La premisa del libro es poco convencional: comparar la disposición intelectual de dos arquitectos mexicanos del siglo XX con la de las figuras del Renacimiento, época en la que —según se plantea en la presentación— el ser humano pasó a ocupar el centro de la creación y la reflexión, con transformaciones en la política, el pensamiento y las relaciones humanas que aún interpelan a quien recorre Florencia o Atenas. El texto invoca también a Cristóbal Colón y a los viajes de Marco Polo como antecedentes remotos de la globalización, apoyándose en Los conquistadores, de Jacques Lafaye, publicado en español por Siglo XXI.
González de León, nacido en 1926, perteneció a una generación marcada por la Segunda Guerra Mundial; Leal, nacido en 1956, a la de la posguerra inmediata. Entre ambos median tres décadas, pero la presentación subraya que los separa menos la edad que lo que comparten: una actitud frente al conocimiento que evoca a quienes reunían los saberes acumulados por la humanidad con la audacia de explorar territorios inexplorados.
Quienes lo trataron, según recoge el volumen, describen a González de León como un hombre que conservó hasta sus últimos días una vitalidad ajena al paso de los años, con paso firme y una curiosidad comparable a la de alguien mucho más joven. Seguía de cerca los procesos políticos y sociales de su tiempo: el fin del colonialismo tradicional, la emancipación de las mujeres y las transformaciones de la sociedad, junto con la búsqueda, siempre inconclusa, de la paz.
Esa curiosidad se extendía al arte más exigente de su época. Escuchaba con atención la obra de compositores como Iannis Xenakis, Toru Takemitsu, Georg Friedrich Haas, Arvo Pärt, Mario Lavista y Julio Estrada. En el texto, Leal evoca su cercanía con el arquitecto durante los años en que dirigió el Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México.
La presentación sitúa a ambos arquitectos como testigos de un siglo, el XX, atravesado por dos guerras mundiales y por el estallido de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945, hecho que reveló hasta dónde podía llegar la capacidad autodestructiva de la humanidad. Fue también el siglo en que muchas de las fantasías imaginadas por Julio Verne se volvieron realidad: la televisión, los viajes a la Luna, la telefonía celular, internet, la inteligencia artificial y los vuelos supersónicos modificaron la experiencia del tiempo y del espacio.
El libro se inscribe en una tradición editorial mexicana de diálogos entre creadores que documentan procesos de pensamiento y trayectorias artísticas. En este mismo registro de memoria cultural del siglo XX se inscriben propuestas como los murales de Vlady sobre Trotsky, que pueden verse en la Biblioteca de Hacienda, otra revisión de la huella artística mexicana de la centuria pasada.
Teodoro González de León, autor de obras como el Museo Tamayo, El Colegio de México y la Universidad Pedagógica Nacional, fue una de las figuras centrales de la arquitectura mexicana de la segunda mitad del siglo XX. Las conversaciones reunidas en el volumen que hoy presenta Felipe Leal fijan su mirada sobre un mundo que, según el texto, cambiaba a una velocidad vertiginosa.
