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Terremoto en Colombia deja 329 muertos y 247 desaparecidos a dos semanas

Testimonios de médicos, rescatistas y ciudadanos documentan la respuesta a la emergencia tras el sismo de magnitud 7,4 que afectó a 481 municipios.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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A dos semanas del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia, con un saldo de 329 personas fallecidas, 247 aún reportadas como desaparecidas y afectaciones registradas en 481 municipios, empiezan a decantarse los relatos de quienes actuaron en los primeros minutos de la emergencia.

Uno de los episodios que más circuló en redes sociales durante los días posteriores al sismo fue el derrumbe de una de las torres del Hospital Universitario del Valle (HUV), en Cali, captado en video por transeúntes y personal médico. Lo que no se conocía en el momento era que, dentro de una de las salas de cirugía, la anestesióloga Claudia Komaromy protegía con su cuerpo a una paciente sedada que estaba siendo preparada para una intervención de cráneo abierto.

La paciente, que presentaba una lesión cerebral, ya se encontraba bajo sedación profunda cuando comenzó el movimiento telúrico. En entrevista con Blu Radio, la médica reconstruyó minuto a minuto la secuencia de decisiones que tomó junto a dos residentes de neuroanestesia: evaluar si era viable mover a la paciente, descartarlo por el riesgo y optar por cubrirla y permanecer a su lado mientras la estructura se sacudía. “Tratemos de mover a la paciente, la paciente no se va a poder mover, entonces quedémonos aquí y hay que cubrirla”, recordó haber pensado.

Komaromy explicó que el protocolo aplicado no fue una improvisación, sino un procedimiento estandarizado en países con alta sismicidad como Chile y Japón, que establece detener cualquier intervención quirúrgica en curso, cubrir al paciente y evacuarlo únicamente cuando las condiciones estructurales lo permiten. Bajo ese lineamiento, el equipo suspendió el suministro de anestésicos, lo que provocó que la paciente recobrara la conciencia en medio del temblor.

“La paciente abre los ojos inmediatamente y capta perfectamente la situación de lo que está pasando. Empieza a temblar y entonces le decimos: ‘Sí, sí está temblando, quédate tranquila, quédate quieta, aquí estamos contigo’”, relató la anestesióloga, que describió ese instante como uno de los de mayor tensión de la jornada: calmar a una mujer que despertaba en plena crisis sísmica sin saber si el techo del quirófano resistiría.

La médica se desmarcó del relato heroico que las redes sociales construyeron en torno a su actuación. “Esto no es heroísmo, somos personas que hacen lo que hay que hacer”, afirmó, e insistió en que se trató de la aplicación de una guía clínica: “Nadie está obligado a lo imposible. Pero sí hemos aprendido de experiencias previas. Las guías aconsejan detener la cirugía, cubrir al paciente y evacuarlo en cuanto sea viable”.

Otros testimonios recogidos en los municipios afectados apuntan en la misma dirección. En Apartadó, un pediatra evacuó a los recién nacidos de la unidad neonatal en los primeros minutos posteriores al sismo, mientras que en zonas con derrumbes de vivienda se documentó el caso del padre del pequeño Salomón, quien, atrapado bajo los escombros junto a su bebé, mantuvo la calma para racionar el aire disponible hasta el rescate. También se conoció el caso de Mateo y su madre, que salieron con vida tras refugiarse bajo la mesa del comedor.

La solidaridad ciudadana se extendió más allá de la atención médica inmediata. El cantante Jhonny Rivera transformó las instalaciones de un hotel de su propiedad en centro de acopio para brigadas de rescatistas y alojó a adultos mayores en una finca. En Medellín, Andrea Rico, vendedora de tinto y creadora de contenido digital, coordinó el despacho de suministros de ayuda humanitaria hacia el departamento de Chocó, una de las regiones con mayores reportes de afectación. En Cali, una niña identificada como Sofía se reencontró con el bombero que participó en su rescate, en un episodio que circuló ampliamente en redes.

Un sismo comparable a las grandes catástrofes de la historia reciente

La magnitud del terremoto lo sitúa entre los movimientos telúricos más severos que han golpeado a Colombia en las últimas décadas. El país cuenta con precedentes de alta letalidad, como el terremoto de Popayán del 31 de marzo de 1983, que dejó cerca de 300 muertos, y el del Eje Cafetero del 25 de enero de 1999, que devastó a Armenia y su región y superó el millar de víctimas fatales. Ambos episodios reconfiguraron la política nacional de gestión del riesgo y derivaron en la creación de fondos y entidades de reconstrucción.

El sistema colombiano de atención de desastres se articula hoy en torno a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), entidad adscrita a la Presidencia que coordina, junto con las autoridades departamentales y municipales, las Fuerzas Militares, los cuerpos de bomberos y los organismos de socorro, la respuesta en las fases de emergencia y recuperación. En catástrofes de gran escala, el Gobierno nacional puede declarar la situación de desastre, mecanismo que habilita procedimientos excepcionales de contratación y asignación de recursos para la atención humanitaria.

Las autoridades mantienen activo el proceso de búsqueda de las 247 personas reportadas como desaparecidas, en operativos que combinan equipos caninos, maquinaria pesada y brigadas de rescate desplegadas en los municipios con mayor destrucción. La primera fase de la emergencia se concentró en la remoción de escombros y la localización de sobrevivientes, un plazo crítico que la literatura de rescate sitúa en las primeras horas y días tras el impacto.

El Gobierno nacional no ha entregado, hasta el momento, una cifra definitiva de pérdidas económicas asociadas al sismo. El Departamento Nacional de Planeación adelanta un censo de daños en los 481 municipios afectados, insumo que será determinante para la formulación de un plan de reconstrucción. Cualquier programa de esa magnitud deberá tramitarse con cargo al Presupuesto General de la Nación o mediante instrumentos de financiación excepcionales, sujetos a la aprobación del Congreso y al control de la Contraloría General de la República.

A dos semanas del evento, la fase de emergencia inmediata empieza a dar paso a la etapa de reconstrucción, en la que las autoridades departamentales y municipales de Valle del Cauca, Risaralda y Chocó deberán definir, junto con el Gobierno central, los mecanismos de financiación para la reposición de infraestructura hospitalaria, vial y habitacional en las zonas más golpeadas. La entrega del censo de daños y la eventual declaratoria formal de reconstrucción marcarán los próximos hitos del proceso.

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