«Me alegra poder informarles hoy de una decisión muy importante para nuestra Casa, sobre la que se venía debatiendo desde hace décadas», afirmó Alois ante los ciudadanos congregados en la capital, según el material difundido por el medio local Vaterland. El heredero explicó que el proceso formal para revisar las normas comenzó a finales del año pasado y culminó con la votación de la semana pasada entre los miembros con derecho a voto de la dinastía.
La reforma establece, en palabras del propio Alois, que «todas las descendientes mujeres de la Casa Principesca tendrán los mismos derechos de participación que los descendientes varones en los asuntos regulados por la Ley de la Casa» y que la sucesión pasará «de la primogenitura con preferencia masculina a la primogenitura absoluta». En consecuencia, el príncipe detalló que «el primer hijo, independientemente de su sexo, se convertirá en heredero o heredera al trono y, posteriormente, en princesa o príncipe de Liechtenstein».
El cambio, sin embargo, no tiene carácter retroactivo. Los descendientes ya nacidos mantienen su posición actual en la línea sucesoria: el príncipe Joseph Wenzel, primogénito de Alois y de la princesa Sophie, sigue siendo el heredero, seguido por sus hermanos, la princesa Marie Caroline y los príncipes Georg y Nikolaus. Los efectos de la primogenitura absoluta solo alcanzarán a quienes nazcan a partir de ahora, por lo que la modificación será relevante para las siguientes generaciones de la familia.
Alois justificó la reforma apelando a criterios de idoneidad. «Con estos cambios, queremos garantizar que, en el futuro, la responsabilidad sobre la Casa y el país recaiga en quien haya recibido la mejor preparación para desempeñar estas funciones», señaló durante su intervención. El heredero defendió así una fórmula que pretende combinar la continuidad de la institución con la modificación de unas normas debatidas durante décadas dentro de la familia soberana.
Una reforma interna, no una ley estatal
Se trata de una decisión adoptada dentro de la Casa Principesca, no de una reforma legal tramitada por el Gobierno ni sometida a referéndum popular. La Ley de la Casa es el reglamento interno que regula el funcionamiento de la familia soberana y su sucesión, distinto de la Constitución del país, y su modificación corresponde a los propios miembros de la dinastía en un procedimiento separado de la legislación estatal ordinaria.
Liechtenstein, un microestado de alrededor de 40.000 habitantes encajado entre Suiza y Austria, es una monarquía constitucional en la que el príncipe reinante conserva competencias ejecutivas amplias para los estándares europeos, entre ellas el derecho de veto sobre las leyes, según la Constitución vigente. El príncipe reinante, Hans-Adam II, delegó buena parte de las funciones de jefatura del Estado en su hijo Alois en 2004, motivo por el cual es este quien pronuncia el discurso del Día Nacional cada 15 de agosto.
Hasta este anuncio, el principado era la última monarquía europea que excluía por completo a las mujeres de la sucesión al trono. El resto de las casas reales del continente ya habían abandonado la preferencia masculina: Suecia fue pionera al introducir la primogenitura absoluta en 1980, seguida por Países Bajos, Noruega, Bélgica, Dinamarca y Luxemburgo, y más recientemente por el Reino Unido, que adoptó el cambio en 2013 mediante el Acta de Sucesión a la Corona. España, en cambio, mantiene en su Constitución de 1978 la preferencia del varón sobre la mujer en igualdad de grado, una reforma que distintos Gobiernos han situado en la agenda sin llegar a acometerla.
Cuatro décadas después del sufragio femenino
El anuncio se produce en un país con un historial singular en materia de derechos políticos. Liechtenstein fue el último Estado de Europa en reconocer el derecho de voto a las mujeres en elecciones nacionales, algo que no ocurrió hasta 1984, cuando los ciudadanos varones aprobaron el cambio en referéndum por un margen estrecho. Más de cuatro décadas después, la extensión de derechos sucesorios a las mujeres de la familia reinante llega con una demora comparable respecto al resto del continente.
La Casa Principesca de Liechtenstein es una de las más antiguas de Europa, y su papel institucional descansa sobre un equilibrio entre la familia como entidad y el Estado que gobierna, una dualidad que explica por qué decisiones de este calado se adoptan por votación interna y no por vía legislativa ordinaria. El material disponible no recoge fecha concreta para la entrada en vigor formal de la modificación ni el detalle del reparto de apoyos en la votación, más allá de la mayoría de dos tercios mencionada por Alois.
El alcance real de la reforma se medirá con el tiempo, dado que solo será aplicable a los hijos e hijas que nazcan a partir de ahora entre los miembros de la Casa Principesca. Hasta entonces, la línea de sucesión —encabezada por Joseph Wenzel— permanece inalterada, y el peso del anuncio será a corto plazo más simbólico que práctico sobre quién ceñirá la corona del principado en las próximas décadas.



