Según el texto difundido por la cancillería nipona, Motegi abrió la reunión expresando condolencias y solidaridad por el terremoto registrado recientemente en Colombia, y señaló que la visita del ministro Gómez, realizada tan poco tiempo después del cambio de gobierno en Bogotá, era una muestra de que la nueva administración otorga importancia a las relaciones con Japón. Gómez, por su parte, agradeció el apoyo japonés tras el sismo y manifestó, según el mismo comunicado, su «firme deseo de reactivar las negociaciones en curso» del acuerdo con el fin de fortalecer las relaciones bilaterales. Con base en ello, ambos ministros confirmaron que instruirían a sus funcionarios técnicos para «continuar las conversaciones de manera diligente con miras a reactivar las negociaciones».
El Acuerdo de Asociación Económica entre Colombia y Japón es una figura equivalente a un tratado de libre comercio, pero de alcance más amplio: además de aranceles, este tipo de instrumentos suele incluir capítulos de cooperación técnica, transferencia de tecnología e inversión. Las negociaciones formales entre ambos países se iniciaron en 2012 y quedaron suspendidas en la década pasada sin que se hiciera público un motivo oficial de fondo, en medio de cambios de gobierno en ambas capitales y de la prioridad que Bogotá dio en su momento a otros frentes comerciales, como la Alianza del Pacífico.
De acuerdo con lo relatado por el propio ministro Gómez en su cuenta en la red social X, la agenda en Tokio incluyó también una reunión con Toshiro Ino, ministro de Economía, Comercio e Industria de Japón, en la que se avanzó en la hoja de ruta para reactivar y eventualmente concluir el EPA. Gómez describió el eventual acuerdo como «un acuerdo moderno que abra puertas para nuestra agroindustria, la inversión y la transferencia de tecnología», aunque no comunicó plazos concretos ni un cronograma de rondas de negociación.
La otra escala relevante de la gira fue el encuentro con Hiroshi Nanbu, presidente de Business Planning & Operation de Toyota Motor Corporation, con quien el ministro colombiano abordó una relación comercial que, según su relato, supera las cinco décadas. Gómez afirmó que invitó a la automotriz japonesa a expandir su presencia en el país con «ensamble de vehículos híbridos y eléctricos, infraestructura de carga y desarrollo de proveedores locales», y sostuvo que Colombia tiene «el talento, la ubicación estratégica y las condiciones para ser una plataforma regional de producción e inversión». De concretarse, esa apuesta tendría impacto en la industria de ensamble automotor, históricamente concentrada en el Valle del Cauca y en la región de Bogotá-Cundinamarca.
Un socio menor frente a China y Estados Unidos
Japón ha sido tradicionalmente un mercado de destino para el café, las flores y algunos minerales colombianos, mientras que Colombia importa desde ese país vehículos, maquinaria y equipos electrónicos, con Toyota entre las marcas de mayor arraigo en el parque automotor nacional. El intercambio bilateral, sin embargo, resulta modesto frente al volumen que Colombia sostiene con Estados Unidos y China, sus dos socios comerciales de mayor peso. El material oficial divulgado tras la gira no incluyó cifras actualizadas del comercio entre ambos países.
El antecedente más cercano de un acuerdo comercial colombiano de esta envergadura es el Tratado de Libre Comercio con EE. UU., negociado durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez y puesto en vigor en 2012 bajo la presidencia de Juan Manuel Santos, un proceso que tomó varios años de negociación técnica y un intenso debate en el Congreso de la República antes de su aprobación. Ese caso ilustra que la reactivación de conversaciones, como la anunciada esta semana en Tokio, suele ser apenas un primer paso de un trámite que puede extenderse durante años antes de llegar a un texto final susceptible de aprobación legislativa.
En el plano institucional, cualquier acuerdo comercial que Colombia suscriba con un tercer país debe surtir un recorrido que incluye la negociación técnica liderada por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, la firma por parte del presidente de la República y, posteriormente, la aprobación mediante ley de la República en el Congreso, además de la revisión de constitucionalidad automática por parte de la Corte Constitucional antes de que el instrumento pueda ser ratificado internacionalmente. Ese trámite explica por qué, pese al anuncio, el eventual EPA con Japón está todavía lejos de convertirse en norma vigente.
El gobierno de Abelardo De La Espriella, posesionado meses atrás, ha planteado la apertura comercial y la atracción de inversión extranjera como uno de los ejes declarados de su política exterior. En su publicación, Gómez sostuvo que la administración trabaja «para que Colombia vuelva a ser protagonista en el mundo: más empleo, más exportaciones, más crecimiento económico». Ni el comunicado japonés ni los mensajes del ministro precisaron metas cuantificadas de inversión o de aumento de exportaciones asociadas al eventual acuerdo.
Hasta el momento no se ha conocido un cronograma formal de reanudación de las negociaciones del EPA más allá de lo consignado en el comunicado de la cancillería japonesa y en los mensajes difundidos por el propio ministro en redes sociales. Tampoco se ha registrado una posición pública del Congreso de la República sobre el eventual acuerdo, dado que el proceso se encuentra en una etapa preliminar que, por ahora, no requiere intervención legislativa.
De confirmarse el relanzamiento formal de las conversaciones, el siguiente paso previsible sería la instalación de rondas técnicas entre delegaciones de ambos países para definir el alcance de los capítulos arancelarios, de inversión y de cooperación tecnológica. Ambos ministros dejaron en manos de sus funcionarios técnicos la tarea de retomar el diálogo, sin que existan a la fecha términos oficiales sobre cuándo podría cerrarse una eventual negociación.
