"Tenemos información de que Moonshot AI ha extraído elementos de Fable, de Anthropic, para el desarrollo de su modelo K3", escribió Kratsios, quien calificó la práctica de "extracción industrial encubierta a gran escala" y advirtió que este tipo de conductas busca "robar tecnología patentada de Estados Unidos y socavar la investigación estadounidense". El funcionario no detalló, en su mensaje público, qué evidencia técnica respalda la acusación ni si Washington contempla medidas concretas contra la empresa china.
La acusación se suma a una campaña diplomática más amplia. De acuerdo con un cable diplomático al que tuvo acceso una agencia internacional, el Departamento de Estado de Estados Unidos instruyó en abril de 2026 a sus representaciones en el exterior para alertar sobre lo que definió como esfuerzos sistemáticos de empresas chinas —entre ellas Moonshot AI— para apropiarse de propiedad intelectual desarrollada por laboratorios estadounidenses de inteligencia artificial. La instrucción, según esa misma fuente diplomática, buscaba coordinar una postura común entre aliados frente al avance tecnológico chino.
El trasfondo técnico de la controversia remite a un proceso conocido como destilación, que consiste en entrenar modelos de inteligencia artificial de menor tamaño a partir de los resultados generados por sistemas más grandes y costosos. Esta técnica permite abaratar de forma significativa el entrenamiento de nuevas herramientas, pero cuando se aplica sin autorización sobre modelos protegidos por derechos de propiedad intelectual puede constituir una violación a las leyes de competencia desleal y a los tratados internacionales de protección a la innovación tecnológica, un terreno legal todavía poco explorado en el caso específico de la inteligencia artificial generativa.
Moonshot AI presentó su modelo Kimi K3 el viernes anterior, con 2.8 billones de parámetros —trillion en la nomenclatura anglosajona—, lo que la compañía describió como el sistema de inteligencia artificial de parámetros abiertos más grande jamás lanzado. Según la propia empresa, el rendimiento de K3 se acerca al de Fable, el modelo insignia de Anthropic, una de las firmas estadounidenses de mayor peso en el desarrollo de inteligencia artificial junto con OpenAI y Google DeepMind.
El lanzamiento de K3 llegó apenas un mes después de que el gobierno estadounidense retirara de forma abrupta los modelos Fable y Mythos, ambos de Anthropic, invocando motivos de seguridad. La coincidencia temporal entre esa medida y la aparición de un modelo chino con capacidades similares alimentó las sospechas de Washington, aunque hasta el momento no se ha presentado evidencia pública verificable que confirme un vínculo directo entre ambos episodios.
La firma china no ha confirmado ni negado expresamente haber utilizado información derivada de Fable en el entrenamiento de K3, mientras que Anthropic tampoco ha anunciado acciones legales o reclamaciones formales ante instancias regulatorias estadounidenses o internacionales.
Una disputa que viene de lejos
El episodio se inserta en una confrontación tecnológica de mayor alcance entre Estados Unidos y China que se remonta al menos a 2018, cuando la administración estadounidense impuso las primeras restricciones a la exportación de semiconductores avanzados hacia empresas chinas, entre ellas Huawei. Desde entonces, Washington ha ampliado de forma progresiva los controles sobre chips, equipos de fabricación de semiconductores y, más recientemente, sobre el acceso a modelos de inteligencia artificial de uso dual, aquellos con aplicaciones tanto civiles como militares.
El precedente más cercano en la memoria reciente de la industria ocurrió a finales de 2024 e inicios de 2025, cuando la empresa china DeepSeek lanzó un modelo de inteligencia artificial que generó señalamientos similares por parte de firmas estadounidenses, que alegaron un posible uso no autorizado de resultados generados por sistemas como ChatGPT, de OpenAI. Aquel episodio no derivó en sanciones formales, pero marcó un punto de inflexión en la percepción sobre la vulnerabilidad de los modelos frente a prácticas de destilación no consentida.
La disputa ocurre en un momento de creciente competencia geoestratégica por el liderazgo en inteligencia artificial, un sector que tanto Washington como Beijing consideran estratégico para su seguridad y su proyección económica. Estados Unidos mantiene una ventaja relativa en el desarrollo de modelos de vanguardia y en el acceso a semiconductores de última generación, mientras que China ha apostado por una estrategia de modelos de código abierto que le permite ganar terreno con rapidez entre desarrolladores de todo el mundo, incluidos los de América Latina.
Para los gobiernos de la región, incluido México, la tensión entre las dos principales potencias tecnológicas tiene implicaciones directas. La dependencia de infraestructura digital, semiconductores y servicios de nube provenientes tanto de Estados Unidos como de China obliga a los países latinoamericanos a moverse con cautela ante las disputas regulatorias, en un contexto donde el Congreso de la Unión y otras legislaturas de la región apenas comienzan a discutir marcos normativos propios para la inteligencia artificial, todavía sin un capítulo específico en la legislación mexicana vigente.
De cara a los próximos meses, no existe hasta ahora un mecanismo formal de arbitraje bilateral específico para disputas de propiedad intelectual en inteligencia artificial entre Estados Unidos y China, por lo que la controversia probablemente se mantendrá en el terreno de las declaraciones públicas y la presión diplomática, salvo que Anthropic decida acudir a instancias judiciales estadounidenses o que Washington anuncie restricciones adicionales a la exportación de tecnología hacia Moonshot AI u otras empresas chinas del sector.