El caso más reciente corresponde a un video compartido la noche del lunes en el municipio de Coello, en el Tolima, donde se observaría a una zarigüeya ratón alejándose del área quemada. Quien difundió el material pidió activar el protocolo de fauna en situaciones de desastre y exhortó a la gobernación del Tolima y a la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) a tomar medidas, un llamado que, de confirmarse la magnitud de los incendios, pondría a prueba la capacidad de respuesta interinstitucional prevista para este tipo de emergencias.
Ese mismo lunes se conoció además una solicitud de auxilio del refugio Amorosos Ibagué, ubicado en la vereda Gualanday, cuyos voluntarios habrían evacuado de urgencia a una decena de perros, gallinas y otros animales previamente rescatados ante el avance del fuego hacia sus instalaciones. Los responsables del albergue pidieron ayuda pública para trasladar a los animales a un lugar seguro, en un episodio que ilustra la vulnerabilidad de los refugios rurales cuando los incendios se acercan a zonas habitadas.
Durante el fin de semana anterior se difundieron otros registros que mostrarían las dificultades de la fauna silvestre en las áreas afectadas. Uno de ellos exhibe a un perro de monte hallado por guardabosques en estado de deshidratación, al que habrían dado agua tras encontrarlo en la zona del incendio. Desde Nariño circuló también la imagen de un oso hormiguero captado, según la publicación, huyendo en busca de refugio en el cañón del Juanambú tras la afectación de su hábitat natural.
En el municipio de San Luis, en el Tolima, específicamente en la vereda Santa Isabel, otro video habría documentado el alcance de las llamas y el daño causado a la fauna local, con afirmaciones —atribuidas a usuarios de redes sociales— sobre animales que habrían perdido su hábitat y algunos que habrían muerto calcinados. Estas versiones, por su origen, no han sido corroboradas de manera oficial hasta el momento.
El único pronunciamiento institucional confirmado hasta ahora corresponde a la CAM, que reportó en el departamento del Huila el rescate de dos crías de yaguarundí, un felino silvestre de tamaño mediano presente en gran parte del territorio colombiano. La corporación no ha detallado aún el estado de salud de los animales ni el sitio exacto donde se produjo el hallazgo.
Un protocolo de fauna que no consta activado
Colombia cuenta con un protocolo nacional de atención a fauna silvestre en emergencias, coordinado por las corporaciones autónomas regionales en articulación con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y, cuando aplica, con el Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Este mecanismo prevé la instalación de centros de atención temporal, la evaluación veterinaria de los ejemplares rescatados y, en los casos que lo permitan, su posterior liberación en hábitats no afectados. La activación formal de dicho protocolo en Tolima y Nariño no ha sido confirmada públicamente por las autoridades ambientales.
Cortolima y la gobernación del Tolima, mencionadas directamente en los llamados de auxilio difundidos en redes sociales, no habían emitido hasta el momento un pronunciamiento oficial sobre las denuncias ni sobre el estado de los incendios en Coello y San Luis. Tampoco se conoce una respuesta pública de la autoridad ambiental de Nariño respecto al caso del oso hormiguero en el cañón del Juanambú.
Las corporaciones autónomas regionales, creadas por la Ley 99 de 1993, tienen a su cargo la administración de los recursos naturales renovables y el medio ambiente dentro de su jurisdicción, lo que incluye la atención de emergencias ambientales como incendios forestales y la protección de la fauna silvestre en riesgo. La coordinación entre estas entidades, la UNGRD y los cuerpos de bomberos voluntarios resulta determinante para la velocidad de respuesta ante focos activos en zonas rurales de difícil acceso. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) es la entidad encargada de monitorear el riesgo de incendios y emitir alertas tempranas por departamento, aunque el material disponible no incluye un pronunciamiento específico de ese instituto sobre los focos activos.
La temporada de incendios forestales en Colombia suele intensificarse en los meses de menor precipitación, particularmente entre diciembre y marzo y, en algunas regiones andinas, también hacia mediados y finales de año cuando se presentan periodos secos prolongados. El país ha registrado episodios similares en años anteriores, como los incendios de gran magnitud ocurridos en 2016 durante un fenómeno de El Niño intenso, que afectaron miles de hectáreas en varios departamentos, incluido el Tolima, y motivaron la declaración de calamidad pública en algunas regiones. Aquellos episodios dejaron igualmente reportes de fauna silvestre afectada y sirvieron de antecedente para el fortalecimiento de los protocolos interinstitucionales de atención animal.
Organizaciones de rescate animal, como el refugio Amorosos Ibagué, operan generalmente con recursos limitados y dependen en buena medida de donaciones y del trabajo voluntario, lo que explica la urgencia de sus llamados públicos cuando se ven obligadas a evacuar animales ante una amenaza inminente. La ausencia de una respuesta institucional inmediata en este tipo de episodios ha sido, en emergencias previas, motivo de señalamientos por parte de organizaciones de protección animal hacia las autoridades departamentales.
De confirmarse la extensión de los incendios en los próximos días, se espera que las autoridades ambientales de Tolima, Nariño y Huila entreguen un balance oficial sobre las hectáreas afectadas, el número de animales rescatados y el estado de los focos activos. La Defensoría del Pueblo y la Procuraduría General de la Nación, que tienen funciones de vigilancia sobre la gestión ambiental de las entidades territoriales, podrían igualmente pronunciarse si se verifica una respuesta insuficiente por parte de las corporaciones autónomas regionales involucradas.
