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El USS Baltimore relevará al Jimmy Carter en la guerra submarina de EEUU

Electric Boat describió el fondo marino como «el último espacio de batalla» en una oferta de empleo de agosto de 2026 para el programa SSW.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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La Marina de Estados Unidos prepara el futuro USS Baltimore (SSN 812), un submarino nuclear de ataque de la clase Virginia todavía en construcción, para relevar al USS Jimmy Carter en las misiones de guerra submarina y del lecho marino, según una oferta de empleo que Electric Boat publicó en agosto de 2026. El Jimmy Carter es hoy el único submarino de la flota estadounidense preparado para ese tipo de operaciones.

La pista más consistente procede del propio proceso de contratación. Electric Boat, el astillero de General Dynamics en Groton (Connecticut), buscaba en agosto de 2026 un responsable de pruebas de ingeniería para el programa de guerra submarina y del lecho marino, conocido por sus siglas en inglés como SSW. El anuncio, difundido en el portal oficial de reclutamiento BuildSubmarines, especificaba que la capacidad se reservaba para un único submarino de la clase Virginia, perteneciente a los últimos ejemplares del llamado Bloque V.

Ese dato encaja con lo que ya adelantó el Servicio de Investigación del Congreso estadounidense en enero de 2026: uno de los dos submarinos Virginia adquiridos con el presupuesto de 2024 se construirá en una versión modificada para misiones en el fondo oceánico. Los documentos presupuestarios de investigación de la Marina de junio de 2025 y abril de 2026 vinculan ese encargo al casco número 812, el del futuro Baltimore.

No hay cifra pública específica para esta variante del submarino. En mayo de 2025, un grupo de 67 congresistas firmó una carta en la que solicitó 225 millones de dólares adicionales, unos 196 millones de euros, para el programa SSW, por encima de lo que el Gobierno había pedido para el ejercicio de 2026.

El Jimmy Carter, el último y más avanzado submarino de la clase Seawolf, posee una característica única en la flota: una extensión del casco de 100 pies, unos 30 metros, conocida como plataforma multimisión. Según el mando naval responsable de su mantenimiento, ese tramo añadido, de unas 2.500 toneladas, funciona como un taller flotante que permite investigación y desarrollo submarino y apoyo a los comandos SEAL. Sus misiones concretas permanecen clasificadas.

El Baltimore heredará ese papel, pero con un diseño distinto. Los Virginia más recientes incorporan un módulo central, el VPM, una sección añadida al casco con cuatro tubos de gran calibre para lanzar misiles, drones y otras cargas. Según cálculos del Congreso, esa modificación permite embarcar 28 misiles Tomahawk adicionales y eleva la eslora del submarino hasta unos 461 pies, cerca de 140 metros.

La quilla de lastre y el buceo de saturación

En la versión Baltimore, parte de ese espacio dedicado a armamento podría reconfigurarse o reducirse. A cambio, el submarino recibiría una quilla de lastre más larga, alojamiento para buceo de saturación, equipos para manejar vehículos conectados por cable y una red eléctrica independiente para sus sistemas especiales, denominada NPES por la Marina estadounidense.

El buceo de saturación es una técnica mediante la cual los submarinistas permanecen varios días en una cámara presurizada respirando una mezcla de gases específica, lo que les evita los procesos de descompresión tras cada inmersión profunda. La ecuación final del rediseño es clara: menos capacidad de misiles a bordo a cambio de más herramientas para operar en el lecho marino.

El interés por el fondo oceánico no es casual. Por el lecho marino discurren cables de datos y energía esenciales para economías enteras. En marzo de 2026, el vicealmirante Richard Seif, jefe de la fuerza submarina estadounidense, compareció ante una comisión del Congreso centrada en la rivalidad con China y advirtió de que la proliferación de drones submarinos incrementa la amenaza sobre esos cables y sus nodos de conexión.

Seif citó ejemplos concretos, como los cables cortados en el mar Báltico por mercantes de bandera rusa y los incidentes sufridos por Taiwán, un asunto que conecta con los movimientos de refuerzo militar estadounidense en la isla, como el posible despliegue de dos enlaces del Pentágono en el Ministerio de Defensa taiwanés. El vicealmirante mencionó además los planes chinos para desplegar una red de sensores en el fondo de sus mares cercanos, una iniciativa que algunos analistas han apodado la «Gran Muralla Submarina».

China cuenta ya con un buque nodriza dedicado a sus drones submarinos, mientras que la Armada estadounidense prueba un sistema centinela capaz de detectar vehículos no tripulados bajo el agua. El trasfondo es una competición por el control de un espacio todavía mayoritariamente inexplorado: según la agencia oceánica estadounidense NOAA, en abril de 2026 solo se había cartografiado con sonar moderno el 28,7% del lecho marino del planeta.

La apuesta por una plataforma dedicada tiene raíces en la Guerra Fría. El USS Halibut, convertido en los años sesenta para operaciones en el fondo marino, fue el submarino que en 1971 localizó y pinchó cables de comunicaciones soviéticos en el mar de Ojotsk, en la operación Ivy Bells revelada años después; aquel linaje de submarinos espía de aguas profundas desembocó precisamente en el Jimmy Carter, al que ahora se busca sustituto.

«El último espacio de batalla», describió Electric Boat el fondo marino en su oferta de empleo de agosto de 2026 para el programa de guerra submarina y del lecho marino.

No existe calendario público de entrega para el Baltimore, por lo que no consta cuándo tomará el relevo operativo del Jimmy Carter. Lo que sí revelan los documentos presupuestarios y la oferta de empleo de Electric Boat es la dirección estratégica de la Marina estadounidense: hacia el fondo del océano, donde se libra ya una parte silenciosa de la competencia entre grandes potencias.

Fuentes

  1. OKDiariookdiario.com

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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