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Los grupos del Senado giraron 21,5 millones a sus partidos en cinco años

El 57% de los 37,7 millones recibidos entre 2021 y 2025 para gastos de funcionamiento acabó en las cajas de las formaciones, según las cuentas abreviadas de las bancadas

Por Redacción de El Hemiciclo·
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El Senado destinó casi 7,6 millones de euros en 2025 a subvencionar el funcionamiento de los grupos parlamentarios, con cargo a su presupuesto y al amparo del artículo 27.6 del Reglamento de la Cámara Alta, según los datos de ejecución presupuestaria de la institución.

La fórmula tiene cobertura legal. El texto reglamentario establece que «el Senado facilitará a los grupos parlamentarios, con cargo al presupuesto de la Cámara, una aportación económica para su funcionamiento». Esa aportación se fija cada año y en 2025 alcanzó los 15.732 euros mensuales fijos por grupo, más 1.966 euros adicionales por cada senador integrado en él. Aunque el importe es en principio de libre disposición, la propia Mesa de la Cámara acordó que su uso debe ceñirse «dentro, en todo caso, de la finalidad general de atender a los gastos de funcionamiento» de los grupos. Es esa cláusula la que ha permitido que buena parte del dinero fluya hacia las sedes de los partidos en concepto de aportaciones o transferencias.

El modelo actual procede de una reforma de octubre de 2018, cuando la Mesa del Senado decidió simplificar un sistema que hasta entonces contemplaba cuatro prestaciones distintas: una de carácter general y tres finalistas, destinadas específicamente a gastos de locomoción (hasta 6.800 euros mensuales), labores de asesoramiento (hasta 10.500 euros) y atenciones protocolarias. Aquel acuerdo refundió las tres partidas finalistas en la subvención general, que entonces quedó fijada en 8.800 euros mensuales por grupo más 1.700 euros por senador, cifras que se han ido actualizando hasta los importes vigentes.

La posibilidad de conocer, siquiera de forma general, el destino de estos fondos públicos se debe a un pacto de transparencia alcanzado hace años entre las fuerzas con representación en el Senado, que obliga a cada grupo a rendir cuentas anualmente detallando de forma agregada cómo se han empleado los recursos recibidos. Los estados contables correspondientes a 2025, publicados por la Cámara Alta hace unas semanas, permiten reconstruir el reparto por formación.

Cómo se repartió el dinero por grupos

El Grupo Socialista transfirió a la caja del PSOE tres de cada cuatro euros de los 2,27 millones que recibió en 2025, según esos mismos estados contables. El Grupo Popular, con 3,6 millones de euros de subvención, destinó su principal partida —un 28% del total— a gastos de personal, un patrón de uso distinto al de otras bancadas. Las formaciones nacionalistas siguieron un modelo diferente: tanto el Grupo Vasco, integrado por el PNV, como el Grupo Plural, que agrupa a Junts, BNG y Coalición Canaria, cedieron la totalidad de su subvención para financiar directamente a sus respectivos partidos, sin que sus cuentas reflejen gastos de funcionamiento propios de la actividad parlamentaria en el Senado.

El Grupo de Izquierda Confederal, que reúne a representantes de Más Madrid, Compromís, Geroa Bai, la Agrupación Socialista Gomera y una coalición de PSOE y Sumar para la circunscripción de Ibiza-Formentera, ofrece en su contabilidad un mayor nivel de desglose. Sus cuentas recogen reintegros de gastos a parlamentarios, tickets de restauración y varios contratos de asesoría: 13.260 euros para Juan Manuel Bethencourt Padrón, consultor vinculado a Coalición Canaria y exdirector general de comunicación en el primer mandato de Fernando Clavijo al frente del Gobierno canario; 7.247 euros para la asesora de Compromís Idoia Arreaza; y pagos por valor de 1.995 euros a título individual y 26.015 euros a través de la consultora Kairos Publics para Lluís Miquel Campos Sanchis, que fue jefe de gabinete del expresidente de las Cortes Valencianas y hoy senador Enric Morera, y que figura como administrador de dicha consultora.

Solo en las cuentas abreviadas de los senadores de Vox y del Grupo Vasco se hace mención expresa a la existencia de acuerdos o convenios de colaboración «por prestación de servicios», en virtud de los cuales las respectivas formaciones han facturado al grupo parlamentario por labores realizadas, una fórmula que introduce un matiz distinto respecto a la simple transferencia de fondos hacia el partido.

Un control repartido entre la Cámara y el Tribunal de Cuentas

La financiación de los partidos políticos en España está regulada por la Ley Orgánica 8/2007, de financiación de los partidos políticos, modificada en varias ocasiones —entre ellas en 2012 y 2015— para reforzar los mecanismos de control tras sucesivos casos de financiación irregular. El Tribunal de Cuentas es el organismo encargado de fiscalizar anualmente las cuentas de los partidos, incluidas las aportaciones procedentes de sus grupos parlamentarios en las distintas cámaras. Las subvenciones a grupos no son una singularidad del Senado: el Congreso de los Diputados cuenta con un mecanismo análogo, regulado por su propio Reglamento, si bien el grado de detalle de la rendición de cuentas difiere entre cámaras.

El debate sobre el destino de estos fondos tiene precedentes. La reforma de 2018 que suprimió las subvenciones finalistas en el Senado se enmarcó en una etapa de mayor escrutinio del gasto de las instituciones surgida a raíz de los casos de financiación irregular que salpicaron a varias formaciones en la década anterior, y que impulsaron las modificaciones de la ley orgánica de 2012 y 2015. Ya entonces, distintas asociaciones dedicadas a la transparencia institucional reclamaron que todas las cámaras legislativas, nacionales y autonómicas, publicasen el desglose completo del gasto de cada grupo.

Los grupos mayoritarios han defendido en el pasado que la transferencia de fondos a la estructura central del partido responde a la necesidad de sufragar gastos de coordinación política, comunicación y organización que exceden la actividad parlamentaria estricta, y que la práctica se ajusta a la finalidad genérica de «funcionamiento» que contempla el Reglamento del Senado. Formaciones minoritarias, por su parte, han reclamado en distintas ocasiones una revisión del sistema de subvenciones que incluya topes o condiciones más estrictas sobre el destino final de los fondos.

La rendición de cuentas de los grupos del Senado correspondiente al ejercicio 2025 ya ha sido publicada, por lo que el foco se traslada a si la Mesa de la Cámara Alta valorará introducir cambios en el sistema de subvenciones. Cualquier modificación del modelo, como ocurrió en 2018, requeriría un acuerdo de la propia Mesa, sin que por el momento se haya anunciado formalmente una revisión del sistema vigente.

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