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Irán mantiene cerrado Ormuz pese al acuerdo provisional con EE. UU.

Teherán condicionaría la reapertura del estrecho al cumplimiento por Washington del memorándum del 17 de junio, según lo trascendido.

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Irán habría reiterado que el estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que transita buena parte del petróleo y el gas licuado del mundo, permanecerá cerrado hasta que EE. UU. cumpla lo pactado en el memorándum de entendimiento suscrito el 17 de junio de 2026. Según la información disponible, ese acuerdo provisional se habría deteriorado con rapidez por una disputa sobre el control efectivo del paso, ubicado entre Irán y Omán, corredor obligado de los buques petroleros hacia el golfo Pérsico.

El estrecho de Ormuz, de unos 33 kilómetros de ancho en su punto más angosto, es uno de los llamados "puntos de estrangulamiento" más vigilados del planeta. Por sus aguas circula, según estimaciones de la Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA), cerca de una quinta parte del petróleo consumido en el mundo, lo que convierte cualquier amenaza de bloqueo en un asunto de seguridad energética global y no en una simple fricción bilateral entre Teherán y Washington.

El memorándum al que alude la disputa habría sido alcanzado el 17 de junio de 2026, en un contexto de máxima tensión regional tras meses de fricciones militares y diplomáticas. Según lo trascendido, el documento habría contemplado condiciones sobre el tránsito marítimo y la presencia naval en la zona, pero su cumplimiento se habría estancado casi de inmediato por diferencias sobre quién ejerce el control operativo del corredor. Teherán sostendría que el cierre continuará vigente como medida de presión hasta que Washington satisfaga los términos pactados. Desde Washington no se ha conocido hasta el momento una respuesta oficial detallada sobre las exigencias iraníes ni sobre las condiciones para levantar el bloqueo, lo que mantiene la incertidumbre sobre el alcance real y la duración de la medida.

Un pulso recurrente desde 1979

El conflicto en torno a Ormuz no es nuevo. Irán ha amenazado con cerrar el estrecho en múltiples ocasiones desde la Revolución islámica de 1979, sobre todo en episodios de sanciones severas o de escalada militar con EE. UU. y sus aliados regionales. La llamada guerra de los petroleros, durante el conflicto Irán-Irak en la década de 1980, y las tensiones de 2019 tras ataques a buques comerciales en la zona ilustran la recurrencia de estos episodios. La postura actual se inscribe en una estrategia histórica de Teherán de usar Ormuz como instrumento de negociación geopolítica, aprovechando su control sobre buena parte de la ribera norte del golfo Pérsico.

Los intereses en juego trascienden lo bilateral. EE. UU. mantiene presencia naval permanente en la región a través de la Quinta Flota, con sede en Baréin, y cuenta con el respaldo de aliados como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, países que también dependen del tránsito seguro por Ormuz para colocar su producción en mercados internacionales. Irán, por su parte, ha buscado estrechar vínculos con Rusia y China como contrapeso a las sanciones impuestas por Washington desde la salida estadounidense del acuerdo nuclear en 2018.

Naciones Unidas y organismos como la Organización Marítima Internacional han expresado en el pasado su preocupación por la libertad de navegación en Ormuz, invocando la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar), que garantiza el paso por estrechos utilizados para la navegación internacional. Ni Irán ni EE. UU. han mostrado, sin embargo, disposición a someter la disputa a arbitraje multilateral, y han privilegiado la negociación directa o la presión unilateral.

Qué se juega Colombia si sube el barril

Para una economía exportadora de crudo como la colombiana, cualquier alteración prolongada del suministro global desde el golfo Pérsico puede traducirse en variaciones del precio internacional del barril, con efectos sobre el tipo de cambio del peso frente al dólar y sobre las cuentas del Presupuesto General de la Nación, que incorpora ingresos petroleros en sus proyecciones. Analistas del mercado energético han señalado que anuncios de este tipo, aun sin materializarse en un cierre efectivo del tránsito, suelen generar volatilidad en las referencias Brent y West Texas Intermediate (WTI), que inciden en el precio de los combustibles en el país a través de la fórmula de paridad de importación que administra el Ministerio de Minas y Energía.

Para el Gobierno nacional, un repunte sostenido de los precios del petróleo tendría un efecto ambivalente: mayores ingresos por regalías y por los dividendos del Grupo Ecopetrol, de mayoría estatal, frente a una mayor presión inflacionaria sobre el costo interno de los combustibles, asunto que ya ha motivado debates de control político en el Congreso de la República. El Banco de la República, como autoridad monetaria, vigila estos choques externos al definir su política de tasas de interés, pues una escalada del crudo puede trasladarse a la inflación doméstica y afectar las metas del esquema de inflación objetivo vigente desde hace más de dos décadas.

En el plano diplomático no se ha confirmado una fecha para una eventual ronda de negociaciones directa entre representantes de Teherán y Washington que permita destrabar el cumplimiento del memorándum del 17 de junio. Mientras tanto, la comunidad naviera internacional continuará monitoreando el estrecho para evaluar riesgos de aseguramiento y rutas alternativas. La evolución de esta disputa será seguida con atención por los mercados energéticos y, en particular, por economías exportadoras como la colombiana, para las cuales cualquier variación abrupta del precio internacional del crudo repercute sobre las cuentas fiscales y la estabilidad cambiaria en los próximos meses.

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