Según explicó Restrepo, cada revolución tecnológica ha estado acompañada de la misma reacción de recelo ante el cambio. La mecanización, la electricidad, la computación y la automatización modificaron la forma en que las sociedades producen y trabajan, y dieron paso a nuevas capacidades humanas. Hoy, argumentó, la inteligencia artificial, la robótica y los datos abren una nueva etapa cuyo eje no debería ser la competencia entre personas y máquinas.
El directivo citó explícitamente el modelo japonés como referencia. "Los japoneses plantean precisamente dejar de competir con las máquinas, dejar de verlas como un enemigo y centrar todos aquellos desarrollos tecnológicos en las personas", afirmó, en alusión a la denominada Sociedad 5.0, un concepto impulsado por Japón que busca poner la tecnología al servicio de las personas y resolver problemas sociales mediante la innovación.
Ese enfoque dialoga, según planteó Restrepo, con la Industria 5.0, un marco promovido por la Comisión Europea que propone superar la lógica exclusivamente productiva de la robotización industrial para incorporar variables de sostenibilidad ambiental y bienestar del talento humano. Ambos conceptos comparten un mismo diagnóstico: la etapa anterior, centrada en la automatización y los datos, relegó la dimensión social del desarrollo tecnológico, y ese es el vacío que las nuevas propuestas buscan llenar.
"Las tecnologías no solamente se usan para aumentar la productividad de las industrias, sino para resolver problemas básicos de salud, de educación e inclusive de empleabilidad", sostuvo el director ejecutivo, al insistir en que la innovación debe tener un enfoque social explícito y no derivarse únicamente de la lógica del mercado.
El planteamiento se inscribe en un debate de larga data en Colombia, donde el temor a la sustitución de empleos por la automatización ha reaparecido con cada salto tecnológico. La preocupación no es nueva en la historia económica del país: la modernización industrial de las décadas centrales del siglo XX, con la llegada de maquinaria a sectores como el textil en Antioquia, ya despertó tensiones sobre el futuro del trabajo manual, un patrón que Restrepo enmarca dentro del ciclo de resistencia, adaptación y progreso.
Universidad, empresa y Estado como eje del modelo
Rotorr-Motor de Innovación plantea como eje central de su trabajo la articulación entre universidad, empresa y Estado, para que las ideas puedan convertirse en soluciones aplicadas. "La base es la resiliencia y la sostenibilidad; buscamos que desde la industria trascendamos a la sociedad", explicó Restrepo, quien subrayó que el valor de una tecnología se mide por su capacidad de salir de los laboratorios y responder a necesidades concretas de las comunidades, más allá de las métricas de rentabilidad empresarial.
Esa articulación, sostuvo, exige reconocer los desafíos sociales, ambientales y productivos de cada territorio y construir soluciones que mejoren la calidad de vida. La tecnología, según su argumento, adquiere mayor valor cuando logra dejar de ser un desarrollo confinado a los centros de investigación para responder a realidades reales de las poblaciones.
El directivo abordó también la dimensión cultural del proceso innovador. "Necesitamos aprender a equivocarnos, a levantarnos, a entender que el error hace parte del proceso de innovación", señaló, en un llamado a transformar lo que describió como una cultura orientada a la búsqueda de la perfección. Para Restrepo, la capacidad de experimentar, aprender y corregir será una de las habilidades más importantes para enfrentar los cambios del futuro.
Restrepo insistió en que las soluciones tecnológicas no pueden diseñarse exclusivamente desde los escritorios o los centros de investigación, sino que deben partir del reconocimiento del conocimiento que ya existe en las comunidades y de sus realidades sociales y ambientales. Ese punto conecta con una discusión recurrente en el país sobre la desigualdad en el acceso a la conectividad entre las grandes ciudades y las regiones apartadas, un factor que condiciona el alcance de cualquier estrategia de innovación con vocación territorial.
El énfasis en un enfoque social de la tecnología llega en un contexto en el que la inteligencia artificial ha ganado espacio en la agenda pública colombiana, con debates sobre marcos regulatorios para su uso en sectores como la administración de justicia, la salud y la seguridad. La discusión sobre cómo integrar estas herramientas sin desconocer sus riesgos permanece abierta, tanto en el ámbito institucional como en el empresarial.
De cara a los próximos meses, el reto que plantea Rotorr-Motor de Innovación es traducir estos planteamientos conceptuales en políticas concretas de inversión, formación de talento y articulación entre actores. Según el diagnóstico de Restrepo, que la innovación tecnológica en el país se oriente hacia objetivos de bienestar social, y no solo de productividad, dependerá de la capacidad de conectar universidad, empresa y Estado, condición que señaló como necesaria para el cambio.
