Las cuatro especies retoman títulos de álbumes de la cantante: Swiftiephylus taylorae, Swiftiephylus amator, Swiftiephylus intrepidus y Swiftiephylus poetorum. Los ejemplares pertenecen a la familia Miridae, uno de los grupos más numerosos de chinches verdaderas, con más de 11,000 especies descritas en el mundo, y se caracterizan por pasar toda su vida ligados a una sola planta huésped, desde la eclosión hasta la edad adulta.
Según la universidad estadounidense, estos insectos mantienen una relación estrecha con las casuarinas australianas, un género de árboles y arbustos capaz de adaptarse tanto a bosques tropicales como a dunas costeras y ambientes de calor extremo. Su coloración amarillo pálido con matices rojos les permite camuflarse entre las estructuras delgadas, de tono rojo a naranja, de las flores de esas plantas.
Sarah Schroeder, estudiante de doctorado en entomología de la UC Riverside y autora del trabajo taxonómico, vinculó la elección del nombre a la apariencia física de los insectos y a su propia identificación como seguidora de la cantante.
"El look icónico de Taylor Swift es su cabello rubio y sus labios rojos. Estos insectos son de color amarillo pálido con toques rojos. En el artículo, me refiero a ellos como rubios", declaró Sarah Schroeder, estudiante de doctorado en entomología de la Universidad de California en Riverside.
La investigadora añadió que bautizar a estas especies en honor a la artista responde también a un propósito de divulgación orientado a la conservación de insectos, un campo que suele recibir menos atención pública que el de otras especies animales.
"Para mí, como fan de Taylor Swift de toda la vida, fue auténtico honrar a Taylor de esta manera, además de llamar la atención sobre la diversidad de insectos que aún está por descubrir", declaró Sarah Schroeder en un comunicado de la Universidad de California en Riverside.
Los ejemplares que dieron origen al hallazgo fueron recolectados entre 1995 y 2004 como parte de un proyecto de biodiversidad en el que participaron el Museo Americano de Historia Natural y colaboradores australianos. Esa iniciativa reunió más de 50,000 ejemplares de chinches fitófagas, muchos de los cuales han requerido años de análisis taxonómico antes de ser clasificados y descritos formalmente, como ha ocurrido ahora con el género Swiftiephylus.
No es la primera vez que una figura del espectáculo presta su nombre a un descubrimiento científico ni la única incursión reciente de la cultura pop en la vida académica y museística: en la Ciudad de México, los murales de Vlady sobre Trotsky pueden verse en la Biblioteca de Hacienda. En el terreno de la taxonomía, especies de arañas, avispas y peces han sido bautizadas en años recientes en honor a músicos, actores y personajes de ficción como recurso para atraer atención pública hacia la biodiversidad menos visible.
Schroeder resumió la importancia de ese trabajo de clasificación para los esfuerzos de conservación de especies poco estudiadas. "Si no describimos las especies, no sabemos que existen y no podemos conservarlas", detalló la investigadora, según el comunicado de la universidad estadounidense.
