Canadá considera inaceptable la propuesta estadounidense que buscaba condicionar un eventual acuerdo comercial a cambio de evitar los aranceles del 50%, según explicó el propio Carney. "No podemos aceptar" esos términos, señaló el jefe de gobierno, quien añadió que su país "no cederá" ante la escalada arancelaria. El anuncio fija el 8 de septiembre como fecha de entrada en vigor de las represalias, más de dos semanas después de que Washington activara sus propias tarifas, margen que en la práctica deja abierta una ventana para retomar el diálogo, aunque el primer ministro no ofreció detalles sobre eventuales conversaciones futuras.
El diferendo se originó tras el colapso de las conversaciones bilaterales para renovar los términos comerciales, en un contexto en el que Estados Unidos ha empleado los aranceles como herramienta de presión frente a varios de sus socios. La tarifa del 50% confirmada el viernes figura entre las más altas aplicadas a un integrante del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Un choque dentro del T-MEC que interpela a México
Para México, que junto con Canadá y EU forma parte del T-MEC vigente desde 2020, el conflicto entre sus dos socios comerciales resulta especialmente sensible. El tratado establece mecanismos de resolución de controversias y paneles arbitrales que las partes pueden invocar ante desacuerdos tarifarios, aunque su aplicación práctica ha sido limitada en disputas de esta magnitud. El acuerdo está sujeto además a una revisión conjunta programada para 2026, en la que las tres naciones deben decidir si lo extienden por otros 16 años.
El sector lácteo canadiense, protegido históricamente por un sistema de cuotas y aranceles que ha sido motivo de fricción en negociaciones previas —incluidas las del propio T-MEC durante el primer gobierno de Donald Trump, entre 2017 y 2020—, figura entre los más sensibles políticamente en Canadá. El acero, por su parte, ya había sido objeto de aranceles estadounidenses en 2018, cuando Washington invocó razones de seguridad nacional para gravar las importaciones metalúrgicas canadienses, mexicanas y de otros países.
Aquel precedente de 2018 se resolvió mediante negociaciones que llevaron a la eliminación de esos aranceles en mayo de 2019, como condición para la ratificación del tratado por los congresos de los tres países. La disputa actual, sin embargo, se desarrolla en un escenario distinto: con el T-MEC ya en vigor y con la revisión trilateral en el horizonte, lo que eleva el peso político de cualquier represalia cruzada entre socios.
El gobierno de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, no ha emitido hasta el momento una postura pública sobre el conflicto entre Canadá y Estados Unidos. Analistas señalan que la disputa podría incidir en el tono de la revisión trilateral prevista para este año, en particular porque México también ha enfrentado amenazas arancelarias por parte de la administración estadounidense en meses recientes.
La secretaría de Economía mexicana ha sostenido en ocasiones anteriores que cualquier medida arancelaria unilateral entre los socios del tratado debe apegarse a los mecanismos previstos en el propio acuerdo, evitando que las controversias deriven en represalias fuera del marco institucional trilateral. Esa posición cobra relevancia justo cuando la disputa entre sus dos socios amenaza con instalar la represalia como método de negociación.
Desde Washington, la administración estadounidense no ha respondido públicamente al anuncio de Carney, aunque el fracaso de las negociaciones del viernes fue confirmado por ambas partes. La postura oficial de la Casa Blanca ha sido que los aranceles buscan corregir desequilibrios comerciales históricos con Canadá, argumento que Ottawa ha rechazado al señalar que la balanza bilateral incluye sectores estratégicos como energía y manufactura, donde Canadá mantiene relaciones de suministro de largo plazo con Estados Unidos.
La disputa se produce en medio de una tensión comercial más amplia impulsada por la administración estadounidense actual, que ha aplicado aranceles a distintos socios como parte de su política económica. Ese entorno ha generado incertidumbre entre los inversionistas de la región de América del Norte, incluido México, cuya economía depende en gran medida del comercio exterior con Estados Unidos.
De cara a los próximos días, negociadores y mercados de ambos países observarán si se reabren los canales de diálogo antes del 8 de septiembre, fecha en la que Canadá tiene previsto activar sus aranceles de represalia. La evolución del diferendo podría marcar la pauta de la revisión conjunta del T-MEC, un proceso en el que México tiene interés directo como tercer socio del bloque comercial norteamericano.