El comunicado del Estado Mayor Conjunto surcoreano, cotejado a través de agencias, precisa que Seúl y Washington «han acordado realizar algunos ajustes en la duración y la envergadura del ejercicio». En concreto, el UFS mantendrá su fecha de finalización el próximo viernes 21 de agosto, sin extenderse más allá de los cinco días previstos desde su arranque el lunes. El segundo ajuste afecta al componente más visible: el entrenamiento de maniobras combinadas sobre el terreno se realizará «a una escala reducida», aunque los detalles específicos estaban aún siendo estudiados por ambos mandos militares en el momento del anuncio, según la misma nota oficial.
El Mando de Fuerzas Combinadas de Corea del Sur y Estados Unidos ha mantenido, no obstante, la estructura de dirección del ejercicio dividida entre dos centros de mando de guerra: la base subterránea CP TANGO y Camp Humphreys, la mayor instalación militar estadounidense en el extranjero, situada al sur de Seúl. «De cara al futuro, Corea del Sur y Estados Unidos han acordado debatir y aplicar diversas medidas para alcanzar los objetivos del ejercicio UFS y establecer una postura de defensa combinada», agrega el texto.
El origen inmediato de la decisión se remonta al pasado domingo, cuando Trump adelantó una «reducción sustancial» de las maniobras conjuntas que Washington realiza anualmente con Seúl. El mandatario estadounidense justificó el giro por tres motivos: su relación personal con Kim Jong-un, el coste elevado de las operaciones militares en la península y la negativa surcoreana a sumarse a la campaña militar estadounidense contra Irán. El Estado Mayor surcoreano, por su parte, se ha limitado a atribuir la iniciativa «a la parte estadounidense», sin detallar públicamente si responde a una negociación bilateral formal o a una instrucción directa de la Casa Blanca.
Un ejercicio heredero del armisticio de 1953
El Escudo de Libertad Ulchi es heredero de una serie de maniobras conjuntas que Seúl y Washington celebran, con distintos nombres, desde la década de 1970, en aplicación del Tratado de Defensa Mutua firmado en 1953 tras el armisticio que puso fin a la Guerra de Corea. Pyongyang ha considerado tradicionalmente estos simulacros como un ensayo de invasión y ha respondido en el pasado con pruebas de misiles o retórica beligerante coincidiendo con su celebración.
No es la primera vez que Washington reduce estos ejercicios como gesto hacia Pyongyang. En 2018, tras la cumbre de Singapur entre Trump y Kim Jong-un —el primer encuentro directo entre un presidente estadounidense en ejercicio y un líder norcoreano—, Washington suspendió temporalmente varias maniobras a gran escala, entre ellas el ejercicio Freedom Guardian, en un intento de allanar el camino hacia la desnuclearización norcoreana que finalmente no prosperó. Aquel precedente terminó revirtiéndose: las maniobras se retomaron progresivamente a medida que las negociaciones sobre el programa nuclear se estancaban, y el UFS recuperó su formato completo en años posteriores, con despliegue de bombarderos estratégicos y portaaviones estadounidenses como demostración de fuerza.
Corea del Norte no había emitido, hasta la publicación de esta información, una reacción oficial al anuncio del recorte, algo inusual dado que Pyongyang suele condenar estas maniobras a través de su agencia estatal KCNA o de declaraciones de Kim Yo-jong, hermana del líder norcoreano y una de las voces habituales del régimen en política exterior.
En Seúl, la decisión llega en un momento de reajuste de la política surcoreana hacia el Norte bajo la presidencia de Lee Jae-myung, que ha mostrado una disposición más abierta al diálogo intercoreano que su predecesor conservador, Yoon Suk-yeol, cuyo mandato terminó tras la crisis institucional derivada de la fallida declaración de ley marcial en diciembre de 2024. La mención expresa de Irán en la justificación de Trump introduce además una variable adicional al cálculo estratégico, aunque ni la Casa Blanca ni el Ministerio de Asuntos Exteriores surcoreano han detallado públicamente el alcance de ese desencuentro ni sus consecuencias sobre la relación bilateral de defensa.
El trasfondo regional no puede desligarse del reforzamiento de vínculos entre Pyongyang, Moscú y Pekín en los últimos años, un eje informal que ha incluido el envío de tropas norcoreanas a la guerra en Ucrania, según denuncias de Kiev y de servicios de inteligencia occidentales, y una cooperación militar y tecnológica creciente entre Rusia y Corea del Norte, formalizada en el tratado de asociación estratégica firmado por Vladímir Putin y Kim Jong-un en junio de 2024. En ese marco, cualquier señal de repliegue estadounidense en la península adquiere una lectura ampliada sobre el equilibrio de fuerzas en el Pacífico.
Washington mantiene unos 28.500 militares desplegados de forma permanente en Corea del Sur, según cifras del Departamento de Defensa estadounidense, un contingente que constituye uno de los pilares de la arquitectura de seguridad de Estados Unidos en el Pacífico junto a su presencia en Japón. Cualquier reducción sostenida de los ejercicios conjuntos podría reabrir el debate, recurrente en Washington, sobre el reparto de costes de ese despliegue con Seúl, una cuestión que Trump ya situó en el centro de la relación bilateral durante su primer mandato.
El calendario inmediato marca el viernes 21 de agosto como fecha de clausura del UFS bajo su formato reducido. A partir de ahí, ambos gobiernos han anunciado que discutirán «diversas medidas» para mantener los objetivos del ejercicio y la postura de defensa combinada, sin que se haya fijado todavía un marco temporal ni un contenido concreto para esas conversaciones, que previsiblemente marcarán el diseño de las maniobras conjuntas del próximo año.


