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Reino Unido nacionaliza British Steel tras romper con la china Jingye

El Gobierno británico asume el control de la siderúrgica de Scunthorpe con efecto inmediato para proteger la producción nacional de acero, según una única fuente.

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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El Gobierno del Reino Unido ha anunciado, según informó, la nacionalización con efecto inmediato de British Steel, la histórica siderúrgica con sede en Scunthorpe, después de que las negociaciones con su propietaria, la compañía china Jingye Group, no llegaran a buen puerto.

Una crisis larvada en los altos hornos de Scunthorpe

El anuncio, sitúa el episodio en la estela de una crisis en torno a la viabilidad de los altos hornos de Scunthorpe, las últimas instalaciones del Reino Unido capaces de producir acero virgen a partir de mineral de hierro. Jingye Group, que adquirió British Steel en 2020, había planteado en el pasado la reconversión de la planta hacia hornos eléctricos de arco, un proceso que implicaba recortes de plantilla y el fin de la producción tradicional a partir de carbón coque.

Según la información, la falta de acuerdo con la propietaria china sobre la continuidad de la actividad habría precipitado la decisión de intervenir directamente. Este medio no ha podido confirmar de forma independiente los términos exactos de la negociación ni el detalle jurídico de la operación, por lo que estos extremos deben leerse con la cautela propia de una información basada en una única fuente. El Mundo cifra en cero las corroboraciones adicionales al cierre de esta pieza.

Un giro respecto a la era de las privatizaciones

La nacionalización, de confirmarse en los términos descritos, supondría uno de los movimientos más significativos de intervención estatal en la industria británica desde la ola de privatizaciones de la era Thatcher. British Steel fue traspasada al sector privado en 1988, tras haber nacido como empresa pública en 1967 de la fusión de compañías privadas bajo el gobierno laborista de Harold Wilson. El eventual retorno, siquiera parcial o temporal, de la siderúrgica a manos del Estado marcaría un giro en la política industrial del Reino Unido tras el Brexit.

La privatización de 1988 formó parte de una oleada que en la misma década alcanzó a British Telecom, British Gas y British Airways, símbolo del programa económico de Margaret Thatcher. El retorno al control estatal cerraría así un círculo de casi cuatro décadas de gestión privada marcada por fusiones y sucesivos cambios de propietario, hasta la entrada del capital chino en 2020.

La dimensión geoestratégica del acero

Más allá de la disputa empresarial concreta, el episodio se inserta en una tensión más amplia entre las economías occidentales y China por el control de industrias consideradas críticas para la seguridad nacional. El acero, junto con los semiconductores, las tierras raras y las baterías para vehículos eléctricos, figura entre los sectores que gobiernos europeos y el propio Reino Unido han identificado como vulnerables a la dependencia de proveedores extranjeros, especialmente tras las disrupciones de las cadenas de suministro provocadas por la pandemia y la invasión rusa de Ucrania en 2022.

La Unión Europea, de la que el Reino Unido salió formalmente en 2020, mantiene desde hace años mecanismos de defensa comercial frente a las importaciones de acero chino, a las que atribuye competencia desleal por sobreproducción subvencionada. Londres, ya fuera del marco arancelario comunitario, ha tenido que diseñar su propia política comercial en la materia, un terreno en el que la nacionalización de British Steel se leería como un mensaje de autonomía estratégica frente a Pekín.

El marco jurídico de una intervención pública

En términos de procedimiento, una nacionalización industrial en el Reino Unido puede articularse por vías distintas: la compra negociada de acciones, la expropiación mediante ley específica del Parlamento o la asunción de la gestión bajo poderes de emergencia, dejando la titularidad formal en suspenso. Cada fórmula conlleva consecuencias diferentes en cuanto a compensación al antiguo propietario y a la reversibilidad de la medida. La información disponible no permite todavía determinar cuál de estos mecanismos ha empleado el Ejecutivo británico ni si la medida es permanente o transitoria.

Reacciones pendientes de contraste

Hasta el momento no han trascendido, a través de fuentes distintas a la citada por El Mundo, declaraciones oficiales del Departamento de Negocios y Comercio británico, del primer ministro ni de representantes de Jingye Group que permitan contrastar de manera independiente el alcance real de la medida.

Los sindicatos británicos del sector, entre ellos Community y GMB, han venido reclamando garantías de empleo en Scunthorpe, donde trabajan varios miles de personas de forma directa e indirecta. De confirmarse la intervención estatal, sería previsible que estas organizaciones reclamen compromisos concretos sobre el mantenimiento de la actividad y la inversión en la modernización de las instalaciones, aunque no consta pronunciamiento formal en el material disponible.

Qué queda por aclarar y en qué plazos

A la espera de una segunda fuente que corrobore la información, quedan por precisar aspectos esenciales: el coste de la operación para las arcas públicas británicas, el marco legal exacto empleado para la transferencia de propiedad y el papel de Jingye Group en la retirada, incluidas posibles compensaciones o litigios derivados de la ruptura del acuerdo.

El desenlace de este episodio, de confirmarse en los términos difundidos, marcará en las próximas semanas si el Gobierno británico opta por una gestión pública prolongada de British Steel o por una fórmula de transición hacia un nuevo inversor, así como el impacto en las relaciones comerciales entre Londres y Pekín. Hasta que existan pronunciamientos oficiales y una corroboración independiente, el alcance definitivo de la medida permanece sujeto a verificación.

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