Omaña cuestionó que el mandatario necesitara un arma al cinto y lo planteó como un asunto de psicología masculina. Pidió que el Gobierno «opere con inteligencia y no bajo los acelerados mandatos de un pequeñísimo hombre que necesita portar un arma sin tener la responsabilidad de hacerlo solo porque tiene que satisfacer su hombría».
Gómez respondió acusando a la oposición de tender una «cortina de humo» para tapar que el gobierno de Gustavo Petro «entregó intencional, consciente y sistemáticamente el territorio a narcos y guerrilleros», y sostuvo que el presidente porta el arma porque está llegando a las zonas donde tienen presencia los grupos criminales. Enseguida lanzó la pulla que quedó como la más citada de la sesión.
«Tal vez en las orgías del doctor Gustavo Petro en Palacio de Nariño no necesitaba una pistola, sino otro tipo de armamento», señaló el senador Enrique Gómez, de Salvación Nacional.
El ministro del Interior, Rodrigo Lara, intervino en defensa del jefe de Estado con el argumento de la cercanía territorial. Su intervención buscó reencuadrar la polémica sobre el arma como un gesto de presencia frente al crimen y no como una excentricidad presidencial.
«Un presidente que está en terreno. Está enfrentando a los criminales directamente en las calles de Santa Marta. El mensaje es muy importante, es decirles a los criminales: ustedes no van a doblegar la voluntad de los colombianos», afirmó el ministro Rodrigo Lara.
Lara añadió que «los primeros meses van a ser duros» porque así reaccionan las estructuras criminales cuando se les persigue, y reiteró el mensaje del Ejecutivo de que trabaja para garantizar seguridad a las comunidades. El propio De La Espriella confirmó que combatirá esas estructuras y notificó directamente a los grupos que sostienen el paro.
«A los bandidos de Los Pachenca y de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra se los notifico con absoluta claridad: el Estado, con toda su fuerza legítima, no dará un solo paso atrás ante sus cobardes amenazas», afirmó el presidente Abelardo De La Espriella.
El contraste resulta instructivo: mientras el Ejecutivo dice dirigir un puesto de mando unificado contra un paro armado con nombre propio, la plenaria dedicó buena parte de su tiempo a decidir si un arma al cinto revela inseguridad viril o si unas supuestas orgías presidenciales son argumento de política pública. El debate sobre la vigilancia y el uso del cuerpo en el espacio público colombiano ya ha tenido otros episodios, como cuando esta sección discutió la justicia de la gente.
Ninguna de las dos bancadas mencionó, en el fragor del cruce, una sola cifra sobre el avance del paro armado, sus víctimas o el resultado de los golpes que el Gobierno afirma haber propinado. La pistola del presidente ocupó más minutos de debate de control político que el propio paro que, según Gómez, la justifica. Si el Congreso quisiera fiscalizar algo con utilidad, tendría mejores blancos que el cinturón ajeno.

