Las manifestaciones del sábado contra el coste de la vida y la precarización de los servicios públicos degeneraron en violencia urbana en varias ciudades, apenas días antes de una nueva jornada de protestas convocada para el 24 de octubre y a seis meses de las presidenciales. A diferencia de reuniones anteriores, los representantes insumisos participarán este jueves en la cita de Matignon, aunque Mélenchon avisó de que lo harán para que el encuentro no sea cómodo para Lecornu.
Mélenchon condenó los ataques a los edificios públicos en una entrevista para la cadena LCI el domingo.
«El hecho de quemar el Ayuntamiento de Limoges es un crimen. Se trata de un símbolo colectivo, la casa del pueblo. Lo mismo ocurre con el Ayuntamiento de Marsella, que dejaron abandonado y el alcalde se encontró solo delante de toda esa gente que derribó la puerta», declaró el líder de la Francia Insumisa.
Pese a esa condena, Lecornu reprocha a la izquierda insumisa que no haya querido «elegir entre el lado de la República y el lado de la violencia», frase que el primer ministro pronunció el sábado por la noche mientras las calles de París ardían. «Cada uno tiene que elegir su lado: el de la República y de las fuerzas de seguridad o el de los agitadores y la ultraizquierda», afirmó esa noche. Desde entonces, los representantes insumisos han evitado posicionarse, al considerar que eso enfrenta a unos franceses con otros.
«Asumimos nuestra estrategia de la no violencia. Lo he dicho y repetido cien veces. ¡Es la más eficaz para reagrupar al mayor número de personas posible!», insistió Mélenchon el martes.
La formación mantiene no obstante vínculos con organizaciones de la izquierda radical de posición más ambigua sobre la violencia, como la rama estudiantil del sindicato Solidaires, que calificó de «respuesta legítima» los «destrozos planificados contra emblemas del capitalismo», o la organización antifascista Jeune Garde, varios de cuyos miembros fueron imputados en febrero por el homicidio voluntario de un militante ultraderechista en Lyon.
Las acusaciones de Lecornu se apoyan en un informe de los servicios de inteligencia elaborado a finales de septiembre, al arrancar las protestas estudiantiles, aunque ese documento solo analizaba el departamento de Seine-Saint-Denis pese a que los piquetes se extendieron desde principios de octubre a todas las regiones. El diario Mediapart reveló esta semana el malestar de un agente de inteligencia ante la presión para señalar a la izquierda insumisa como responsable del movimiento: «Cuando nos piden que escribamos que la Francia Insumisa está detrás del movimiento estudiantil, a pesar de que eso es objetivamente falso, según los servicios de inteligencia territoriales, esto nos muestra que estamos ante una decisión política».
El pulso ha dado alas a quienes reclaman la ilegalización del partido de Mélenchon, el de más diputados en la Asamblea Nacional con 71 escaños. El presidente del Senado, el conservador Gérard Larcher, defendió esta semana que «se puede discutir» esa posibilidad, en línea con una petición similar del candidato de Los Republicanos, Bruno Retailleau. La ofensiva ha generado solidaridad en otros partidos de izquierda: el secretario general del Partido Socialista, Olivier Faure, denunció que «uno puede oponerse a los insumisos, pero en una democracia no podemos manipular la verdad para eliminar a un opositor». No es la primera vez que un gran partido afronta esa amenaza en la V República: en 1973 el Gobierno disolvió por decreto a Ligue communiste y Ordre nouveau, aunque nunca se ha ilegalizado a una formación con representación parlamentaria del tamaño de la insumisa.
Pese a las críticas, la intención de voto de Mélenchon no cede: según un sondeo del instituto IFOP difundido el martes por LCI, el candidato sube medio punto hasta el 16,5% de las papeletas y quedaría segundo en la carrera presidencial. El politólogo Stefano Palombarini, profesor en la Universidad París 8, resta trascendencia a los disturbios de cara a los comicios de 2027: «No creo que las protestas supongan un punto de inflexión respecto a la campaña presidencial. En realidad, se trata de una cristalización de la situación actual.»


