El resultado enfrentó, en la misma orilla, a dos sectores que durante los últimos años se disputaron el control del debate político: el Centro Democrático, partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, y las bancadas afines al gobierno saliente de Gustavo Petro. Ambas colectividades, las dos más grandes del Congreso, festejaron con aplausos en la plenaria tras conocerse el triunfo de Henríquez, según el relato de lo ocurrido el lunes en el Capitolio Nacional.
La maniobra reprodujo una fórmula habitual en la historia reciente del Congreso colombiano: la elección de las mesas directivas de Senado y Cámara suele depender de coaliciones cambiantes, alejadas de la disciplina de partido, en las que confluyen intereses regionales, personales y electorales antes que ideológicos. Tradicionalmente, un aliado del presidente es elegido como máxima autoridad del Senado para garantizar la aprobación de sus primeras propuestas, patrón que la votación del lunes rompió al imponerse el candidato uribista sobre el alfil del mandatario electo.
El senador Iván Cepeda, quien perdió la segunda vuelta presidencial del 21 de junio de 2026 frente a De la Espriella, calificó el resultado en la red social X como la «Primera derrota de De la Espriella», en un mensaje que reflejó la lectura de sectores de izquierda derrotados en las urnas pero con capacidad de incidencia en la nueva correlación de fuerzas del Legislativo.
De la Espriella, abogado de 47 años y sin partido propio, llegó a disputar la Presidencia con un discurso antisistema y deberá ahora tejer alianzas congresista por congresista para sacar adelante su agenda. Entre sus principales banderas figuran una reducción del 40% en el tamaño del Estado, una ofensiva militar más agresiva contra las estructuras del narcotráfico y el desmonte de la Justicia Especial para la Paz (JEP), el tribunal transicional creado tras el acuerdo de paz de 2016 con la antigua guerrilla de las Farc.
El mandatario electo ha advertido que recurrirá a decretos si el Congreso bloquea sus reformas, una vía que la Constitución colombiana reserva para estados de excepción o para facultades extraordinarias expresamente concedidas por el Legislativo, y que en el pasado ha sido objeto de control por parte de la Corte Constitucional cuando se ha empleado para eludir el trámite legislativo ordinario.
Horas antes de la votación en el Senado, De la Espriella presenció en Medellín un desfile militar con unos 5.000 uniformados, un bastión de la derecha en el que reiteró su admiración por las fuerzas de orden en un país con más de seis décadas de conflicto armado. «Seré el primer defensor de nuestros policías y soldados», dijo ante las tropas.
La versión del Centro Democrático sobre el 20 de julio
En paralelo a la disputa por la mesa directiva, el director del Centro Democrático, Gabriel Vallejo, difundió un video dirigido a la opinión pública para explicar la actuación de su bancada durante la sesión de instalación. Vallejo afirmó que los 47 congresistas del partido acordaron que fuera el senador Andrés Forero quien interviniera en nombre de la colectividad el 20 de julio, con una intervención que describió como «con respeto, franca y con contundencia» frente a las discrepancias con el gobierno de Gustavo Petro.
El dirigente aseguró que la oposición ejercida por su partido «siempre ha sido institucional con argumentos», y que «jamás ha sido mediante shows que destruyen la democracia». Sus palabras se produjeron en medio de versiones difundidas en redes sociales sobre supuestos chats internos que atribuirían a Vallejo la instrucción de no atacar al petrismo durante la sesión. El director del uribismo no hizo énfasis en el contenido de esos mensajes, cuya autenticidad no ha sido confirmada por ninguna instancia oficial.
La controversia se produce en un momento de recomposición de alianzas dentro del propio Congreso, en el que el uribismo —que en los últimos días tomó distancia del gobierno electo— busca definir su papel frente a un mandatario entrante que no surgió de sus filas pero con el que comparte, al menos por ahora, resistencia a la agenda de De la Espriella.
La Contraloría, el próximo pulso del nuevo Congreso
La atención se traslada ahora a la elección del contralor general de la República, prevista para el 12 de agosto de 2026, apenas cinco días después de la posesión presidencial. El cargo, elegido por el Congreso en pleno, tiene a su cargo la vigilancia fiscal de los recursos del Estado y suele ser objeto de intensas negociaciones políticas por su capacidad de investigar el manejo del Presupuesto General de la Nación. La incógnita que circula en la opinión política es si la coalición inesperada entre uribismo y petrismo que definió la presidencia del Senado se repetirá para nombrar al guardián de los recursos públicos.
El precedente inmediato de la mesa directiva sugiere que ninguna bancada por sí sola tiene hoy la fuerza suficiente para imponer su candidato sin negociar. El propio Centro Democrático deberá decidir si mantiene la distancia frente al gobierno electo que mostró el lunes o si busca recomponer puentes antes de la posesión del 7 de agosto, un dilema que puede condicionar los primeros meses del nuevo cuatrienio legislativo.
Con el Senado y la Cámara ya instalados por un periodo de cuatro años, el calendario institucional colombiano entra en una fase decisiva: a la elección del contralor le seguirán los primeros debates de control político al nuevo gabinete y la radicación de los proyectos de reforma anunciados por De la Espriella, cuya suerte dependerá en buena medida de si el presidente electo logra revertir el resultado adverso del 20 de julio.
