Los Ig Nobel, entregados cada año por científicos que a su vez han ganado el Nobel, premian trabajos que primero provocan sorpresa y después invitan a la reflexión. En la edición de 2026, la investigación sobre ropa interior enterrada compartió reconocimiento con otros estudios inusuales, entre ellos uno sobre leche de cucaracha y otro que intentó fijar una definición científica del beso.
A diferencia del protocolo solemne de los Nobel tradicionales, la gala exige a los investigadores premiados explicar sus hallazgos en formatos breves y con tono desenfadado, sin que ello reste rigor a la metodología de cada trabajo.
El diseño experimental fue sencillo: tras dos meses enterradas, las prendas de algodón fueron desenterradas, fotografiadas y enviadas junto con muestras de tierra a un laboratorio. Cuanto más rápido se descomponía el tejido, mayor era la actividad de lombrices, hongos y bacterias responsables de degradar la materia orgánica en ese suelo.
Los resultados mostraron diferencias marcadas según el tipo de terreno. En jardines privados, con mayor materia orgánica y condiciones más favorables para la vida microbiana, la descomposición fue considerablemente más rápida que en céspedes, donde la actividad biológica resultó más baja.
«Nuestros resultados muestran que la forma en que se maneja el suelo puede afectar significativamente tanto la vida como la calidad del suelo», explicó Marcel van der Heijden, profesor de agroecología de la Universidad de Zúrich y colíder del estudio.
El investigador añadió que «un suelo sano y biológicamente activo es crucial para la fertilidad, el ciclo de nutrientes y muchos otros servicios ecosistémicos», con lo que reivindicó la utilidad práctica de un experimento que a primera vista podía parecer solo curioso.
El equipo científico encontró, sin embargo, que una descomposición muy acelerada no siempre es sinónimo de un ecosistema saludable. Franz Bender, colíder del proyecto y responsable de evaluaciones agroecológicas en Agroscope, matizó ese punto con una advertencia sobre los hábitats naturales.
«La descomposición máxima no es deseable en todos los ecosistemas. En hábitats seminaturales como los bosques, los niveles muy altos de nutrientes pueden indicar alteraciones en el equilibrio natural de los nutrientes. En los jardines, también, la rápida descomposición de la ropa interior puede señalar un exceso de suministro de nutrientes», afirmó Bender.
A partir de esos hallazgos, el equipo propuso lo que denominó un «índice de la ropa interior», una herramienta pensada para explicar de forma sencilla al público qué procesos biológicos ocurren bajo la superficie de un terreno, sin necesidad de análisis de laboratorio especializados.
