Pelaya quedó en el centro de la atención de las autoridades de seguridad tras el ataque, en una zona del oriente colombiano donde los drones artillados se han consolidado como herramienta ofensiva de estructuras armadas ilegales contra la fuerza pública, principalmente en corredores vinculados al narcotráfico y la minería ilegal.
La gobernación del Cesar reclamó el envío de equipos antidrones para reforzar la protección de la zona, en momentos en que este tipo de artefactos aparece de forma recurrente en los corredores estratégicos del sur del departamento, limítrofe con el sur de Bolívar y el nororiente de Antioquia, históricamente rutas de economías ilegales.
Las autoridades dispusieron una recompensa de $150 millones para quien entregue información que permita identificar y capturar a los autores del ataque. El ofrecimiento de incentivos económicos es un mecanismo recurrente del Estado colombiano en zonas con presencia de grupos armados, empleado tanto por la Policía Nacional como por el Ministerio de Defensa para estimular la cooperación ciudadana en casos de alto impacto.
El uso de drones como arma ofensiva contra integrantes de la fuerza pública no es un fenómeno nuevo en Colombia. Desde hace varios años, estructuras armadas han adaptado aeronaves comerciales no tripuladas para lanzar cargas explosivas contra bases militares, estaciones de policía y patrullas en zonas rurales, una modalidad identificada en departamentos como Cauca y Norte de Santander, además del propio Cesar.
Unidades del Ejército Nacional y de la Policía se desplegaron en la zona rural de Pelaya tras el ataque para dar con el paradero de los responsables, en un operativo que combina labores de inteligencia militar con la recolección de evidencia técnica sobre los artefactos, un procedimiento habitual dada la dificultad para rastrear el origen de los drones empleados.
El atentado se suma a otros hechos de violencia asociados a actores armados que han marcado la agenda de seguridad durante este año, en un contexto en el que el Gobierno nacional mantiene mesas de negociación y operativos militares simultáneos con distintas estructuras armadas en varias regiones. La modalidad recuerda la ofensiva con drones que grupos disidentes desplegaron en el Cañón del Micay, en el Cauca, uno de los focos de confrontación más intensos de los últimos años.
Las autoridades no han precisado la estructura armada que habría perpetrado el ataque contra los seis uniformados, mientras continúan las labores de identificación de los responsables y la atención médica a los dos policías que permanecen en estado grave.
