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Estudio atribuido a Ucla vincula manejar moto con menor estrés

La investigación divulgada esta semana señala que otro medio en motocicleta reducirían el cortisol en 28 %, aunque aclara que no reemplaza la terapia

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Un estudio atribuido al Instituto de Neurociencia y Comportamiento Humano de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), divulgado en los últimos días, sostiene que manejar motocicleta tendría efectos favorables sobre la salud mental de quienes la conducen.

El estudio, tal como se ha divulgado, sostiene que un recorrido de apenas 20 minutos en motocicleta reduce en 28 % los niveles de cortisol, la hormona que el organismo libera ante situaciones de tensión o peligro para activar mecanismos de supervivencia. Ese porcentaje, de confirmarse con series más amplias, ubicaría la conducción de moto en un rango de efecto que sus autores comparan con actividades reconocidas por su capacidad de disminuir la ansiedad.

La investigación también habría encontrado que, durante el trayecto, la frecuencia cardiaca del conductor aumenta alrededor de 11 % y los niveles de adrenalina suben cerca de 27 %, cifras que los autores asimilan a las de una caminata a paso ligero o una sesión corta de ejercicio de bajo impacto. Esa combinación —activación fisiológica moderada sin componente de amenaza real— sería, según el planteamiento del estudio, lo que explicaría la sensación de descarga emocional que reportan muchos motociclistas al finalizar un desplazamiento.

Un tercer eje del trabajo apunta a lo que los propios investigadores describen como un estado de "hiperfoco" o atención plena forzada. A diferencia de manejar un carro, conducir una moto exigiría concentración simultánea en el asfalto, el manillar, el equilibrio corporal y la anticipación de la siguiente curva, un ejercicio mental que el estudio compara con una sesión de meditación activa antes que con una tarea mecánica de traslado.

El cuarto hallazgo referido tiene que ver con el incremento de la actividad cerebral vinculada a la concentración y la agilidad mental. Los motociclistas, de acuerdo con esta lectura, lograrían desconectarse temporalmente de las preocupaciones cotidianas mientras conducen. Aun así, el propio estudio es explícito en una advertencia: la conducción de motocicleta no sustituye la asistencia a terapia ni tratamientos clínicos para el manejo del estrés o la ansiedad, y sus efectos funcionarían como un complemento favorable, no como una estrategia terapéutica autónoma.

La difusión de estos resultados coincide con un dicho extendido entre el gremio motociclista —"nunca verás una moto parqueada afuera del consultorio de un psicólogo"— que durante años circuló como anécdota gremial sin respaldo técnico. El estudio, de confirmarse en publicaciones revisadas por pares, le daría por primera vez un sustento científico a esa percepción popular, aunque los propios investigadores habrían evitado extrapolar sus hallazgos como una recomendación de salud pública.

Un país sobre dos ruedas

La motocicleta se ha consolidado como el vehículo predominante en amplias regiones de Colombia, particularmente en departamentos donde constituye el principal medio de transporte para el trabajo y la movilidad diaria. Esa masificación ha estado acompañada, históricamente, de un intenso debate sobre siniestralidad vial, dado que las motocicletas concentran una proporción significativa de las víctimas fatales en accidentes de tránsito. El fenómeno no es nuevo: desde la apertura del mercado a las motos de bajo cilindraje en la década de 1990 y su posterior masificación con la importación de modelos económicos, el país transformó su parque automotor y, con él, la fisonomía del tránsito urbano y rural.

En ese contexto, un hallazgo que asocie la conducción de moto con beneficios para la salud mental podría alimentar el debate público sobre políticas de movilidad, sin que ello implique, según lo divulgado hasta ahora, ninguna modificación normativa en curso. Las autoridades de tránsito no se han pronunciado sobre el estudio, y en el país cualquier lineamiento de salud pública sobre movilidad recae en instancias como el Ministerio de Salud y Protección Social y el Ministerio de Transporte, que operan bajo el marco de la Ley 769 de 2002, el Código Nacional de Tránsito Terrestre.

La salud mental ha ganado un lugar creciente en la agenda pública colombiana en los últimos años. La Ley 1616 de 2013, de salud mental, reconoció el bienestar psicológico como un derecho y ordenó su integración en el sistema de salud, un marco que sirve de referencia para evaluar la pertinencia de cualquier intervención o recomendación en la materia. En ese contexto, cualquier evidencia —incluso preliminar— sobre actividades cotidianas con potencial efecto reductor del estrés tiende a captar atención mediática.

La comunidad académica, sin embargo, suele advertir sobre la necesidad de replicar estos estudios antes de convertirlos en recomendaciones generalizadas. Los trabajos de corta duración, centrados en biomarcadores puntuales como el cortisol, ofrecen indicios valiosos pero no concluyentes sobre beneficios sostenidos en el tiempo, y la práctica científica exige estudios longitudinales, con muestras más amplias y grupos de control, antes de trasladar estos hallazgos a protocolos clínicos o campañas de bienestar.

De cara a los próximos meses, no se ha anunciado ninguna réplica formal del estudio en universidades colombianas ni pronunciamiento oficial sobre sus implicaciones. Cualquier eventual incorporación de estos hallazgos a políticas de bienestar o campañas de movilidad dependería, en todo caso, de que investigaciones adicionales confirmen los porcentajes divulgados y de que las autoridades sanitarias evalúen su pertinencia frente al panorama de siniestralidad vial que registra el país.

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