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Estudiantes de Medellín ganan certamen del MIT con proyecto sobre una quebrada

El Colegio San José de Las Vegas se impuso en el Regenerative Futures Innovation Challenge 2026 con una propuesta de fitorremediación para la quebrada La Volcana.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Un equipo de estudiantes del Colegio San José de Las Vegas, en Medellín, obtuvo el primer lugar del Regenerative Futures Innovation Challenge 2026, certamen organizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) junto con la Fab Foundation, según se dio a conocer este miércoles 5 de agosto de 2026. La competencia, que reunió más de 200 propuestas de distintos países, dejó en segundo y tercer lugar a representantes de Brasil y Estados Unidos, respectivamente.

El reconocimiento se produjo en el marco del encuentro «FAB26 Boston», instancia final del certamen impulsado por el MIT y la Fab Foundation, organización dedicada a promover redes globales de laboratorios de fabricación digital conocidos como fab labs. La iniciativa colombiana superó en la fase final a delegaciones de Brasil y Estados Unidos, dos países con tradición reconocida en programas de innovación educativa y ambiental para jóvenes.

El proyecto se concentra en la quebrada La Volcana, un afluente urbano del Valle de Aburrá que atraviesa el sur de Medellín y que, como buena parte de los cuerpos de agua que cruzan zonas densamente pobladas del área metropolitana, enfrenta presiones de contaminación derivadas de vertimientos y urbanización. En lugar de recurrir a soluciones industriales de tratamiento, los estudiantes optaron por la fitorremediación, una técnica que emplea la capacidad de ciertas especies vegetales para absorber y degradar contaminantes presentes en el agua o el suelo.

Camilo Arango, integrante del equipo, explicó que el diseño combina un componente biológico con uno tecnológico: «Diseñamos un prototipo que combina naturaleza como principal regenerador, y la tecnología como sistema de monitoreo constante de la calidad del agua», señaló. Según su descripción, se instalaron sensores en la entrada y la salida del sistema para comparar las condiciones del agua antes y después de pasar por el filtro vegetal, un mecanismo que permite cuantificar el desempeño de la solución con datos objetivos.

Las pruebas preliminares realizadas por los propios estudiantes mostraron una mejora en la calidad del agua de entre el 20 % y el 25 % tras el paso por el sistema de fitorremediación. Se trata de resultados obtenidos en fases iniciales del proyecto, por lo que su validación definitiva dependería de mediciones adicionales y de un seguimiento sostenido en el tiempo, algo que los propios responsables reconocen como el siguiente paso de la iniciativa.

El desarrollo del prototipo contó con el acompañamiento de Urbam, el centro de estudios urbanos y ambientales de la Universidad EAFIT, y de la Fundación Maex, entidades que aportaron asesoría técnica y logística para que la propuesta estudiantil trascendiera el plano conceptual. Este tipo de alianzas entre colegios, universidades y fundaciones se ha vuelto habitual en Medellín en proyectos de ciencia aplicada, en una ciudad que en las últimas dos décadas ha impulsado programas de innovación social como parte de su transformación urbana tras los años más duros del conflicto armado en la región.

Más allá del componente científico, el equipo incorporó una dimensión comunitaria: un mural de gran formato pintado sobre la avenida Las Vegas, pensado como herramienta de sensibilización ciudadana sobre el estado de la quebrada y la importancia de su cuidado. Mariana López Orozco, líder del proyecto, explicó que «el uso del arte como lenguaje universal» buscaba «concientizar a la comunidad sobre lo que se está haciendo, porque regenerar no es únicamente intervenir los ecosistemas sino asegurarse de que estas acciones perduren en el tiempo».

El equipo estuvo integrado, además de Arango y López Orozco, por Miguel Chitiva, Samuel Martelo, Isabella Zuluaga y María Antonia Cossío, bajo la guía del profesor Víctor Lopera. El reparto de roles —entre diseño técnico, monitoreo de datos y comunicación comunitaria— refleja un modelo de trabajo interdisciplinario en el que la investigación científica sale de las aulas para abordar retos concretos de sostenibilidad.

Una técnica con recorrido y una tradición local de innovación

La fitorremediación no es una novedad científica: se utiliza desde hace varias décadas en distintos países para tratar suelos y aguas contaminadas con metales pesados o residuos orgánicos, y en Colombia existen antecedentes de investigación aplicada en universidades como la Nacional y la de Antioquia. Lo distintivo del proyecto de Medellín es su desarrollo íntegro por parte de estudiantes de educación media y su combinación con sensores de monitoreo, un enfoque que reduce las barreras técnicas para una eventual réplica en otros afluentes urbanos.

El triunfo se inscribe en el proceso mediante el cual Medellín ha buscado posicionarse como polo de innovación en América Latina, un camino que arrancó con la recuperación de espacios públicos y el llamado «urbanismo social» de comienzos de los años 2000 y que se ha extendido después a la educación y el emprendimiento tecnológico, con instituciones como Ruta N entre sus símbolos más conocidos. En este caso, el protagonismo recae en un colegio y no en una universidad o un centro de innovación corporativo. Casos previos de jóvenes colombianos destacados en ferias científicas internacionales muestran que este tipo de reconocimientos suele generar visibilidad puntual, pero su impacto de largo plazo depende de si las propuestas logran financiamiento y acompañamiento institucional para pasar de prototipo a solución escalable.

Qué sigue para el proyecto

El reconocimiento del MIT no implica, por sí mismo, financiamiento garantizado para escalar la intervención en la quebrada La Volcana. La experiencia de otras iniciativas ambientales urbanas en el país indica que el paso de un prototipo estudiantil a una solución de recuperación ambiental sostenida requiere articulación con la autoridad ambiental competente —en el caso del Valle de Aburrá, el Área Metropolitana— y, eventualmente, con la alcaldía de Medellín, si se busca una intervención de mayor escala sobre el cauce.

Por ahora, según lo informado, el proyecto continúa en fase de perfeccionamiento técnico, con el objetivo declarado por sus responsables de ampliar las mediciones de calidad del agua y evaluar la posibilidad de replicar el modelo en otros afluentes urbanos afectados por contaminación, tanto en el área metropolitana de Medellín como en otras ciudades del país que enfrentan problemáticas similares con sus quebradas y ríos urbanos.

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