El inmueble surgió por una necesidad concreta: tras el incendio de la Arena Nacional en 1937, la lucha libre capitalina se quedó sin sede fija. Salvador Lutteroth González, considerado el padre de la lucha libre mexicana y fundador de la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL, hoy Consejo Mundial de Lucha Libre o CMLL), financió el proyecto con el dinero de un premio de la Lotería Nacional y encargó el diseño al arquitecto Francisco Bullan. El resultado fue un recinto atípico para su época, pensado para maximizar la cercanía del público con el cuadrilátero.
La Coliseo se levantó en pleno corazón de Tepito y la Lagunilla, dos barrios con una identidad popular muy marcada en la capital, lo que explica su segundo apodo, “El Embudo de la Lagunilla”. En sus primeros años, antes de consolidarse como templo de la lucha libre, sirvió también como escenario de peleas de box para los aficionados de la zona. La función inaugural, el 2 de abril de 1943, reunió a figuras de la época como Bobby Bonales, Firpo Segura, Tarzán López y un jovencísimo El Santo, quien con el tiempo se convertiría en el ídolo más reconocible del pancracio mexicano.
La arena fue la casa de la EMLL hasta 1956, año en que la empresa inauguró la Arena México en la colonia Doctores, el recinto que con el tiempo se ganaría el apodo de “México Catedral”. Aun con el traslado de las funciones más grandes al nuevo inmueble, la Coliseo no cerró: se mantuvo activa y, con el paso de las décadas, se ganó fama de semillero de talento antes de que los luchadores llegaran a la arena mayor.
Duelos de El Santo en Perú 77
Por el cuadrilátero de la Coliseo pasaron nombres centrales en la historia del deporte, como la dinastía de los Villanos, Blue Demon y Atlantis. El propio El Santo protagonizó ahí dos momentos determinantes de su carrera: perdió el campeonato ante Tarzán López en la función inaugural y, años después, venció a Black Shadow en una lucha de apuestas que le quitó la máscara a su rival, un duelo que en 1952 superó los 5,400 asientos del recinto. En generaciones más recientes, figuras como Blue Panther y Místico también subieron a ese ring antes de consolidarse en escenarios mayores.
El CMLL sigue siendo propietario del inmueble y responsable de su mantenimiento y operación, de acuerdo con la información publicada en el sitio oficial de la empresa. La arena mantiene funciones de lucha libre los sábados a las 7:30 de la noche, con elenco alternado de la compañía, además de funciones de box los viernes, lo que la sostiene como un espacio activo dentro de la oferta deportiva del Centro Histórico.
La vigencia de la Coliseo contrasta con la proyección mediática que hoy concentra la Arena México, sede de los grandes carteles del CMLL y de eventos internacionales de otras compañías como Triplemanía 34 de la AAA. Mientras aquella capta los reflectores, el Embudo de Perú 77 conserva su función original como escuela de nuevas generaciones de luchadores, un papel que ha desempeñado de forma ininterrumpida desde su apertura en 1943.
