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Una estudiante reconstruye el 'son de pajarito' de Zapayán y lo lleva a festival

Una investigadora recuperó, a partir del testimonio de los últimos portadores, un baile tradicional del Magdalena que se hallaba prácticamente extinto y hoy aspira al reconocimiento patrimonial.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Una joven investigadora documentó y reactivó el 'son de pajarito', una manifestación dancística tradicional de Zapayán, en el departamento del Magdalena, que se encontraba prácticamente desaparecida. Según relató la propia investigadora a un medio nacional, el trabajo partió de entrevistas con los últimos portadores vivos de la tradición, ancianos de la región que aún conservaban en la memoria los pasos, el ritmo y el sentido ritual del baile.

El Magdalena ha sido escenario histórico de manifestaciones populares del Caribe colombiano que combinan raíces indígenas, africanas y españolas, en un proceso de mestizaje que el Ministerio de Cultura recoge desde hace décadas en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial. El 'son de pajarito' forma parte de ese universo de bailes de tradición oral que, al no contar con registro escrito ni institucional sostenido, dependen enteramente de la transmisión generacional para sobrevivir.

La pérdida de portadores de tradiciones orales es un fenómeno reconocido en el país. El propio Ministerio de Cultura ha advertido en distintos procesos de salvaguardia sobre el riesgo de desaparición de manifestaciones dancísticas y musicales, particularmente en zonas rurales del Caribe y el Pacífico, donde la migración hacia centros urbanos y el envejecimiento de las comunidades portadoras aceleran el olvido. Zapayán, ubicado en la subregión de la Depresión Momposina, es uno de esos territorios donde la práctica había quedado reducida al recuerdo de unos pocos.

El trabajo de campo implicó entrevistas directas con los últimos habitantes que recordaban la coreografía, el vestuario y los cantos asociados al 'son de pajarito'. Esta metodología de reconstrucción a partir de la memoria oral es habitual en los procesos que acompaña el Ministerio de Cultura cuando una manifestación ha perdido su práctica regular pero conserva testigos vivos capaces de describirla con precisión. Sobre esa base, la investigadora armó el material que después se convirtió en registro audiovisual y en actividad comunitaria.

El proceso derivó en la producción de un documental que recoge los testimonios recopilados y en la organización de un festival destinado a reintroducir el baile en la vida cotidiana de Zapayán. Según pudo establecerse, ese encuentro convocó a habitantes del municipio interesados en aprender la coreografía directamente de los portadores identificados durante la investigación, en un ejercicio de transmisión intergeneracional que los especialistas en patrimonio inmaterial consideran determinante para evitar que una tradición quede reducida a un archivo sin práctica viva.

El camino hacia el patrimonio

La eventual declaratoria del 'son de pajarito' como manifestación de patrimonio cultural inmaterial tendría que surtir el trámite que establece la Ley 397 de 1997, conocida como Ley General de Cultura, modificada por la Ley 1185 de 2008, que regula el Sistema Nacional de Patrimonio Cultural. Ese procedimiento exige la presentación de un Plan Especial de Salvaguardia ante el Ministerio de Cultura, documento que debe sustentar la vigencia, la representatividad y el riesgo de desaparición de la manifestación, además de un plan concreto de medidas para su protección futura.

El Consejo Nacional de Patrimonio Cultural es el órgano encargado de evaluar estas postulaciones y recomendar, en su caso, la inclusión en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial del ámbito nacional. No consta, según la información disponible, que el 'son de pajarito' haya completado ese trámite ni que exista una fecha prevista para su eventual resolución. En expedientes similares, el reconocimiento formal ha tomado entre uno y varios años.

Precedentes de esta naturaleza existen en la historia reciente del patrimonio colombiano. Las fiestas de San Pacho, en Quibdó, fueron reconocidas por la Unesco en 2012 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad tras un proceso de documentación comunitaria de más de una década, y las músicas de marimba y cantos tradicionales del Pacífico sur quedaron inscritas en 2015. En ambos casos, la iniciativa surgió de investigadores y gestores locales antes de escalar a las instancias nacionales e internacionales.

La declaratoria de patrimonio, cuando se produce, no implica financiación automática ni sostenida. Distintas organizaciones culturales del Caribe colombiano han señalado en años recientes que el reconocimiento formal no siempre viene acompañado de los recursos necesarios para garantizar la transmisión generacional, lo que ha alimentado un debate persistente sobre el alcance real de estas figuras administrativas frente al riesgo de desaparición efectiva de las tradiciones.

La experiencia de Zapayán se inscribe en un movimiento más amplio de jóvenes investigadores universitarios que, en los últimos años, han orientado sus trabajos de grado y proyectos hacia el rescate de tradiciones locales amenazadas en departamentos como Magdalena, Bolívar, Sucre y Córdoba. Universidades como la del Magdalena y la Universidad Nacional de Colombia han impulsado líneas de investigación en etnomusicología y patrimonio inmaterial que han servido de plataforma para varios de estos procesos.

Mientras el eventual trámite institucional avanza —si llega a formalizarse—, el documental y el festival quedan como los principales instrumentos disponibles para mantener viva la manifestación en la memoria colectiva del municipio. La aspiración de sus impulsores es que el baile no dependa únicamente de un registro audiovisual, sino que recupere una práctica regular capaz de sostenerse por sí misma en la comunidad.

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