El Costume Institute del Met organiza cada año una exposición monográfica que sirve de eje temático a la Met Gala, la velada benéfica que cada primer lunes de mayo congrega a la industria de la moda, el cine y la música bajo la dirección editorial de Anna Wintour. Elegir a un diseñador vivo como protagonista absoluto de ambas citas —muestra y gala— es un honor reservado a muy pocos nombres en la historia reciente de la institución, que en ediciones anteriores ha dedicado sus muestras a Rei Kawakubo, Alexander McQueen o Karl Lagerfeld, la mayoría ya fallecidos en el momento del homenaje.
La elección de Galliano, de 65 años, no era menor. Nacido en Gibraltar y formado en Central Saint Martins, el diseñador revolucionó la moda europea en los años noventa y dirigió Givenchy y posteriormente Dior entre 1996 y 2011, además de relanzar Maison Margiela bajo el grupo OTB desde 2014. Su salida de Dior se produjo tras ser filmado en 2011 profiriendo insultos antisemitas en un bar de París, un episodio que le costó el despido inmediato de la maison y una condena judicial en Francia por injurias de carácter racista y antisemita, aunque quedó eximido de pena de prisión.
Años después de aquel episodio, el propio Galliano reconoció públicamente su paso por rehabilitación y ofreció disculpas reiteradas, lo que allanó su regreso a la industria a través de Margiela, donde su etapa ha sido valorada por la crítica especializada como una de las más creativas de su carrera reciente. Sus desfiles de alta costura para la casa reforzaron la narrativa de una segunda oportunidad consumada dentro del sector.
La propuesta de convertirlo en el eje de la exposición y la gala más mediáticas del calendario de la moda reabrió, sin embargo, el debate sobre los límites del perdón público en una industria que en los últimos años ha estrechado el escrutinio sobre los comportamientos pasados de sus figuras, al calor de movimientos como el MeToo y de las políticas de diversidad e inclusión adoptadas por buena parte de las grandes maisons.
Un homenaje que reabrió el debate sobre los antecedentes del diseñador
Según habría trascendido, las críticas al proyecto se intensificaron por parte de colectivos que cuestionaban la oportunidad de dedicar el homenaje más destacado del Met a una figura con antecedentes de expresiones antisemitas, por muy documentado que esté su posterior proceso de disculpa. El propio diseñador habría comunicado su renuncia a la institución neoyorquina para evitar que la controversia eclipsara tanto la muestra como la velada benéfica, en un gesto que en el sector se interpreta como un intento de proteger tanto su reputación reconstruida como la imagen del museo, que depende en gran medida del mecenazgo privado y de las marcas de lujo para financiar sus actividades.
Ni el Metropolitan Museum of Art ni representantes de Galliano han ofrecido declaraciones oficiales que confirmen los términos exactos de la renuncia ni las razones últimas esgrimidas por ambas partes. El desenlace del proyecto de 2027 permanece, por tanto, abierto a la espera de un anuncio formal por parte de la institución, que tradicionalmente comunica el eje temático de su exposición y su gala con varios meses de antelación y suele vincularlo a un archivo de diseñador, un movimiento estético o una etapa histórica de la moda.
El mecanismo por el que funciona el Costume Institute explica buena parte de la cautela institucional: se trata del único departamento del Metropolitan que debe financiarse de manera autónoma, en gran medida gracias a lo recaudado en la Met Gala. Esa dependencia del patrocinio de las grandes casas de lujo condiciona la gestión de cualquier controversia que pueda afectar a la percepción pública del evento y a la disposición de los mecenas.
El caso enlaza con precedentes de instituciones culturales que han revisado homenajes, retrospectivas o galardones ante la presión pública, en un contexto de mayor exigencia social sobre a quién se legitima desde los grandes centros del arte y la moda. La tensión entre la valoración de la obra de un creador y su historial personal ha atravesado en los últimos años a museos, festivales y academias tanto en Europa como en Estados Unidos.
La renuncia de Galliano abre ahora un doble interrogante para el Met: decidir un sustituto o reformular el proyecto de 2027 y hacerlo con el tiempo suficiente para articular una exposición de la envergadura habitual del Costume Institute. La institución no ha fijado públicamente un calendario para ese anuncio.
La industria de la moda, entre tanto, observa el desenlace como un termómetro de hasta qué punto el sector está dispuesto a separar la valoración artística de un creador de su historial personal, un debate que previsiblemente se prolongará más allá de la decisión concreta sobre la muestra del próximo año.

