El reporte oficial ofrece la fotografía más completa hasta ahora de la magnitud del desastre. Más allá de la vivienda, la afectación se extendió a la red de servicios básicos y a la movilidad regional: los 121 acueductos, los 89 puentes vehiculares y las 482 vías comprometidas han dificultado tanto la llegada de ayuda humanitaria como el retorno a la normalidad en los municipios más golpeados, entre ellos Pereira y localidades del Chocó, señaladas por los organismos de atención como algunas de las de mayor afectación humana y estructural.
La magnitud de los daños ha llevado a las autoridades a proyectar un horizonte de reconstrucción de mediano a largo plazo, con estimaciones que se extienden entre 2028 y 2030. Ese plazo, de confirmarse, obligará a sostener durante varios años una institucionalidad de atención y seguimiento que hasta ahora ha operado bajo la lógica de la emergencia inmediata, y planteará al Presupuesto General de la Nación la necesidad de asignaciones plurianuales para vivienda, educación y salud en las zonas afectadas.
El sismo no es la única emergencia que ocupa a los organismos de atención y respuesta. Colombia atraviesa simultáneamente una temporada de incendios forestales asociada a la disminución de lluvias y al fenómeno de El Niño. Entre el 16 de junio y el 6 de agosto se registraron 438 incendios en 191 municipios de 19 departamentos, con una afectación aproximada de 7.153 hectáreas de cobertura vegetal, según las cifras oficiales divulgadas por las entidades de atención de desastres.
Esta concurrencia de emergencias —un terremoto de gran escala y una temporada de incendios activa en paralelo— ha puesto a prueba la capacidad logística de coordinación entre el nivel nacional y las administraciones locales, en departamentos que en algunos casos enfrentan ambos fenómenos de manera simultánea.
La respuesta de la sociedad civil
En ese escenario, organizaciones sociales han buscado sostener la ayuda en los territorios más golpeados. La Fundación Agencia Social, junto con otras instituciones, puso en marcha la campaña «We stand with Colombia», orientada a recaudar recursos para la reconstrucción de las familias damnificadas. La iniciativa propone llevar los rostros de colombianos afectados a pantallas de gran formato en lugares emblemáticos del mundo, como estrategia de visibilización y captación de donaciones.
Según explicó Verónica Vélez, directora ejecutiva de la Fundación Agencia Social, «la idea es simple pero poderosa: llevar los rostros de colombianos reales». De acuerdo con la organización, los mensajes rotarán durante quince segundos en «las pantallas más grandes del mundo» y buscarán canalizar nuevas donaciones hacia la plataforma de la fundación, a la que los interesados pueden enviar su fotografía junto con un aporte económico.
La campaña es una segunda fase de una respuesta que comenzó en los primeros días tras el sismo, cuando la Fundación Agencia Social se articuló con la Fundación Colombia Cuida Colombia para recaudar y transportar ayuda humanitaria hacia las zonas afectadas. Vélez señaló que en esa etapa inicial fueron activados 367 voluntarios, se enviaron 13 camiones a las zonas de emergencia y se movilizaron más de 160 toneladas de ayuda, entre alimentos, colchonetas, ropa e insumos médicos.
A ese operativo se sumó un equipo de nueve médicos especialistas voluntarios que viajó desde Bogotá para atender la emergencia en Pereira y Chocó. La organización indicó además haber prestado apoyo a comunidades golpeadas por los incendios forestales, entre ellas la de Pijao, en el departamento del Quindío, en un puente entre las dos emergencias que atraviesa el país este año.
El desafío que enfrentan ahora estas organizaciones, de acuerdo con sus propios voceros, es acompañar el tránsito de la atención humanitaria inmediata hacia una fase de recuperación de más largo aliento. Desde la Fundación Agencia Social indicaron que buscan nuevos aliados para sostener recursos y asistencia en los territorios que todavía enfrentan las consecuencias del terremoto.
El presidente Abelardo De La Espriella se ha referido al cambio de etapa como un paso hacia la restauración de las comunidades y de la infraestructura afectada, en un contexto en el que el Gobierno nacional deberá coordinar la ejecución de recursos públicos con la labor complementaria de fundaciones y organismos de cooperación.
Colombia tiene precedentes de reconstrucciones de gran escala tras eventos sísmicos. El terremoto que en 1999 afectó al Eje Cafetero —con epicentro en Armenia y Pereira— dejó miles de viviendas destruidas y su recuperación se extendió durante varios años bajo un esquema especial de gestión creado para la ocasión, el Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (Forec). Aquella experiencia, con luces y sombras en materia de reasentamiento y calidad de las viviendas entregadas, suele citarse como referencia obligada al diseñar la respuesta institucional ante un desastre de esta magnitud.
Vélez cerró su intervención con un llamado a la continuidad del esfuerzo colectivo: «Todavía queda mucho por hacer, tenemos que tocar muchas puertas y es importante recordar que los buenos somos más, que el mundo está lleno de pequeñas acciones y todos podemos ayudar». En los próximos meses, el país deberá evaluar si la combinación de recursos públicos y donaciones privadas logra sostener el ritmo de reconstrucción proyectado por el Gobierno nacional para el cierre de la década.
