como valoración personal y no como diagnóstico respaldado por cifra oficial. La oposición sin banca ha encontrado antes en la denuncia pública su escaño de repuesto: Álvaro Uribe convirtió sus cuentas en la red social X en tribuna permanente contra los gobiernos de Juan Manuel Santos y del propio Petro tras dejar la Presidencia en 2010.
La declaración llega mientras la Casa de Nariño intenta apretar el acelerador en la búsqueda de mayorías legislativas para el nuevo Presupuesto General de la Nación bajo la administración de Abelardo de la Espriella. En ese tablero, cada excongresista que declara su oposición cerrada al petrismo no altera una votación en la plenaria, pero sí engrosa el relato de un ciclo político que termina con más adversarios declarados que aliados dispuestos a sostenerlo.
La frase de Miranda quedará donde ella misma la depositó: en el terreno de la memoria personal, no en el acta de ninguna comisión. "A mí no se me va a olvidar", dijo, y descartó cualquier alianza con el oficialismo en el tramo final del cuatrienio.
