Bolsonaro, que según el boletín oficial recibió el respaldo de más de 56 millones de electores, fundamentó su discurso en la idea de ruptura con el ciclo iniciado por el Partido de los Trabajadores en el poder. Acusó a la gestión progresista de dejar como saldo un "récord de mujeres asesinadas, brasileños endeudados, altos impuestos, desesperanza y empresas cerradas", una enumeración con la que buscó resumir doce años de gobiernos petistas en clave de fracaso social y económico.
"La palabra es cambio, Brasil no aguanta más (.). Está decretado el fin de la era del PT", proclamó Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal, en su comparecencia de este domingo.
El candidato adelantó además una de las líneas más sensibles de su eventual gobierno: la relación con el Poder Judicial. Bolsonaro anunció que, de resultar electo, propondrá al menos cuatro jueces para el Supremo Tribunal Federal que "no intenten interferir en las elecciones", una formulación que remite a la tensión entre el bolsonarismo y la Corte desde el mandato de Jair Bolsonaro, condenado e inhabilitado tras el intento de golpe de enero de 2023 que motivó la candidatura de su hijo.
Acusación sobre 350.000 millones de reales
En el terreno de las cifras, Bolsonaro acusó a Lula de haber gastado "más de 350.000 millones de reales para intentar vencer a la democracia", sin que el material disponible permita precisar a qué partidas específicas se refería. El señalamiento se sumó a un ataque personal: reprochó a su rival estar "preocupado por el poder" tras siete postulaciones presidenciales desde su primera candidatura en 1989, y prometió como contraste "poner fin a la reelección", comprometiéndose a un único mandato.
Lula da Silva, que admitió que esperaba ganar en primera vuelta, optó por una retórica deportiva para explicar el resultado. "Soy muy bueno en las eliminatorias, en el cara a cara", afirmó, calificando la segunda vuelta como "la hora de la verdad" para contrastar los dos proyectos de país. El mandatario, que ya gobernó Brasil entre 2003 y 2010 y regresó al poder en enero de 2023, contrapuso su trayectoria y la de su vicepresidente, Geraldo Alckmin, exgobernador de Sao Paulo, frente a lo que describió como ausencia de horizonte en la propuesta de su rival.
El eje más duro de la intervención de Lula apuntó al entorno familiar de su contrincante. El presidente denunció una "biografía tenebrosa" con "sospechas gravísimas" vinculadas al "crimen organizado, los asesinatos en Río de Janeiro" y el caso de corrupción del Banco Master, una entidad financiera brasileña investigada por presuntas irregularidades. Lula advirtió que esos elementos quedarán al descubierto durante las tres semanas de campaña que restan.
"Todo eso quedará claro", advirtió Lula da Silva sobre los vínculos del entorno de Flávio Bolsonaro con el crimen organizado y el caso Banco Master.
En el plano programático, Lula detalló compromisos centrados en educación y salud: inversión en la red de institutos federales y universidades públicas, universalización de la ayuda económica a estudiantes y extensión de las escuelas de tiempo completo en todo el territorio. A ello sumó un plan de reindustrialización dotado con cerca de 725.000 millones de reales, con énfasis en la industria farmacéutica y el fortalecimiento del Sistema Único de Salud, el sistema público de salud brasileño.
Frente a las críticas sobre su manejo económico, el mandatario reivindicó lo que llamó su "autoridad moral", recordando que durante sus primeros gobiernos Brasil fue "el único país del G20 en lograr superávit primario" y obtuvo el grado de inversión de las calificadoras internacionales. Garantizó además continuidad en la responsabilidad fiscal, descartando recortes que, según dijo, pudieran "perjudicar a las personas pobres".
El llamado a los 33 millones de abstencionistas
La primera vuelta registró una participación de 78,92 %, con 1,84 % de votos en blanco y 2,93 % de sufragios nulos, según el boletín oficial citado en las comparecencias. En Brasil el voto es obligatorio para los ciudadanos de entre 18 y 70 años y opcional a partir de los 16, un marco que explica por qué ambos candidatos dirigieron parte de su discurso a los más de 33 millones de electores que no acudieron a las urnas. Lula fue explícito en ese llamado: "El partido va a comenzar, estamos en la prórroga", dijo, instando a la movilización para frenar a los "bolsonaristas".
La polarización entre el proyecto petista y el bolsonarismo no es inédita en la historia reciente brasileña: la disputa recuerda el enfrentamiento de 2022, cuando Lula derrotó a Jair Bolsonaro en segunda vuelta por un margen inferior a dos puntos porcentuales, el resultado más ajustado desde la redemocratización de 1985. La contienda actual, con Flávio Bolsonaro como heredero político de su padre inhabilitado, reedita esa confrontación con una diferencia aún más estrecha en primera vuelta.
El pulso entre liderazgos nacionalistas y poderes judiciales se repite en otras latitudes, donde ha derivado en litigios sobre el control de medios y la independencia institucional, como el que mantiene la Casa Blanca con una cadena de noticias en EE. UU., según se detalla en la demanda de Washington para restaurar el veto de CNN.
La segunda vuelta quedó fijada para el 25 de octubre. "El partido va a comenzar, estamos en la prórroga", resumió Lula da Silva al cierre de su comparecencia, mientras Flávio Bolsonaro insistía en que "está decretado el fin de la era del PT".
