El infectólogo y epidemiólogo Julio Croda, de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), profesor asociado de Medicina Interna de la Universidad Federal de Mato Grosso del Sur y profesor asociado adjunto de Epidemiología en la Escuela de Salud Pública de Yale, sostuvo que el cambio climático es uno de los elementos centrales para entender la nueva geografía del dengue. Croda, que dirigió el área de Inmunizaciones y Enfermedades Transmisibles del Ministerio de Salud de Brasil y fue consultor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para emergencias de salud pública, atribuyó buena parte de lo ocurrido en los últimos años, y particularmente en 2024, al impacto del calentamiento. “Hemos tenido un aumento de la temperatura, especialmente en algunas regiones y ciudades que en el pasado no tenían temperaturas tan altas y que ahora las tienen durante periodos prolongados”, aseguró en declaraciones recogidas por el medio que difundió la entrevista.
El especialista advirtió que el fenómeno no se explica solo por la temperatura. La urbanización, las condiciones socioeconómicas de las poblaciones más vulnerables y, sobre todo, las dificultades en el acceso al agua configuran un escenario propicio para la proliferación del mosquito Aedes aegypti, principal vector de la enfermedad. “Cuando hay dificultades en el acceso al agua, esto lleva a que la población cree nuevos reservorios, y estas son buenas condiciones para la proliferación de los mosquitos”, señaló Croda, quien agregó: “La población más pobre siempre es la más afectada”. Cuando las comunidades no cuentan con suministro constante, tienden a almacenar agua en recipientes que terminan convirtiéndose en criaderos.
Cuatro serotipos y una inmunidad que cambia
El comportamiento del dengue en Colombia se enmarca en una dinámica más amplia que afecta a buena parte de América Latina y el Caribe. Existen cuatro serotipos del virus y su circulación varía con el tiempo: según Croda, en 2023 predominó inicialmente el serotipo 1, durante 2024 se produjo un giro hacia el serotipo 2 y posteriormente comenzó a registrarse la circulación del serotipo 3. El epidemiólogo explicó que la clave no está en determinar cuál serotipo resulta más agresivo, sino en el nivel de inmunidad que conserva cada población frente a cada uno de ellos.
“Es la población la que tiene inmunidad frente a un serotipo específico, y esta inmunidad disminuye con el tiempo si ese serotipo no circula mucho”, explicó Croda. Esa pérdida de inmunidad colectiva abre, a su juicio, una ventana para que serotipos ausentes durante años vuelvan a circular con fuerza, con más casos y más hospitalizaciones. El fenómeno resulta particularmente delicado en territorios sin circulación histórica relevante: Croda citó el caso de São Paulo como ejemplo de un territorio con baja inmunidad poblacional frente al virus.
El INS es la entidad encargada de la vigilancia epidemiológica del dengue en Colombia y de reportar semanalmente los casos confirmados, probables y las muertes asociadas. El país tiene una larga historia de brotes cíclicos, con picos que suelen intensificarse en los primeros meses del año y que históricamente se han asociado a los episodios de El Niño, cuando el aumento de temperaturas y la reducción de lluvias generan condiciones favorables para el mosquito. La epidemia de 2019 y la de 2010, esta última una de las mayores registradas en el país con centenares de miles de casos notificados, quedaron como precedentes de temporadas excepcionales que desbordaron la capacidad de respuesta de varias entidades territoriales.
El sistema de salud colombiano, estructurado bajo el régimen de Seguridad Social en Salud definido en la Ley 100 de 1993, contempla la notificación obligatoria de los casos sospechosos y confirmados al Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública (Sivigila), administrado por el INS. Esa obligación busca permitir una respuesta temprana ante brotes y coordinar al Ministerio de Salud y Protección Social, las secretarías departamentales y municipales de salud y las entidades territoriales responsables de la fumigación y el control vectorial.
La vacunación se ha consolidado como una de las herramientas de prevención en discusión en la región. Croda precisó que los ensayos clínicos de las vacunas están diseñados para evaluar su eficacia frente a los cuatro serotipos, aunque persisten preguntas abiertas sobre su desempeño según los distintos niveles de exposición previa de las poblaciones. El especialista subrayó que ninguna vacuna sustituye las estrategias tradicionales de control del vector, como la eliminación de criaderos y el fortalecimiento del acceso al agua en las comunidades más vulnerables.
El Latam Dengue Forum, realizado en Cartagena, buscó trasladar estas discusiones científicas a la práctica sanitaria. El encuentro reunió a expertos, científicos y autoridades de salud de distintos países de América Latina en un momento en que la enfermedad ha dejado de ser un problema estacional confinado a determinadas zonas para convertirse en un desafío estructural para los sistemas de salud pública, que deben ajustar sus capacidades de respuesta ante una transmisión cada vez más extendida en el tiempo y en el territorio.
Hasta el momento, las autoridades sanitarias colombianas no se han pronunciado sobre medidas adicionales específicas derivadas de las conclusiones del foro de Cartagena. El Ministerio de Salud y Protección Social mantiene activos los protocolos habituales de control vectorial y vigilancia epidemiológica en los departamentos con mayor incidencia histórica del dengue, entre ellos regiones cálidas del Tolima, el Huila, el Valle del Cauca y la costa Caribe.
De cara a los próximos meses, la atención de los epidemiólogos estará puesta en la evolución de la circulación de serotipos y en si las temperaturas del resto de 2026 mantienen el patrón de calor prolongado descrito por Croda. El INS continuará publicando sus reportes semanales de Sivigila, referencia oficial para determinar si la cifra de más de 70.452 casos acumulados hasta la tercera semana de agosto termina configurando una temporada excepcional o se mantiene dentro de los rangos observados en brotes anteriores.
